Un caso fuera de lo común tuvieron que atender los bomberos de Alajuela, cuando llegó a su estación un niño de cinco años con esposas en sus pies.
La mamá del menor les pidió que se las quitaran.
El curioso momento ocurrió el pasado 23 de diciembre, cuando la mujer llegó, en horas de la mañana, con su chiquito, quien no podía ni caminar porque se había puesto las esposas en sus pequeñas piernitas.
Nunca se supo de dónde salieron las esposas, ya que en la casa del menor no vive ningún policía. Al parecer, el niño las encontró y como su mamá estaba dormida, el pequeño empezó a jugar con ellas, se las puso y perdió las llaves.
El bombero León Víctor Umaña nos contó que él fue quien recibió a la señora.
"Ella venía un poco asustada por lo sucedido, ya que el chiquito tenía las esposas muy apretadas, por lo que trajimos un cortafilos que es una herramienta que se usa para eso y con esta separamos las esposas en dos partes para que el niño pudiera volver a caminar bien", recordó el apagafuegos.
En la estación decidieron llamar a la Policía para que los oficiales les ayudarán a abrir las esposas con una llave genérica.
"Uno de los compañeros llegó e hizo varios intentos con un clip y logró abrir una, pero cuando estaba a punto de abrir la segunda llegó el personal de Fuerza Pública, es así como se le quitaron las esposas. La señora dijo que no quería saber nada de las esposas por lo que las botaron", comentó Umaña.
Según León, quien tiene 24 años de servicio como bombero permanente, es la primera vez que atiende una situación de este tipo.
"Recuerdo una vez el caso de un miembro de la policía que detuvo a una persona y por error, perdió la llave de las esposas, pero eso fue accidental y nos solicitó ayuda. Así que está es la primera vez que ocurre por la travesura de un niño, aunque no es normal que una persona tenga un dispositivo de estos en su casa", dijo.
El bombero recomendó no dejar objetos peligrosos al alcance de los menores, ya que ellos son muy curiosos y todo lo quieren tocar.
Otros casos
Don León nos contó que tuvieron que pedir que les compraran una taladradora miniatura, porque han atendido muchos casos de jóvenes a los que se les quedan pegados anillos de acero que son durísimos, por lo que ellos les piden que se los corten porque ya no aguantan el dolor.
"Hubo una señora que quedo guindado de una puerta y se incrustó el anillo de bodas en un dedo. A ella la llevaron al hospital, pero le dijeron que viniera aquí porque nosotros se lo quitábamos. Ella tenía el dedo bien inflamado", dijo.
