La avioneta quedó prácticamente desintegrada entre las montañas de Pérez Zeledón. A su alrededor quedaron regados sacos y ropa que la aeronave transportaba, como ayuda para las personas afectadas por el huracán César. Cuatro personas murieron.
Para llegar hasta aquel sitio, José Campos y otros rescatistas tuvieron que internarse en una montaña cubierta de barro, después de varios días de lluvias.
No tenían GPS, teléfonos celulares ni WhatsApp. Contaban con mapas, brújulas, radios y algo que en aquella época resultaba indispensable: el conocimiento de los hombres de la zona.
Tres décadas después, Campos recuerda aquella operación como una de las más duras que le correspondió enfrentar como integrante de la Cruz Roja y especialista en montañismo, búsqueda y rescate.
Pero hay un detalle que conviene mantener especialmente presente: fueron unos finqueros quienes encontraron la aeronave y avisaron a los rescatistas dónde estaba. Eso agilizó el rescate.
“Los finqueros la encontraron y nos avisaron dónde estaba”, recordó Campos.
Con esa información comenzó una operación que obligó a los socorristas a caminar durante horas por un terreno prácticamente convertido en un lodazal, pasar la noche junto a los restos de la avioneta y, al día siguiente, iniciar la complicada extracción de los cuatro cuerpos.
Todo ocurrió el 1.° de agosto de 1996, pocos días después de que el huracán César golpeara Costa Rica y dejara una de las emergencias meteorológicas más graves de aquella década.
Un país golpeado por César
El huracán César afectó Costa Rica entre el 27 y el 28 de julio de 1996, provocando lluvias torrenciales, inundaciones y deslizamientos, principalmente en la vertiente del Pacífico.
La emergencia fue muy fuerte en la zona sur, donde varias comunidades quedaron incomunicadas y los equipos de socorro tuvieron que desplazarse por caminos afectados por el agua, el barro y los derrumbes.
Según registros históricos del Archivo Nacional y la CEPAL, el huracán dejó 39 personas fallecidas y 29 desaparecidas en el país.
En aquel momento, Campos se encontraba en Pérez Zeledón atendiendo la emergencia.
Su trabajo consistía en ingresar a zonas incomunicadas, colaborar con evacuaciones y coordinar el traslado de ayuda.
Pero hacerlo en 1996 significaba trabajar con recursos muy diferentes a los actuales.
Los rescatistas dependían de los radios y de la información que pudieran obtener de quienes conocían cada comunidad.
“Le decían a uno más o menos un punto cercano donde los testigos lo vieron por última vez y a partir de ahí empezaba la búsqueda. Era pura brújula y mapa”, recordó Campos.
Comunidades bajo el agua y el barro
Antes de que llegara la alerta sobre la avioneta, Campos había recorrido diferentes lugares afectados por las inundaciones.
Una de las imágenes que más recuerda es la de cuando observó cómo una vivienda completa había sido arrancada de sus bases y arrastrada por la corriente.
“Una casa entera, pero así con todo y el piso y las bases, ahí iba flotando por el río”, contó.
El agua no viajaba sola; las corrientes arrastraban barro, piedras, árboles y raíces. Todo terminaba dentro de las viviendas.
En uno de los poblados afectados, explicó Campos, los rescatistas llegaron a encontrar aproximadamente dos metros de barro y escombros dentro de algunas casas.
El problema se agravaba porque muchas comunidades habían quedado completamente aisladas. Los equipos tenían que desplazarse para conocer la situación.
Mientras realizaban esas labores, llegó una nueva emergencia.
Una avioneta que llevaba ayuda humanitaria hacia la zona sur se había accidentado.
La aeronave era una Cessna monomotor TI-ATJ, propiedad de Servicios Aéreos Tomás Acevedo (SAETA).
Según la información histórica disponible, la aeronave salió a las 8:08 a. m. del hangar 64 del aeropuerto Tobías Bolaños, en Pavas, con destino a la pista de aterrizaje de San Isidro de El General.
El viaje debía realizarse en un periodo relativamente corto, pero la aeronave nunca llegó a su destino.
Terminó estrellándose en San Antonio de Santa Rosa de Río Nuevo, en Pérez Zeledón, aproximadamente ocho kilómetros al oeste de San Isidro de El General.
A bordo viajaban cuatro personas.
Murieron Olga Patricia Fernández Rivera, Enrique Valverde Martínez, Mildred Chacón González y el piloto Víctor Piedra Mora.
Tres de las víctimas pertenecían a la familia del reconocido periodista Jorge Valverde, quien conducía los programas “Al desnudo” y “En la mira”.
Valverde perdió en aquel accidente a su esposa, Olga Patricia; a su hermano, Enrique; y a su cuñada, Mildred.
Olga era además madre de cuatro niñas pequeñas, hijas del comunicador.
La aeronave llevaba ropa, alimentos y otros artículos destinados a personas afectadas por el temporal.
Lo que había comenzado como un vuelo para llevar ayuda terminó convertido en una tragedia dentro de una emergencia nacional.
