Alejandra Portuguez Morales.5 agosto, 2019

Noemi Rodríguez Gutiérrez tiene 43 años de haber llegado al mundo, pero asegura que este 4 de agosto cumplió un año de regresar a la vida.

Esto porque hace 12 meses sobrevivió al ataque de su esposo, de apellidos Rodríguez Álvarez, quien la intentó matar con un machete.

Pero este año ha sido muy duro para esta valiente mujer, pues la han operado tres veces por las lesiones que sufrió en el páncreas, una perforación que tuvo en el intestino y, además, tuvieron que quitarle el bazo.

Además, como si fuera poco, soporta el duelo por el asesinato de su papá Efraín Marcelino Rodríguez Rodríguez, de 71 años, quien se enfrentó a Rodríguez ese 4 de agosto para salvar la vida de su hija. Él recibió una puñalada en el cuello.

El cuerpo del papá de Noemi quedó en el corredor de la casa en Las Tecas de Santa Cruz, Guanacaste. Foto: Álvaro Duarte/ Archivo
El cuerpo del papá de Noemi quedó en el corredor de la casa en Las Tecas de Santa Cruz, Guanacaste. Foto: Álvaro Duarte/ Archivo

El ataque ocurrió cuando el sujeto llegó a la casa y le reclamó algunas cosas a Noemi. En cuestión de minutos la agredió y el viejito, al percatarse de lo que ocurría, salió a defenderla y murió en el lugar.

Noemi no pudo ir al funeral de su papá y aunque desea visitar su tumba, no ha podido porque sus heridas no están sanas, le cuesta caminar, no tiene carro y cuando sale lo hace solo para citas médicas, pues también teme que le entre una bacteria o una infección.

Ella vive en Las Tecas de Hato Viejo, a tres kilómetros del centro de Santa Cruz, Guanacaste, en la misma casa en donde ocurrió la trágica agresión la tarde del sábado 4 de agosto del 2018.

“Ha sido un proceso muy duro, solo la mano de Dios me ha sostenido. Agradezco tener un techo donde vivir junto con mi hija que es la que me cuida y da fuerzas, pero cada esquina me trae algunos malos recuerdos”, expresó la sobreviviente.

Uno de esos es, sin duda, que don Efraín quedó sin vida en el corredor de la vivienda.

"Actualmente tengo un drenaje y me debo cuidar mucho, extraño mucho a mi papá, porque él siempre estuvo para mi familia, nos ayudaba en todo lo que podía.

“Nosotros (ella y Rodríguez Álvarez) teníamos un matrimonio de 24 años, pero él tomaba mucho y llegaba insultando. Al principio no me maltrataba, pero en los últimos cinco años todo empeoró y una se cansa de perdonar. Pero no había motivo para que actuara de esa manera”, recordó la mujer.

Debido a la gravedad de las heridas doña Noemi estuvo internada en el hospital México, San José, y todavía sigue yendo a citas de control de las heridas.

“En el tiempo que estuve en el hospital comprendí que hay que aprender a perdonar y así es como se sana más rápido de las heridas del corazón y las físicas. Hoy agradezco volver a la vida y estar con mi hija que me cuida y sostiene, es una segunda oportunidad de tenernos”, expresó a pesar de los dolores que todavía siente.

Noemi Rodríguez Gutiérrez y su hija Marilyn Tatiana Rodríguez se dan gran apoyo. Foto: Cortesía para LT
Noemi Rodríguez Gutiérrez y su hija Marilyn Tatiana Rodríguez se dan gran apoyo. Foto: Cortesía para LT

Doña Noemi antes trabajaba como ama de casa, pero por su condición, aunque quisiera, no puede. Por eso sobrevive con una ayuda de ¢50 mil que le da el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), ella hace esfuerzos de todo tipo pues tiene que comer comida blanda como frutas, verduras y carnes blancas, y ese tipo de dieta es cara.

“Mi hija ya tiene el bachillerato de secundaria, pero no ha podido seguir estudiando ni buscar trabajo porque es la que pasa pendiente de mi salud y también dice que le da miedo dejarme sola, entre las dos nos apoyamos, ella es la que me da más fuerza”, dijo.

La Fiscalía de Santa Cruz dijo que el agresor está acusado de homicidio e intento de femicidio. El caso ya se elevó a juicio y solo están a la espera de que se fije una fecha.

Aconseja a víctimas de violencia

En el 2018, unas 24 mujeres murieron en manos de sus compañeros sentimentales y en este año ya son siete.

Noemi aconseja a las víctimas de violencia para que levanten la voz a tiempo y así no corran peligro de morir, así como le pasó a ella.

“Nunca puse un freno por callarme y por miedo, jamás pensé que esto me sucedería, pero todas las víctimas de violencia deberíamos hablar cuando estamos a tiempo y no lamentarnos o que nuestra familia lamente las ausencias que estos actos generan”, concluyó.