Sucesos

Misterioso sable delató al hombre condenado por matar a un estadounidense en San Pedro

Un sable recuperado en un allanamiento conectó al sospechoso con el robo y el homicidio

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Un arma poco común, un carro que apareció quemado, varias pertenencias que pasaron por casas de empeño y una llamada realizada desde el celular de la víctima fueron algunas de las piezas que terminaron conectando a un joven con el asesinato de un estadounidense ocurrido en San Pedro de Montes de Oca.

El crimen ocurrió hace más de dos décadas, pero la investigación guarda detalles propios de las series policiales.

El 4 de enero de 2003, en una casa en el tranquilo barrio La Granja en San Pedro la policía encontró muerto a un hombre estadounidense de 59 años. La víctima, David Brian Kane, quien vivía en Costa Rica, tenía un balazo en la parte trasera de la cabeza.

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Un sable como este fue el robado en la casa del extranjero. Imagen creada con Gemini (cortesía/Cortesía)

La investigación terminó llevando hasta un sujeto de apellido Hernández, quien fue condenado por el homicidio.

El día de los hechos, algo inusual ocurría.

Uno de los vecinos, Kenneth Segura, recuerda que David era un hombre adulto, silencioso, pero amable.

Asesinato con sable
El crimen conmocionó la comunidad (cortesía/cortesía)

“Era muy poco el contacto que tenía con los vecinos; sin embargo, varias veces salíamos a pasear a los perros a la hora en que coincidíamos e intercambiábamos algunas palabras”, dijo.

Segura recuerda que fueron los vecinos quienes dieron la alerta.

La entrada de la casa estaba entreabierta y la situación despertó sospechas entre quienes conocían al extranjero.

“Desde afuera varias veces llamaron para ver si alguien respondía, pues no era normal y era obvio que algo pasaba por lo que se llamó a la Fuerza Pública”, recordó don Kenneth.

Cuando las autoridades ingresaron, encontraron a Kane fallecido.

“Fue muy impactante cuando vimos que llegó la policía y la Cruz Roja, el OIJ y nos dijeron que lo encontraron muerto, que aparentemente había sido un homicidio.

“Él era un hombre que buscaba tener aquí una vida tranquila y segura y se la arrebataron. Recuerdo que los investigadores nos hicieron varias preguntas, pero nadie sabía nada, y en esa época no se habían registrado robos en viviendas cercanas”, indicó.

Asesinato con sable
El carro apareció quemado. (cortesía/cortesía)

Las primeras investigaciones llevaban al OIJ a sospechar que se trataba de un robo. Una fuente judicial, que pidió no ser identificada para este reportaje por el cargo que actualmente ocupa, aseguró que, según lo indagado, faltaban algunas pertenencias en la vivienda.

“Un sable, un televisor, un taladro, un minicomponente, electrodomésticos, todo estaba entre lo robado; además, la víctima tenía un carro 4x4, un Mitsubishi Montero, que tampoco estaba en ese momento en la vivienda”, detalló la fuente.

Otro punto clave para la policía fue que las cerraduras de la casa del gringo no habían sido forzadas en ningún momento. Entonces sospechaban que quien entró era conocido de la víctima.

El Mitsubishi Montero no permaneció mucho tiempo en circulación.

Apareció en Carrizal de Alajuela después de ser utilizado para sacar las pertenencias de la vivienda.

Estaba quemado y sin llantas. El hallazgo agregó otra pieza al expediente. Para los investigadores, seguir la ruta de los objetos sustraídos podía ser una forma de acercarse al responsable.

Y, efectivamente, las pertenencias comenzaron a dejar huellas.

“La investigación permitió saber que Kane tenía una relación con un hombre de apellido Hernández por lo que él se convirtió en uno de los primeros sospechosos. Curiosamente, al momento del hallazgo del cuerpo, él no estaba en la vivienda”, señaló la fuente judicial.

Kenneth contó que este hombre llegaba y con frecuencia se le veía entrar en la casa.

Los investigadores revisaron el recorrido de algunos de los artículos desaparecidos. Varios terminaron en casas de empeño de San José y Desamparados.

La documentación relacionada con esas transacciones permitió seguir el rastro de las pertenencias. Gracias a la descripción de una señora que trabajaba con el extranjero se pudo saber cuáles cosas faltaban en la casa.