Los finqueros encontraron los restos
Para los cuerpos de rescate, el primer reto era llegar hasta la aeronave.
En aquella época no existía la posibilidad de introducir unas coordenadas en un teléfono y seguir una ruta hasta el punto exacto.
“Había que preguntar, había que escuchar a quienes conocían el terreno, había que reconstruir el último punto en el que alguien había visto la aeronave. Y en este caso hubo personas que encontraron los restos”, dijo Campos.
“Los finqueros la encontraron y nos avisaron dónde estaba”, contó.
Con esa información, Campos y los demás integrantes del equipo emprendieron la caminata. Los rescatistas se encontraron con una montaña que había recibido días de lluvia intensa.
El barro hacía difícil avanzar y la vegetación obligaba a buscar constantemente por dónde pasar.
“El barro que había esa vez ahí. Varios de los muchachos que estuvieron en ese rescate es lo que más recuerdan”, explicó Campos.
Una vez ubicados los restos de la nave, había que recuperar los cuerpos y trasladarlos fuera de la montaña.
El impacto había sido tan violento que la aeronave quedó prácticamente destruida.
Campos recuerda que al observar los restos era difícil identificar que aquello había sido una avioneta.
“Usted ve las fotos y no reconoce que ahí hubiera un avión”, dijo.
En lugar de un fuselaje reconocible, había restos esparcidos por la montaña. Y entre ellos quedó parte de la carga.
“Era un reguero de ropa y sacos”, recordó.
“Llegamos en la tarde, no se hizo el levantamiento, no se hizo la extracción, entonces debimos acampar”, recordó Campos.
La noche tampoco fue sencilla. Después de horas caminando por la montaña, tuvieron que soportar el frío y más lluvia. “Fue un frío y un aguacero del carajo”, relató.
La operación continuaría al día siguiente. Todavía faltaba sacar los cuatro cuerpos de aquel sitio.
Y para eso necesitaban una gran cantidad de personas.
Campos explica que trasladar una camilla por aquel terreno era una tarea agotadora. Podían necesitarse entre ocho y dieciséis personas para movilizarla.
“Fueron horas y horas y horas de tortura por el barro”, describió Campos.
La prensa de la época también documentó la complejidad del rescate. Cerca de 100 personas participaron en el operativo, entre cruzrojistas, bomberos, policías y baquianos de la zona.
El terreno era tan complicado que posteriormente los cuerpos tuvieron que ser trasladados aproximadamente un kilómetro a lomo de caballo hasta el sitio donde se encontraban funcionarios judiciales.
Una tragedia que golpeó a una familia
La muerte de tres miembros de la familia de Jorge Valverde tuvo un fuerte impacto en el país.
El periodista perdió en el mismo accidente a su esposa, su hermano y su cuñada.
Las víctimas fueron trasladadas para las honras fúnebres y la iglesia católica de Curridabat recibió a familiares, amigos, compañeros y personas que llegaron a acompañar a Valverde.
La tragedia también provocó muestras de solidaridad de personas que ni siquiera conocían personalmente al periodista. Hubo ofrecimientos de vehículos, avionetas, servicios funerarios y flores para ayudar a la familia.
El padre del comunicador sufrió además un quebranto de salud al enterarse de la tragedia y tuvo que ser hospitalizado.
El sepelio estuvo acompañado por una caravana de taxis.
El funeral del piloto Víctor Piedra Mora se realizó en Desamparados. Como homenaje, otro piloto sobrevoló en avioneta el recorrido del funeral.
El rescate no terminó con la avioneta
Para Campos, aquella operación no significó el final de la emergencia.
Después de participar en el rescate de las cuatro víctimas, algunos integrantes del grupo regresaron a San José. Él tuvo que continuar en Pérez Zeledón.
Las comunidades seguían afectadas.
“Yo tenía que seguir trabajando en el tema de las inundaciones”, recordó.
La emergencia continuaba.
Y poco después, otro accidente aéreo golpeó las labores de atención en la zona sur: un helicóptero de Seguridad Pública se accidentó en Palmar Sur mientras participaba en las operaciones relacionadas con el temporal.
“En aquel tiempo eran operaciones de larga duración”, explicó Campos.
No eran emergencias que se resolvían en cuestión de horas.
Los equipos podían pasar días fuera de sus casas, desplazándose entre comunidades, buscando personas, evacuando familias y llevando ayuda.
Treinta años después
Hoy mientras Costa Rica vuelve a enfrentar días de fuertes lluvias, Campos mira hacia atrás y recuerda una época en la que los rescatistas tenían que trabajar al máximo con los pocos recursos que había.
Y aunque han pasado tres décadas, para quienes participaron en aquel rescate, las imágenes permanecen: una montaña empapada, una avioneta destruida, ropa y sacos regados entre la vegetación, cuatro víctimas y mucho dolor.
Tras luchar durante 12 años contra el mal de Crohn, Jorge Valverde Martínez falleció el 14 de junio de 2002.
Las malas condiciones climáticas fueron las que provocaron aquella tragedia.








