Durante años, doña Virginia Bustos ha aprendido a ver y medir el tiempo de una manera muy distinta.
Para ella, un día no se cuenta solamente por las horas que pasan. Se cuenta por cada movimiento nuevo de su hija, por cada dedito que logra mover, por cada vez que Tatiana gira la cabeza hacia un lado y hacia el otro.
Son pequeños avances que para muchas personas podrían pasar inadvertidos, pero que para esta mamá significan muchísimo. Han pasado más de ocho años desde que un accidente de tránsito la dejó en estado vegetativo; ahora por fin puede verlos.
“Ahí va mejorando, ya mueve más las piernas, estira más los brazos. Uno, el otro lo mueve y mueve los dedos bastante, bastante”, contó doña Virginia al hablar de su hija, Tatiana Hidalgo Bustos.
Hay otro detalle que para ella también representa una enorme alegría: ahora Tatiana puede mover la cabeza en distintas direcciones.
“Antes estaba solo para un lado, ahora ya no. Ahí vamos, pidiéndole a nuestro Señor que nos ayude y que me dé fortaleza para seguir perseverando con ella. Vamos cada día que pasa, Dios hace un milagro en ella”, dijo.
Después de tantos años de cuidar a su hija, ha decidido vivir celebrando cada pequeño avance.
“Lo importante y lo digo sinceramente, es que la tengo viva y ahí la voy gozando cada día, Mientras haya vida, hay esperanza”.
Una mamá que no se rinde
Tatiana tiene 33 años. Su vida cambió por completo el 11 de agosto de 2018, cuando regresaba de la universidad y sufrió un accidente de tránsito en Guápiles.
Tati viajaba en su moto y a la par de ella iba una compañera en otra motocicleta, y frente al súper El Sol, en Guápiles de Limón, un conductor, aparentemente borracho, irrespetó un alto y se las llevó.
En aquel momento estaba a solo un año de cumplir uno de sus grandes sueños: convertirse en enfermera pediátrica.
Pero desde entonces, su mamá ha estado a su lado.
Una nieta suya se ha convertido en una de sus principales ayudas. La joven va al colegio, sale temprano y después llega para ayudar a su abuela con Tatiana.
Pero las dificultades de esta familia no terminan ahí.
El papá de Tatiana también atraviesa actualmente una situación complicada. Le diagnosticaron un tumor maligno en el esófago y, mientras enfrenta su propio proceso médico, necesita que prácticamente toda su alimentación sea licuada y colada porque tiene dificultades para tragar.
Doña Virginia se ha encontrado así, tratando de cuidar a dos personas que la necesitan.
“Estamos pasando una situación difícil porque al papá de Tati le dictaminaron un tumor maligno en el esófago y con él todo va licuado. Igual, que la comida de mi hija”, explicó.
Durante años, doña Virginia también cargó con otro sentimiento: la frustración por lo ocurrido con su hija y el deseo de que se hiciera justicia.
El proceso judicial tuvo varios intentos de audiencia, pero no logró avanzar como ella esperaba. Según relató, en algunas ocasiones, una de las personas involucradas no llegó, otra de las muchachas afectadas decidió no continuar y, finalmente, el hombre señalado por el accidente se fue a Nicaragua.
Todo eso hizo que aquella madre sintiera que estaba librando una batalla que se sumaba a la que ya tenía todos los días en su casa.
Pero ahora asegura que decidió soltar esa carga.
“Al final, yo a Dios le puse todo en sus manos y solté todo eso porque yo lo que quería era justicia por mi hija, por tener que verla así, como me la dejó. Por dinero no, porque aunque uno tiene necesidad, ese era un dinero producto de lo que mi hija sufrió”, explicó.
Para ella, esa decisión no significa que haya olvidado lo sucedido, sino que decidió dejar de cargar sola con un dolor que durante años le quitó fuerzas.
“Que todo quede en manos de Dios. Que sea Él quien diga qué se hace y qué no se hace”, afirmó.
Después de tantos años, doña Virginia ya no habla de Tatiana únicamente desde aquello que perdió. Habla de lo que todavía tiene y de lo que la ama.
“Lo más valioso que yo tengo en mi vida es tener a mi hija conmigo”.
Tatiana tiene un hijo de 16 años.
La situación en casa es difícil porque el papá ahorita no puede trabajar. Ellos necesitan alimentos básicos, pañales y unas cremas que Tati usa en las úlceras que le salen por estar en la cama.
Si usted puede ayudarlas, puede llamar al 6230-7471; ese número tiene Sinpe.



