Silvia Coto, Keyna Calderón.28 diciembre, 2020
La sentencia fue dictada en los tribunales de Limón. Foto: Rafael Murillo
La sentencia fue dictada en los tribunales de Limón. Foto: Rafael Murillo

Una sentencia contra un pulpero a ocho años de cárcel por tocar las manos de una niña en forma abusiva pone a ese gremio y a otros a hacer conciencia de que este tipo de atrocidades o “excesos de amabilidad” podrían ser severamente castigados por la ley.

El 10 de diciembre el Tribunal Penal de Limón le recetó a un pulpero, de apellidos Alvarado Zúñiga y de 52 años, esa pena por dos delitos de abuso sexual contra la pequeñita, cuatro años por cada uno.

La menor llegaba a comprar a la pulpe donde atendía Alvarado en barrio Cristóbal Colón, en el 2016 la niña llegó hasta el establecimiento y el acusado, aprovechando que estaba a solas con ella, le acarició una mano de forma abusiva.

En junio del 2017, la chiquita volvió a la pulpe y el hombre nuevamente le acarició las manos con intención sexual, la gravedad de este hecho para los jueces es igual como si hubiese tocado cualquiera de sus partecitas íntimas.

Alvarado tiene medidas cautelares, pero en el momento en que su sentencia quede en firme tendrá que ir a prisión.

En este caso se probaron los hechos y los jueces reprocharon la acción del pulpero.

Don Horacio Calvo asegura que la sentencia los hace echar para su saco, aunque soy muy cautelosos con su clientela. Foto: K. Calderón
Don Horacio Calvo asegura que la sentencia los hace echar para su saco, aunque soy muy cautelosos con su clientela. Foto: K. Calderón
Cartas en la mesa

Esta situación pone a los pulperos y otros comerciantes atentos, pues aunque en este caso sí hubo culpabilidad, pero como bien dicen de todo hay en la viña del Señor, en los barrios muchos pulperos son famosos por ser “coquetos” o más amables de la cuenta, por lo que algunos aseguran que la sentencia en el caso de la niña los hizo meditar.

Don Víctor Carvajal atiende la pulpería La ilusión en Desampa, él asegura que sus clientes lo ven como un amigo y que al darse cuenta de la sentencia por lo que sufrió la chiquita se sintió muy triste.

“Mi papá era de los que piropeaba a las señoras, eso sí, ya sabía cuales eran las solteras, y más de una vez se llevó sus buenas malas caras, pero no era en un tono irrespetuoso, porque mamá siempre estaba cerca”, dijo.

El comerciante asegura que él siempre ha preferido no entablar mucha amistad y además como no da fiado, los clientes compran y jalan.

“Aquí en la pulpería tenemos cámaras porque uno nunca sabe, ni Dios quiera una situación así, y no solo uno sino un empleado que se jale una torta”, dijo.

Doña Shirley Campos es vecina de Desampa, ella asegura que desde hace mucho tiempo quien va a la pulpe es su esposo.

“En mi barrio hay un señor que atiende sumamente respetuoso y en otra hay un señor que le agarra la mano a uno cuando da las monedas y le cierre la mano y como que le palmea el brazo y en una pura sonrisa, a mí eso me parece irrespetuoso ”, dijo Campos.

En barrio Fátima, en Cartago, está ubicada la pulpería La Israel, de la familia Calvo Elizondo.

Don Mario Martínez, pulpero aseguró que hay que ser amable pero respetuoso con los clientes. Foto: K. Calderón
Don Mario Martínez, pulpero aseguró que hay que ser amable pero respetuoso con los clientes. Foto: K. Calderón

“En nuestra pulpería tratamos a todos los niños con mucho amor, cariño y respeto y nos preocupa como pulperos la sentencia de esta persona porque uno siempre les da el vuelto a los chiquitos en la mano para que no lo boten o en una bolsita que traen y como ellos siempre andan en otro mundo o jugando, lo pueden perder”, dijo el pulpero Horacio Calvo.

“Cuando viene un menor a la pulpe uno es muy cuidadoso, más que es de barrio y por lo general son los niños los que más llegan a comprar porque los papás los envían hacer mandados”.

Aunque también asegura que con la llegada del Covid-19 el contacto es menor.

“Nos preocupa eso que ocurrió (la sentencia) porque ahora van a decir que todos los pulperos somos deshonestos, pero en nuestro caso la ventaja es que todos nos conocen desde hace más de 35 años y ahora los que vienen a comprar son los hijos de nuestros amigos de infancia”, recalcó.

Don Mario Martínez Arrieta tiene más de 40 años de ser pulpero y 15 de laborar en su negocio propio Los Marios, en el Mercado Municipal de Cartago, donde trabaja con dos empleados más y sus hijos Jeison y Mario.

“Como pulpero a mí no me preocupa esa sentencia porque en mi caso siempre he sido muy respetuoso con mis clientes, y el que hace una cosa de esas es porque no está bien y por eso le aplican ese castigo porque debe de pagar lo que hizo”, dijo Martínez, quien asegura que la cosa no está para perder clientes.

El abogado Rogelio Ramírez asegura que los jueces en los casos de abusos ven la intención con que actuó para condenar. Foto John Durán
El abogado Rogelio Ramírez asegura que los jueces en los casos de abusos ven la intención con que actuó para condenar. Foto John Durán

“A los menores uno debe tratarlos con cariño, pero al igual que con los mayores, es mejor de larguito para no tener consecuencias después.

En mi caso a la hora de dar un vuelto es mejor ponerlo en el mostrador y que lo recojan ahí, así no hay contacto físico ni problemas”.

Doña Silvia Montoya, como cliente, asegura que la gente debe poner límites inmediatos ante cualquier situación pasada de todo.

“Hay pulperos que, a veces, sí son abusivos en el sentido que en ocasiones son un poco empachosos y uno lo que debe hacer es retirarse de ese lugar”, dijo Montoya.

Ley más protectora

El abogado Rogelio Ramírez nos explicó que el Código Penal ha experimentado varias reformas en la Ley de Fortalecimiento de la lucha contra la explotación sexual de las personas menores de edad.

“La descripción de ‘actos con fines sexuales’ es sumamente amplia, no es que la ley castigue el simple contacto con un niño sino que se pretende proteger a los menores o incapaces de acercamientos o contactos morbosos o libidinosos”, explicó Ramírez.

El abogado asegura que la ley ve la intención más que la parte del cuerpo donde se recibe el contacto.

“No es, entonces, tocar una mano, sino la intención manifiesta o el fin perseguido al hacer contacto. En algunos casos no se trata de mero contacto sino que hay acercamientos y fricciones que evidencian el fin o intención prohibido por la ley”, explicó.

“No es concebible que un niño de menos de 10 años, por ejemplo, vaya por ahí haciendo mandados sin la compañía de un adulto de su familia. Si algunas veces la confianza no habita en la propia familia, imagínese si habrá que hacerlo fuera de ella”.

Ramírez asegura que en el caso de las personas adultas la Ley contra el acoso sexual callejero viene a garantizar el derecho de las personas para andar en libertad y no ser acosadas, y que sin importar la edad ni género las personas deben de denunciar cualquier situación.

“El acoso se describe como: ‘toda conducta con connotación sexual’ no consentida y que pueda causar ‘molestia, malestar, intimidación, humillación, inseguridad, miedo y ofensa, que proviene generalmente de una persona desconocida para quien la recibe y que tiene lugar en espacios públicos o de acceso público’ y la pena alcanza hasta los cuatro años de cárcel”, explicó.