Alejandra Portuguez Morales.6 agosto

Carlos Rodríguez Martínez, de 51 años, es un tico que ha pasado más de la mitad de su vida en Venezuela.

Allá fue testigo de los buenos tiempos que tuvo el país sudamericano, sobre todo cuando los precios del petróleo andaban arriba. Allá había abundante trabajo, él encontró al amor de su vida, formó una familia y la vio crecer, pero con ella sufrió algunos de los momentos más amargos que ha enfrentado.

Él es uno de los nueve ticos repatriados el miércoles de la semana anterior por Migración y el Ministerio de Relaciones Exteriores debido a la situación del país. Es tan mala que desde el 2015 hasta ahora entre 4 millones y 5 millones de venezolanos han dejado el país.

La maleta de don Carlos venía cargada de ilusiones y el compatriota trajo con él la esperanza de empezar desde cero en el país que lo vio nacer. Ahora desea traerse de Venezuela a su mamá –la guanacasteca María Cecilia Martínez Villalobos–, a su esposa venezolana Elicenia Calderón y a dos de sus cuatro hijos (los otros dos están en Costa Rica desde hace dos años).

Rodríguez sacó unos minutos para contarnos cómo ha sido su vida en una tierra afectada por las decisiones del chavismo.

Esta fue la última fotografía que se tomó Carlos Rodríguez Martínez, al salir de Venezuela. Foto: Cortesía Carlos Rodríguez para LT
Esta fue la última fotografía que se tomó Carlos Rodríguez Martínez, al salir de Venezuela. Foto: Cortesía Carlos Rodríguez para LT

–¿En qué año y por qué se fue para Venezuela?

En 1985, tenía tenía diecisite años. Mi papá era ingeniero agrónomo nacido en Heredia y le ofrecieron un contrato de un trabajo agrícola y se llevó todo el núcleo familiar, lamentablemente él murió a los dos años, pero como toda la familia ya estaba allá decidimos quedarnos.

–¿Durante ese tiempo había venido a Costa Rica?

Solo vine en el noventa y nunca más, hasta ahora. Me siento como un turista, todo ha cambiado, veo un país muy bonito, muy ordenado, veo que ha crecido.

–¿En cuáles lugares de Venezuela vivió?

Primero vivimos en Barquisimeto cuando llegué con mis padres, después que muere mi papá nos mudamos a Caracas y cuando me casé nos fuimos a El Llano, en Valencia, y después nuevamente en Caracas (e isla Margarita).

–¿En qué trabajaba?

Fui comerciante de frutas y verduras, los distribuía en los supermercados. También exporté aguacates a Barranquilla, Colombia, y cuando regresaba de Colombia a Venezuela llevaba ñame.

–¿Durante su época de trabajo qué fue lo más duro que vivió?

Hace quince años tuve un socio, pero lo mataron en la frontera (con Colombia), no me tocó a mí porque esa vez no fui. Pero antes de eso tuve un intento de secuestro en Colombia, me salvó de la guerrilla el ejército colombiano, eso ocurrió en una de las tantas veces que llevaba mercadería.

–¿Ha tenido una vida muy dura allá?

Sí, pero también muchas alegrías porque en Venezuela me casé con una venezolana hace 28 años, me dio cuatro hijos, ya todos mayores de edad; la menor tiene 18 años y está allá junto a otro de sus hermanos, con mi esposa y mi mamá, quien es una adulta mayor. Mi anhelo es traérmelos a Costa Rica.

–¿Cuándo empezó a empeorar la situación en Venezuela?

Hace unos diez años a la fecha empezó lo peor de todo al extremo; sin embargo, las cosas vienen mal desde hace unos quince años. Antes uno trabajaba y podía seguir comprando, cambiar de carro, pero conforme los años pasaban el poder adquisitivo fue bajando.

El 31 de marzo anterior una mujer exigía en las manifestaciones en Venezuela por agua y electricidad. Foto: Federico PARRA / AFP
El 31 de marzo anterior una mujer exigía en las manifestaciones en Venezuela por agua y electricidad. Foto: Federico PARRA / AFP

–¿Qué fue lo peor que vio y vivió allá?

Ver a niños de ocho años peleándose las bolsas de basura con cuchillos, buscando algo que comer. Eso se ve día a día en todas las ciudades, es terrible.

–¿Cómo hizo para sobrevivir con tanta violencia?

Debido a los problemas sociales nos fuimos a vivir a la isla Margarita (en el Caribe) porque esta es la parte más tranquila de Venezuela, al ser una isla no es problemático, pero la situación no daba para seguir más allá.

