Sucesos

“Solo nos quedó el dolor”: masacre familiar en La Cruz ocurrió hace nueve años y es de no creer lo que ha pasado con la investigación

Cinco integrantes de una familia fueron asesinados en una finca de La Cruz en 2017

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Dolor, silencio, falta de justicia. Han pasado casi nueve años desde que una escena de horror estremeció a Guanacaste, donde cinco miembros de una familia fueron asesinados a sangre fría.

Isaías Bonilla Bonilla, de 81 años, su esposa Paula Romero Romero, de 62 años; sus hijos Walter Bonilla Romero, de 24 años, y Wilbert Bonilla Romero, de 26 años; así como su yerno Carlos Pacheco Quesada, de 21 años.
La familia de La Cruz de Guanacaste fue masacrada con una escopeta la noche del 28 de julio. (cortesía/cortesía)

Ese crimen ocurrió en una finca ubicada en Monte Plata de La Cruz, muy cerca de la frontera con Nicaragua. A pesar del impacto que causó el caso en aquel momento, el crimen nunca fue resuelto.

Entre las víctimas estaba Isaías Bonilla Bonilla, de 81 años, un agricultor conocido en la zona por llevar una vida tranquila y dedicada noche y día al trabajo del campo. Junto con él fueron asesinados su esposa Paula Romero Romero, de 62 años; sus hijos Walter Bonilla Romero, de 24 años, y Wilbert Bonilla Romero, de 26 años; así como su yerno Carlos Pacheco Quesada, de 21 años.

Los cuerpos fueron encontrados el 30 de julio del 2017 en una finca de difícil acceso, ubicada a escasos metros de la línea fronteriza con Nicaragua.

Las investigaciones del OIJ determinaron que las víctimas presentaban heridas provocadas por disparos de escopeta y que el múltiple homicidio habría ocurrido dos días antes, durante la tarde del viernes 28 de julio.

Isaías Bonilla Bonilla, de 81 años, su esposa Paula Romero Romero, de 62 años; sus hijos Walter Bonilla Romero, de 24 años, y Wilbert Bonilla Romero, de 26 años; así como su yerno Carlos Pacheco Quesada, de 21 años.
El crimen estremeció la comunidad de Monte Plata. (cortesía/cortesía)

Los cuerpos de las cinco víctimas fueron ubicados juntos en las afueras de la vivienda.

Un familiar de Carlos Pacheco, quien accedió a conversar bajo condición de anonimato debido a lo sensible del tema, aseguró que con el paso del tiempo no han encontrado paz.

“Ha sido mucho el tiempo que ha pasado y al final solo nos acompaña el dolor por el recuerdo de ellos, la tristeza por la falta de justicia y el olvido para las víctimas que no recibieron justicia, además de la duda de los porqués”, relató.

Según contó, para la familia la tragedia sigue siendo devastadora, casi una década después.

“Para la familia de nosotros pesa mucho lo que ocurrió en aquel momento, fue devastador y lo sigue siendo porque uno piensa en los últimos minutos con vida de ellos, si fueron de miedo y de pánico, de saber lo que les iba a pasar. La maldad con que esas personas actuaron y cómo dejaron esos cuerpos... el solo recuerdo nos atormenta a familiares y amigos de las víctimas”, expresó.

Isaías Bonilla Bonilla, de 81 años, su esposa Paula Romero Romero, de 62 años; sus hijos Walter Bonilla Romero, de 24 años, y Wilbert Bonilla Romero, de 26 años; así como su yerno Carlos Pacheco Quesada, de 21 años.
La investigación no permitió dar con los asesinos. (cortesía/cortesía)

Cuando se dio el crimen, trascendió que los agentes hallaron un papel sobre uno de los cadáveres. Las autoridades se negaron a dar a conocer el mensaje que contenía dicho papel; extraoficialmente, se indicó que los asesinos habrían escrito que se habían equivocado de víctimas.

El entrevistado explicó que durante años mantuvieron la esperanza de que las autoridades lograran identificar a los responsables.

“Nosotros esperamos siempre que se lograra dar con los sospechosos. Desde el principio decían que no había pistas o evidencias, como llaman los del OIJ, y por eso no se habían identificado a los sospechosos, pero confiábamos en que ahora, con todo esto de las investigaciones tan avanzadas, tal vez más adelante apareciera una pista que llevara a capturar a esas personas tan malas, pero parece que sabían muy bien lo que hacían”, lamentó.

Incluso, afirmó que a uno de los familiares agentes judiciales le indicaron que agotaron múltiples diligencias.

“Entiendo que a uno de los familiares de Isaías los del OIJ le dijeron que lo lamentaban mucho porque habían hecho y buscado más de lo que podían y no encontraron nada, pero que si alguna pista nueva llegaba o algo surgía, volverían a activar el caso. Ya no hubo nada, los asesinos ganaron”, dijo.

Sobre Carlos Pacheco, el familiar lo recordó como un joven trabajador que intentaba construir un mejor futuro.

“Carlos era muy jovencito y quería salir adelante. Era un muchacho que no tuvo una vida tan fácil, pero estaba en un momento en que se sentía tranquilo. Su ausencia dejó mucho dolor”.

También recordó con cariño a Isaías Bonilla y a Paula Romero, a quienes conoció muchos años antes de la masacre.

“Don Isaías y doña Paula eran personas de bien, muy trabajadoras, buenas y religiosas, apreciadas en la comunidad y sus hijos también. Uno vive con la duda de qué provocó tanta saña. Estas son cosas que uno ve en películas, pero vivimos en una situación en la que la violencia ya toca la puerta de cualquiera”.

Aunque las autoridades manejaron como principal hipótesis una posible venganza dirigida contra Carlos Pacheco Quesada, quien presuntamente habría estado vinculado a un homicidio ocurrido en Nicaragua, el caso nunca logró esclarecerse. La teoría apuntaba a que los atacantes buscaban cobrar una represalia, pero terminaron acabando con la vida de cinco integrantes de una misma familia.

A más de una década de los hechos, no hubo capturas ni una resolución judicial que confirmara oficialmente el móvil del crimen.

No obstante, el familiar aseguró que dentro de la familia nunca tuvieron certeza sobre esa versión.

“Nosotros nunca supimos que Carlos estuviera metido en algo así tan grave en Nicaragua. Nunca hubo una sentencia, un proceso o algo oficial que confirmara eso. Al final quedó como una teoría, pero nunca se demostró que la tragedia ocurrió por culpa de él, y es increíble pensar en el peor de los casos que por una sola persona van a acabar con cinco vidas; se me eriza la piel de solo pensarlo”, manifestó.

El hombre asegura que es doloroso saber que el caso está almacenado en una computadora y sin ningún movimiento.

“Ellos merecían que sus asesinos purgaran una pena, porque hubo dolor para nosotros, pero también miedo para la comunidad por mucho tiempo”, dijo.

La Teja consultó al OIJ sobre el caso y si en estos años hubo alguna actualización de un posible sospechoso o móvil. De la misma manera, se cuestionó al Ministerio Público, pero hasta el cierre de esta nota no había respuesta de ninguna de las dos instituciones.

Silvia Coto

Silvia Coto

Periodista de sucesos y judiciales. Bachiller en Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo. Labora en Grupo Nación desde el 2010.

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