Alejandra Portuguez Morales.4 abril

Un folder que guarda y mantiene intacto un volante que dice en grande ‘Se busca’, varios recortes de periódicos de 1998 pegados en cartulina para que no se rompan, una carta y varios salmos son parte del tesoro más valioso para la familia Sáenz Valverde.

Estos documentos les recuerdan los 29 días más agobiantes que soportaron como familia y los que terminaron en milagro, ya que durante esos días Enrique Sáenz Valverde, el hijo mayor del hogar se perdió en una densa montaña en Turrubares, cerca del parque Carara, San José.

Kike, como le dicen de cariño, nació con un retardo y le cuesta hablar, siempre ha expresado las palabras “mami y papi”, su grito “oh, oh” y en los últimos años, después de que desapareció, aprendió a decir las vocales.

El milagro para esta familia comenzó el Jueves Santo del 9 de abril de 1998 a las 10:30 a.m. y lo vieron reflejado también la mañana del jueves 7 de mayo de ese mismo año, luego de que Kike estuviera durante 29 días soportando frío, lluvia y hasta hambre.

Para ese entonces Kike tenía 19 años, dependía, como en la actualidad, de sus padres, el saber cómo logró sobrevivir durante ese tiempo es y será todo un misterio, porque el único que podría detallarlo sería Kike, pero por su problema al hablar es imposible.

Doña Exilia, mamá de Enrique Sáenz Valverde guarda como un tesoro los recuerdos del milagro de su hijo. Foto: Alejandra Portuguez
Doña Exilia, mamá de Enrique Sáenz Valverde guarda como un tesoro los recuerdos del milagro de su hijo. Foto: Alejandra Portuguez

Don Freddy Sáenz, papá de Kike, asegura que aunque su hijo no puede conversar sí entiende cuando le hablan y cuando se está comentando sobre lo que pasó en esa Semana Santa de hace 23 años; él mueve los brazos, la cabeza en negación y trata de decir ‘uy, uy’, recordando el dolor.

Este papá aún llora al recordar esos momentos y le agradece a Dios que su familia sigue completa.

Doña Exilia Valverde, esposa de Freddy y mamá de Kike, asegura que desde el principio tuvieron presentimientos que algo les podía pasar si salían esa Semana Santa, pensaron quedarse en casa, pero al final decidieron ir a una finca que tenía la familia y salieron de Purral de Goicoechea, en donde vivían entonces, ahora viven en San Juan de Dios de Desamparados.

Don Freddy Sáenz, el hijo mayor de la familia Enrique y doña Exilia le agradecen a Dios la oportunidad de seguir unidos. Foto: Alejandra Portuguez
Don Freddy Sáenz, el hijo mayor de la familia Enrique y doña Exilia le agradecen a Dios la oportunidad de seguir unidos. Foto: Alejandra Portuguez
Presagios

Los esposos aseguran que desde pequeños sus respectivas familias les enseñaron a respetar los días santos y no salir a trabajar, menos a vacilar.

“Nosotros siempre le hemos tenido respeto a la Semana Santa, recuerdo que le dije a Freddy que no fuéramos a la finca porque él iba a ir a trabajar y le dije que eran días sagrados, pero Freddy me prometió que no llevaría el machete ni la pala y así fue”, dijo doña Exilia.

El Jueves Santo madrugaron para salir temprano y llegar con calma a la finca que está en Turrubares, en la que tenían sembrado árboles frutales, cuando Freddy se estaba bañando sintió un intenso dolor en el pecho que hasta le sacó las lágrimas.

“Eran las cuatro de la mañana y me empezó un dolor en el corazón, no me dolía físicamente sino que era algo raro y le dije a mi esposa: ‘Negra, vieras que raro’, y comencé a llorar, le dije que presentía que algo iba a pasar, ella me decía que no saliéramos, pero le dije que lo que Dios tenía dispuesto para uno no lo cambiaba nadie”, recordó don Freddy.

Cuando iban de camino, don Freddy volvió a ver a Kike y recuerda la sonrisa que él le dio.

“Le dije, ‘mi amor, ¿verdad que sabes algo va a pasar?, pero solo me sonría’”, mencionó.

De camino, la familia rezó el rosario y llegaron a casa de la mamá de Exilia, en Orotina y al contarle el presentimiento, ella les recomendó no seguir hacia la finca; sin embargo, Freddy insistió en ir, porque la iban a pasar en familia.

El carro en el que iban nunca subía hasta la propiedad, esa vez casi lo logran; sin embargo a pocos metros se bajaron porque el vehículo ya no daba.

Los hijos menores del matrimonio comenzaron a caminar con otros primitos y junto a ellos iba Kike, a quien su mamá le encomendó llevar unas latas de sardinas y una malla de papas; a escasos minutos llegaron los papás a la propiedad y vieron que el único que faltaba era Kike.

“Le pregunté a mi hijo menor que dónde estaba Kike y él me respondió, ‘papi, en aquella vuelta nos dijo adiós’, de un solo dije, ‘Negra, el presentimiento, tiré lo que llevaba y me fui en carrera, llegué hasta una naciente donde siempre recogíamos agua con él, pero ahí no estaba, lo llamé gritando su nombre y nada, no hubo manera de encontrarlo”, narró don Freddy.

