Dejar la huella de la mano izquierda en un apagador fue una pista importantísima que llevó a las autoridades hasta el sospechoso de matar a cinco universitarios en una casa del barrio La Victoria, en Liberia.
El sospechoso es un hombre de apellidos Ríos Mairena y 33 años que vivía a 4 metros de los jóvenes. El juicio contra él empezó este lunes en los tribunales de Liberia.
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La huella quedó en la vivienda donde fueron encontrados los jóvenes asesinados.
Así lo informó en su momento, en una conferencia de prensa, el director del OIJ, Wálter Espinoza.
“Eso (la huella) significa que tuvo que ver con ese fluido fisiológico (sangre) que había en el sitio y que de alguna manera mantuvo contacto con los cuerpos o con la sangre”, explicó Espinoza.
Para llegar hasta el hombre, al que agarraron el 3 de febrero del año pasado poco después de las 6 de la mañana, los investigadores también analizaron llamadas y el Internet que usó el sospechoso el día del ataque. Los agentes judiciales hicieron un retrato hablado pocos días después del crimen. Estas evidencias y otras apuntaron siempre hacia Ríos.
Fue clave también el testimonio de la adolescente de 14 años que sobrevivió al crimen.
Todo fue calzando
Vincular a Ríos con el caso también fue posible gracias a una reseña que tenía el OIJ de él.
En ella se encontraba el registro de sus huellas y una foto del tatuaje al lado derecho de la espalda; las autoridades tenían esos datos ya que en el 2011 Ríos había sido condenado por tráfico de drogas.
Los investigadores sabían que el jueves 19 de enero, el día del ataque, el hombre usó una pantaloneta blanca y unas tenis grises.
Durante el allanamiento a su casa, los agentes judiciales encontraron una pantaloneta blanca y unas tenis grises. Todo estaba ya lavado, pero el perro Aquiles (de la K-9) indicó que había rastro de sangre en las piezas.
También fue decomisado un cuchillo de cocina con el que, al parecer, mataron a los jóvenes. Trascendió que este cuchillo seguía siendo usado en la casa para las labores diarias.
Wálter Espinoza dio pocos detalles de los hechos, pero afirmó que las cinco víctimas dormían cuando fueron atacadas en la pura madrugada del día 19.
“Una pareja junto a la menor sobreviviente dormía en un cuarto. Una segunda pareja estaba en otra habitación mientras que una mujer dormía sola en otro dormitorio”, explicó Espinoza.
“De acuerdo con los estudios, el hombre atacó a los estudiantes a la 1:09 de la madrugada y los homicidios ocurrieron entre las 2:10 y 2:49 ”, dijo Espinoza.
Lleno de agresividad
El sospechoso entró a la casa de los estudiantes de forma muy agresiva, les habló fuerte y obligó a uno de los hombres a amarrar a los demás. Esto fue reiterado este lunes por la fiscal Aymee Caravaca en el comienzo del juicio.
“Después comenzó a matar, todos (los crímenes) ocurrieron en un mismo cuarto”, sostuvo Espinoza.
Luego Ríos salió de la casa e incluso se fue hacia Carrillo, en Guanacaste, donde se quedó varios días, pero después regresó a Liberia.
Espinoza dijo que ninguno de los jóvenes pudo defenderse aquella triste madrugada. Eran personas tranquilas que tuvieron al frente a una persona muy agresiva.
Desde los primeros días posteriores al crimen, las autoridades tenían la certeza de que Ríos era el sospechoso y lo siguieron.
Cuando la Policía allanó la casa de Ríos y la de sus abuelos, donde solía pasar tiempo, encontraron al sospechoso escondido debajo de la cama de los viejitos.
La joven que sobrevivió a la masacre lo reconoció como quien los había atacado aquella madrugada.

