Tyrone Gael Chávez Zamora tenía apenas 19 años, pero quienes lo conocieron aseguran que dejó una huella profunda. Era trabajador, amante del ciclismo y un joven que desde pequeño aprendió a esforzarse para conseguir lo que quería.
Gael, como le gustaba que lo llamaran, murió luego de recibir un disparo en Espíritu Santo de Esparza, Puntarenas.
Johnny Chávez, papá del joven, aseguró a La Teja que su hijo no falleció en la casa donde vivía, como informó inicialmente la oficina de prensa del OIJ.
Según explicó, Gael había ido a dejar a una muchacha con la que estaba saliendo hasta la propiedad donde ella vivía. Al parecer, ambos habían estado en un baile. Además, el joven iba acompañado por otra persona, que se desplazaba en otra motocicleta.
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Su papá asegura desconocer qué provocó la agresión y que tampoco conocía a la muchacha. También afirma que no la quiere conocer y prefiere que la investigación esté en manos de las autoridades judiciales.
“Todo el dolor, la angustia se lo entrego a Dios y, la verdad, no quiero ni reclamar, ni indagar. Todo está en las manos de la justicia, pero sobre todo en las manos de Dios que hará la justicia divina que de esa nadie se escapa”, expresó.
Un joven que se ganó sus cosas trabajando
Johnny recuerda a su hijo como un muchacho de bien que desde muy pequeño era “pulseador”.
A Gael le gustaba trabajar con ganado, ya que desde pequeño había crecido en ese mundo al ver a sus tíos con reses.
Además, él hacía exprés con una motocicleta y amaba practicar ciclismo. Una de sus grandes metas fue tener su propia moto y consiguió comprarla con el dinero que ganó trabajando.
“Uno de sus principales sueños que cumplió fue tener la moto que él siempre quiso. Esto solo demuestra la fuerza que él tenía por querer conseguir las cosas y por esfuerzo propio”, contó su papá.
El joven también tenía una faceta deportiva que llenaba de orgullo a su familia. Participó en los Juegos Deportivos Nacionales y en 2024 obtuvo una medalla de plata.
En el mundo del ciclismo era visto como una joven promesa de Esparza, con posibilidades de seguir compitiendo y conquistando trofeos.
Pero Gael no solo soñaba con salir adelante para él. Su papá recuerda una frase que le quedó grabada por la madurez que demostraba pese a tener apenas 19 años.
“Él lo que decía es que ya habíamos cuidado mucho a él y que ahora le tocaba a él cuidarnos a todos”, recordó Johnny.
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“Él era mi maestro”
Aunque padre e hijo no vivían juntos, mantenían una comunicación constante y siempre permanecían unidos.
Johnny incluso acostumbraba publicar en redes sociales mensajes en los que expresaba el orgullo que sentía por aquel hijo trabajador y amante del deporte.
“Le decía que era mi maestro, desde que era un niño, él tuvo un propósito muy grande”, afirmó.
El papá recuerda que Gael tenía una forma particular de demostrar cariño y que se sentía más feliz ayudando a los demás.
“Él se sentía más realizado en dar que en recibir y lo demostró hasta el final de sus días”, manifestó al hablar de su primogénito.
Se llevó una camiseta de ciclismo hasta en el ataúd
La familia sepultó a Gael en San Jerónimo de Esparza.
Para despedirlo, su mamá colocó dentro del ataúd una de las camisetas que utilizaba durante sus entrenamientos de ciclismo, una de las prendas que representaba una de las grandes pasiones que tuvo durante su corta vida.
A sus 19 años, Gael dejó atrás a una familia que todavía intenta entender por qué su vida terminó de manera tan violenta.
Su papá, mientras tanto, decidió aferrarse a los recuerdos del muchacho que trabajó para conseguir sus sueños, que encontró en el ciclismo una de sus grandes pasiones y que alguna vez le dijo que ahora quería ser él quien cuidara de su familia.