Al mediodía de ese Jueves Santo pidieron ayuda a los vecinos, también Freddy caminó hasta un teléfono público para llamar a la Cruz Roja, pero le dijeron que no tenían recursos, que todos estaban en las playas, en el OIJ también le dijeron que debía esperar 48 horas para un rastreo, en ese año no eran muchos los celulares que había.

Los vecinos y familiares sabían lo especial que es Kike y no esperaron a las autoridades, unas 36 personas comenzaron a buscar al muchacho, se dividieron, pero tampoco lo hallaron.

Desde ese momento los papás hicieron volantes y comenzaron a visitar las escuelas desde Turrubares, Orotina hasta Ciudad Colón.

“Nuestra intención era que que los niños llevaran el mensaje a sus casas y así dar más rápido con Kike, pegamos muchos volantes en negocios, postes, donde fuera”, recordó Freddy.

El volante con el que buscaron a Enrique Sáenz Valverde hace 23 años sigue intacto. Foto: Alejandra Portuguez
El volante con el que buscaron a Enrique Sáenz Valverde hace 23 años sigue intacto. Foto: Alejandra Portuguez

Los días comenzaron a pasar y no había respuestas de Kike, los cruzrojistas se unieron a la búsqueda junto con la familia y vecinos.

La familia encontró huellas de animales salvajes, además de una puma con sus cachorros, sabían que había terciopelos, pero seguían sin rastro de Kike, ni una pisada en la tierra que los orientara por dónde estaba.

“A Kike mucha gente lo buscó y Dios los protegió porque a ninguno lo mordió una culebra durante esos rastreos”, expresó don Freddy.

Este papá aún llora al recordar esos momentos angustiantes, en los que no sabían si su hijo estaba vivo o muerto.

“Era muy duro cuando yo subía por el Monte del Aguacate o por Puriscal y ver esa luna, los cerros y no sabía si estaba vivo o muerto, fue muy duro andar las montañas de un lado a otro y que nadie lo encontrara”.

Hechos misteriosos

Durante los días que estuvo perdido a varias personas les sucedieron situaciones misteriosas de las cuales la familia se enteró durante y después de la búsqueda.

“Nosotros lo que creemos es que las aves le llevaban comida, porque estábamos en un grupo de oración y uno de los compañeros de este grupo tuvo una visión con Kike y vio eso, ese compañero me decía ‘Exilia, no se preocupe, el señor muestra que no le va a faltar nada’.

“Nosotros somos creyentes en Dios y por eso entendemos esto, quienes no creen en Dios no lo entenderán”, expresó esta mamá.

Además, una mujer de nombre Socorro Espinoza contactó a don Freddy y a doña Exilia para decirles que en esos días de búsqueda escuchó una voz a las 3 a.m. y de inmediato pensó en Kike.

“Ella estaba cuidando una casa en Puriscal y nos dijo que comenzó hacer la novena de San Martín de Porras pidiendo por nuestro hijo, a tres días de terminarla, dice que le agarró una desesperación y pidió unos caballos prestados para ir a ver una finca que ella alquilaba desde hacía cuatro años”, recordó doña Exilia.

Fue esta misma mujer la que encontró a Kike junto a unos peones, él estaba acostado, con las manos en posición de oración al frente de la cabeza y las piernas cruzadas, las lágrimas le bajaban por los cachetes.

Él estaba frente a una quebrada en Turrubares, a unos 15 kilómetros al sur de Orotina y a 25 kilómetros de donde los papás lo vieron por última vez, fue hallado porque el gritaba “mami y papi” y curiosamente en los bolsillos del pantalón tenía diferentes clases de semillas para pájaros, por lo que la familia cree en la visión que vio el compañero de oración de la familia.

A Kike lo sacaron en un helicóptero de canal 7 y lo llevaron hasta el hospital México.

Enrique Sáenz Valverde se convirtió en un milagro al sobrevivir solo 29 días en las montañas de Turrubares. Foto: Alejandra Portuguez
Enrique Sáenz Valverde se convirtió en un milagro al sobrevivir solo 29 días en las montañas de Turrubares. Foto: Alejandra Portuguez
La Semana Santa es sagrada

“Él apenas nos vio nos dijo ‘pan, pan’, le dije, ‘mi amor, ya casi le damos’, en ese momento nos hincamos a la par de la camilla porque le queríamos dar gracias a Dios, pero el médico que estaba en ese momento nos dijo, ‘¿qué están haciendo ustedes?, están locos, levántense de ahí, sino los saco de aquí’, dejamos la oración, pero nosotros como padres sabíamos lo que estábamos viviendo.

“Es un milagro que él esté aquí, la Semana Santa nos marcó de por vida, son sagradas por la experiencia que vivimos con Kike”, asegura don Freddy.

Ahora la familia no sale en la Semana Mayor, prefiere quedarse en casa y agradecerle a Dios por lo que les da día a día.

A Kike le sacaron doce sanguijuelas de la nariz que se le metieron durante los días que estuvo perdido.

“Kike significa todo para nosotros, pero sabemos que él es prestado, que no es de nosotros”, menciona doña Exilia.

La familia vendió la finca en el 2000, por lo que sufrieron con Kike y no querían volver a vivir semejante angustia.

Este lunes 5 de abril Kike cumplirá 43 años de llevarle felicidad a esta hermosa familia.