“Sus ojos tenían un miedo que era difícil de explicar”.
Esa es la imagen que Rosa Martínez conserva de Jasmina López, su amiga de 47 años, a quien recuerda como una mujer buena que soñaba con salir adelante en Costa Rica, pero que, según su testimonio, habría vivido episodios de violencia que ella no siempre estaba dispuesta a reconocer.
Hoy, después de que Jasmina y su hija, Valeska Valdez López, de 9 años, fueron asesinadas, Rosa intenta asimilar una tragedia que le duele profundamente.
Ella asegura que no solo perdió a una amiga, sino que también carga con el recuerdo de aquellas conversaciones en las que trataba de saber si estaba bien y recibía respuestas que no parecían coincidir con lo que veía en sus ojos.
“Duele mucho, mucho, por ella y por la niña. Ella sufría violencia y muchas veces lo negaba, ella no quería entender y pensaba que él nunca sería capaz de quitarle la vida”, dijo Rosa.
La amiga asegura que en más de una ocasión le preguntó a Jasmina cómo estaba. Ella le respondía que todo estaba bien, pero Rosa sentía que detrás de esas palabras había temor.
“Muchas veces la maltrató y esa era una razón por la que yo pasaba meses sin verla, tiempales, porque él era controlador y posesivo”, contó.
Según Rosa, la relación de Jasmina con el hombre señalado como sospechoso del doble crimen estuvo marcada por situaciones que terminaron alejando a la mujer de sus amistades.
Ahora, con la muerte de Jasmina y de la pequeña Valeska, ella se pregunta cómo pudo ocurrir una tragedia semejante.
“Yo no entiendo qué pasó, por qué mató a la niña también”, dijo aún afectada.
Ella quería prosperar en Costa Rica
Jasmina llevaba poco más de seis años viviendo en Costa Rica. Había llegado con deseos de construir una vida mejor y, pese a las dificultades que, según su amiga, enfrentaba en su relación, mantenía la ilusión de salir adelante.
Jasmina tenía un emprendimiento y estudiaba de noche para superarse.
Su hija, mientras tanto, cursaba quinto grado de primaria en la Escuela Isabel Brown Brown en Liberia.
La amiga recuerda que incluso le propuso regresar a Nicaragua, donde podría estar más cerca de su gente y comenzar de nuevo.
“Yo muchas veces le dije que nos fuéramos de vuelta a Nicaragua, que se regresara conmigo, pero ella tenía ganas de prosperar, su niña estaba estudiando y para ella eso valía demasiado”, relató.
Rosa también enfrenta el peso de una despedida que nunca imaginó. Había quedado en visitar a Jasmina apenas volviera a Costa Rica.
La noticia la dejó devastada. Asegura que casi no cruzaba palabra con el hombre señalado como sospechoso, por lo que ahora intenta comprender cómo se llegó a un desenlace tan doloroso.
“Ella era una mujer buena”, recordó.
Los restos de Jasmina y Valeska fueron llevados hasta el municipio de Siuna, en el Triángulo Minero de Nicaragua, donde sus familiares les dieron el último adiós.
Erlin López, hermano de Jasmina, contó que la familia llevaba aproximadamente un mes sin hablar con ella y que se enteraron de lo sucedido por una publicación en TikTok.
Según explicó, Jasmina nunca les contó que estuviera sufriendo maltratos, por lo que la noticia los tomó por sorpresa.
Rosa no concibe cómo tragedias como estas siguen ocurriendo.
“Duele mucho, mucho, por ella y por la niña, por sus familias”, insistió.
La tragedia ocurrió durante la madrugada del sábado 17 de octubre en una vivienda del barrio Linda Vista en Liberia, Guanacaste.
Jasmina y Valeska fueron atacadas con un machete mientras dormían. El sospechoso escapó a Nicaragua, pero llamó a una vecina para avisarle de lo que había hecho.
Cuatro días después, el miércoles 21 de octubre, Rafael Antonio Valdez García, esposo de Jasmina y padre de la niña, fue detenido en una finca de la comunidad de La Fundadora, en Jinotega, Nicaragua, donde habría huido tras el doble crimen.
Un día después, la Policía Nacional nicaragüense divulgó detalles de una confesión en la que el sospechoso habría reconocido su participación en los asesinatos y relatado cómo escapó hacia ese país.
El hombre será juzgado en su país. Costa Rica enviará las pruebas encontradas, ya que no puede ser extraditado.