“Algunas facturas estaban relacionadas con un hombre de apellido Hernández y una mujer que era su pareja sentimental en ese momento”, dijo.

Los investigadores del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) allanaron una vivienda en Desamparados. Durante dicho operativo, apareció uno de los objetos que habían desaparecido de la casa de Kane: el sable.

El arma no era una pieza cualquiera. Además de parecer casi una obra de arte, tenía características muy particulares que la hacían fácilmente identificable y que, al mismo tiempo, podían convertirse en un problema para cualquiera que intentara venderla.

El sable tenía las letras “EHK” grabadas en el mango y estaba decorado con una especie de pequeñas piedras o perlitas de colores que representaban a cinco países de Centroamérica: Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala.

Además, medía aproximadamente 50 centímetros de largo y tenía incrustaciones de oro en el mango, características que lo convertían en un artículo fino y poco común.

Ese hallazgo permitió a los investigadores tener una prueba para detener a Hernández, pero él no se encontraba en ese sitio, sino que fue arrestado luego, caminando por Guarari, Heredia.

En ese momento, Hernández se enfrentó a los agentes con un cuchillo. Uno de los oficiales resultó herido y el sospechoso intentó escapar por el techo de una vivienda. No obstante, la persecución terminó cuando recibió un disparo en un brazo.

Cuando llegó el momento del juicio, Hernández negó haber sido quien disparó contra Kane.

Su versión era que él había estado en la vivienda del estadounidense el día del crimen, y que otra persona había sido la que había asesinado al estadounidense.

Lo que sí admitió fue su participación en la sustracción de los objetos.

Ese punto era importante porque colocaba a Hernández dentro de la escena del crimen. Lo que estaba en discusión era su responsabilidad directa por el crimen.

El tribunal terminó rechazando su explicación y lo consideró responsable del homicidio calificado y del robo agravado.

Una de las piezas que tuvo peso en esa conclusión fue una llamada telefónica.

El día del homicidio, a las 11:26 de la mañana, desde el teléfono celular de Kane se realizó una llamada a una persona a la que Hernández había señalado durante el proceso como responsable del asesinato.

El detalle generó una contradicción.

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El hombre fue sentenciado. (cortesia/cortesia)

Si Hernández sostenía que esa otra persona había sido quien había matado a Kane, la llamada realizada desde el teléfono de la víctima necesitaba una explicación.

El tribunal consideró que ese elemento debilitaba la versión del acusado.

Cabe mencionar que la investigación no se concentró únicamente en Hernández. Su pareja sentimental en ese momento también fue vinculada al expediente.

La Fiscalía la acusó de favorecimiento personal debido a su presunta participación en la venta de los artículos sustraídos.

Sin embargo, el resultado para ella fue distinto, pues el tribunal la absolvió del delito que le había atribuido la Fiscalía.

El juicio concluyó en mayo de 2004.

Los registros periodísticos de la época señalan que en mayo de 2004 el Tribunal de Juicio del Segundo Circuito Judicial de San José, con sede en Goicoechea, condenó a Hernández a 32 años de prisión por homicidio calificado, robo agravado y resistencia agravada.

Los investigadores encontraron pistas que les permtitió resolver el caso. (GRACIELA SOLIS)

La sentencia estableció 30 años por el homicidio calificado y el robo agravado, mientras que los otros dos años correspondieron a la resistencia agravada ocurrida cuando las autoridades fueron a detenerlo.

Durante años, la espada fue recordada como una de las piezas más singulares del expediente. La sentencia de Hernández termina en el 2027.

Asesinato con sable
Así informaron los medios lo ocurrido. (cortesia/Cortesía)

“A uno jamás se le olvida una cosa así; uno piensa en cómo una persona toma malas decisiones y termina pagando una pena tan larga

“Yo recuerdo que una vecina y yo fuimos al juicio un día a ver; como vecinos queríamos que se hiciera justicia, porque uno el recuerdo que tiene de David es verlo por aquí paseando el perro, y es una imagen que se repite en la cabeza.

“Esas cosas que le robaron no valían nada, por cualquier cochinada cegaron su vida. Él (David) tenía la ilusión de envejecer aquí en Costa Rica, y no tenía familiares en el país”, comentó Kenneth.

Silvia Coto

Silvia Coto

Periodista de sucesos y judiciales. Bachiller en Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo. Labora en Grupo Nación desde el 2010.