Los días de doña Damaris Umaña Segura transcurren entre baños, alimentación, cambios de posición y cuidados constantes para su nieta, Clara Camille Real, de 17 años, quien depende de ella para sus necesidades diarias.
Antes de la tragedia, Clara era una muchacha llena de ilusiones. Soñaba con comenzar el colegio, ya estaba matriculada y anhelaba conseguir un trabajo para ayudar a la mujer que la crió desde que era una bebé.
“Mami, cuando yo esté grande y ya tenga mi trabajo, a usted no le va a faltar nada”, le decía la joven.
Doña Damaris recuerda que, cuando hablaban del futuro, ella le bromeaba con que algún día se casaría y se iría de la casa. Clara siempre le respondía lo mismo.
“No, mami, yo nunca te voy a dejar, mamita. Siempre vas a andar y estar conmigo”, recuerda la abuela que le contestaba su nieta.
Hoy, aquellas palabras tienen un significado especial para esta mujer, que ha dedicado buena parte de su vida a cuidar a su nieta.
Un accidente de tránsito que cambió sus vidas
El 17 de enero de 2021, cuando Clara tenía 13 años, sufrió un atropello en Limón. Según la información aportada por la familia, el conductor involucrado huía mientras evadía un control policial.
La joven estaba con su papá cuando intentaron cruzar una calle y ocurrió la tragedia.
Damaris no estaba presente en ese momento. Sin embargo, recuerda que su nieta fue trasladada al Hospital Tony Facio, en Limón, y posteriormente al Hospital Rafael Ángel Calderón Guardia, en San José, donde recibió atención médica.
Las lesiones fueron tan graves que la joven estuvo al borde de la muerte.
La epicrisis médica señala que Clara sufrió un traumatismo craneoencefálico severo, con un hematoma subdural en el lado derecho de la cabeza y una hemorragia subaracnoidea traumática. Debido a la gravedad de las lesiones, requirió una cirugía para aliviar la presión dentro del cráneo y drenar el hematoma.
El documento también registra tetraparesia espástica, trastornos del movimiento y dependencia severa para las actividades de la vida diaria. Además, la joven recibe alimentación mediante una sonda de gastrostomía, conocida como PEG.
La familia presentó una denuncia para buscar justicia por el accidente, pero, según contó Damaris, el caso terminó cerrándose.
“Eso lo dejamos en manos de Dios porque sí ha sido muy duro y difícil ver a mi nieta tan malita”, dijo la abuelita.
Los sueños que quedaron en pausa
Antes del accidente, Clara estaba a punto de iniciar una nueva etapa. Ya había realizado la matrícula para ingresar al colegio y hablaba con entusiasmo de sus planes.
“Ella me decía: ‘Mami, yo me matriculo’. Incluso ya había hecho la matrícula y me decía que el día que fuera al colegio la llevaran”, contó Damaris.
También recuerda cuánto le gustaban los animales, especialmente los perros y los gatos. Eran parte de la vida de una muchacha con muchos sueños por cumplir.
La abuela la había criado desde pequeña para que su hija pudiera continuar estudiando. La acompañó durante sus años de escuela y vio cómo se preparaba para comenzar la secundaria.
Después del accidente, todos esos planes quedaron en pausa.
Una abuelita dedicada a cuidar a su nieta
Desde entonces, la rutina de doña Damaris cambió por completo. Ahora debe estar pendiente de Clara todo el día.
“Ella depende de mí para todo”, dijo.
La familia enfrenta dificultades económicas. La abuela cuenta que la cama que utiliza Clara está deteriorada y que el colchón está hundido. Además, movilizarla dentro de la vivienda resulta complicado por las limitaciones de espacio.
Antes, Damaris procuraba obtener ingresos preparando sopas, empanadas y otras comidas que vendía. Sin embargo, las responsabilidades de cuidar a su nieta le han dificultado continuar con esas actividades.
Los pañales para adulto y los artículos necesarios para atenderla representan gastos constantes. También necesitan un colchón adecuado para ayudar a prevenir lesiones.
La esperanza de una abuelita
Al hablar de Clara, doña Damaris no oculta el dolor de recordar a la muchacha que era antes del accidente. Sin embargo, mantiene la esperanza de que su condición mejore.
“Yo tengo la esperanza en Dios de que ella se me levante, que mi chiquita vuelva a ser la misma, aunque todos lo vean imposible”, expresó.
Han pasado más de cinco años desde aquel día que cambió sus vidas.
Si usted desea ayudar a esta abuelita y a su nieta lo puede hacer al sinpe SINPE al 6230-7471, de la Fundación RN que está dando apoyo a la familia.