Carlos Rodríguez vivió los últimos años en isla Margarita de Venezuela, esta foto se la tomó en esa zona. Foto: Cortesía de Carlos Rodríguez para LT
Carlos Rodríguez vivió los últimos años en isla Margarita de Venezuela, esta foto se la tomó en esa zona. Foto: Cortesía de Carlos Rodríguez para LT

–¿Cómo hacía su familia para alimentarse?

Tuve que hacer trabajos de todo tipo para solventar los gastos. También tuvimos una ventaja y es que en isla Margarita el pescado es muy económico. Mi familia siempre buscaba la forma de apoyarse y buscar la manera para salir adelante. También mis hijos que están en Costa Rica se esforzaban y nos mandaban un poquito de plata para ayudarnos.

–¿La comida allá es muy cara?

¡Claro! Por ejemplo, al mes un trabajador se gana cuatro dólares (¢2300 en la actualidad) y una bolsa de harina cuesta un dólar (¢577) y eso sin hablar de frutas o legumbres. No hay un sueldo legal que alcance para vivir. Los que están comiendo allá es por otros venezolanos que están viviendo fuera del país y envían remesas a sus familiares para que compren, porque lo que uno produce allá no alcanza.

–¿La Venezuela que usted conoció no es la de ahora?

Puedo dar fe de cómo era, porque viví allá por 35 años, me da una tristeza, porque recuerdo mi juventud cuando podíamos comer un helado, salías de clases y te comprabas un refresco, caminabas por las plazas a bailar, se vivía la vida, pero eso es imposible ahora a menos de que tengas un familiar afuera que te mande dólares o que tengas un trabajo en el Gobierno y tengas un puesto alto, porque hasta los más bajos cargos están igual que uno.

–Entonces, ¿comerse un helado allá es un lujo?

Comerse un helado, tomarse un refresco o comerse un pedazo de pan es un lujo, es imposible comerse una hamburguesa.

Ellos son parte de los nueve ticos que vivieron muchos años en Venezuela y buscan una oportunidad en suelo costarricense. Foto: Cortesía Carlos Rodríguez para LT
Ellos son parte de los nueve ticos que vivieron muchos años en Venezuela y buscan una oportunidad en suelo costarricense. Foto: Cortesía Carlos Rodríguez para LT

–¿Qué es lo que más le duele al venirse para Costa Rica?

El dejar mucha gente buena, trabajadora, que está pasando muchas necesidades y sin tener culpa de nada. Hubiese querido meter en el avión a 500 personas porque hay muchos que no merecen lo que están pasando, tampoco tienen familia en otros países, ni los medios para salir de Venezuela porque para comprar un boletos se necesita mucha plata y uno solo gana $4 al mes, así es como vive el 90% de la población.

Don Carlos está en busca de trabajo, pues desea traerse a su familia a suelo tico, él está dispuesto en trabajar en lo que sea siempre y cuando sea honrado, por lo que si usted le quiere ofrecer un bretecito lo puede contactar al correo electrónico: cerm1714@gmail.com.

–¿La Costa Rica que encuentra es la que imaginaba?

Yo estudié en la Escuela República del Perú, la que está por el parque Morazán, en San José. Recuerdo que en aquellos tiempos Costa Rica era muy pueblerina y esa fue la idea que les vendí a mis dos hijos que se vinieron hace tres años. Estábamos acostumbrados a un país petrolero, de muchos edificios, pero cuando ellos llegaron me dijeron ‘no, papá, este es un país muy bonito, muy organizado, ordenado y lo bueno es que se ha mantenido la educación en los hogares’.

Mis hijos están fascinados y agradecidos por la acogida que han recibido. Se han amoldado y han entendido que hay que mirar hacia adelante y así estoy yo con el sueño de tener algún día a mi familia completa junto a mí.

Muchos venezolanos culpan de los problemas sociales, económicos y políticos de Venezuela al chavismo, en el poder desde 1999, primero con Hugo Chávez y ahora con Nicolás Maduro. De acuerdo con la BBC, la economía de Venezuela cae todos los días, los cortes de energía y la escasez de alimentos y medicamentos están expulsando a millones de venezolanos fuera del país.
Principales países a los que se van los venezolanos: Colombia, Perú, Estados Unidos, Ecuador, España, Argentina, Chile, Brasil y Panamá.
Carlos Rodríguez Martínez ha visitado junto a dos de sus hijos Zarcero, Naranjo y alrededores de Alajuela. Foto: Cortesía de Carlos Rodríguez para LT
Carlos Rodríguez Martínez ha visitado junto a dos de sus hijos Zarcero, Naranjo y alrededores de Alajuela. Foto: Cortesía de Carlos Rodríguez para LT