Marilyn Paz Bernedo caminaba hacia su trabajo en un club campestre en Birrisito de Paraíso, Cartago. Ella nunca llegó a su destino y desde entonces empezó un calvario para sus amigos y familiares.
El 10 de abril del 2009, la joven peruana de 29 años debía recorrer entre dos y tres kilómetros por un camino solitario después de bajarse del autobús.
Al día siguiente, sus amigos alertaron a las autoridades porque no sabían nada de ella. La búsqueda de pocas horas terminó con el hallazgo de su cuerpo en un cafetal, a pocos metros de la calle por la que debía caminar para llegar al trabajo.
Detrás del crimen había una historia de violencia doméstica, amenazas y acoso que, según la investigación judicial, se había intensificado durante los días previos.
Álvaro González Quirós, investigador del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), que tuvo a cargo el caso, recordó los detalles en el pódcast Cero 43 del OIJ.
El agente conocía a Marilyn desde antes del homicidio, pues ambos habían estudiado en la misma universidad. Ella cursaba con demasiado esfuerzo la carrera de Derecho.
“Marilyn era una persona emprendedora que vino a nuestro país a salir adelante”, mencionó el investigador.
Tras el hallazgo del cadáver, los investigadores empezaron a tratar de reconstruir el crimen.
Una relación marcada por la violencia
Según los testimonios recopilados por el OIJ, el 28 de marzo de 2009 la joven abandonó la vivienda que compartía con su esposo, de apellidos Araya González, después de un episodio en el que él habría intentado estrangularla contra una pared.
Otra persona intervino para que la soltara.
“Marilyn buscó refugio con dos amigas e intentó comenzar de nuevo. Con ayuda de compañeros universitarios, también procuró establecer un negocio de comida en Tibás, pero, según la investigación, su esposo llegaba hasta ese lugar”, dijo Álvaro.
El 3 de abril, denunció la violencia doméstica ante el juzgado de Paraíso. Dos días después, Araya fue notificado de las medidas de protección.
Pero ni siquiera estar denunciado lo frenó; el acoso continuó. Cuando Marilyn dejó de contestar las llamadas, el hombre habría recurrido a teléfonos públicos para llamarla.
El 6 de abril, ella cambió su número, pero las llamadas también alcanzaron a sus amistades.
“Él constantemente la llamaba, decía a los amigos que necesitaba hablar urgentemente con Marilyn. También habría amenazado con quitarse la vida y matar a la joven”, recordó González.
Pese a que ella había abandonado la casa y buscado protección, el 10 de abril desapareció mientras se dirigía a su trabajo.
El hallazgo en el cafetal
Poco después de las 7 a. m. del sábado 11 de abril, los amigos de Marilyn avisaron a las autoridades. Los agentes se trasladaron a Birrisito, una zona rural rodeada de lecherías, potreros, lotes baldíos y cafetales.
El cuerpo estaba a unos cinco metros de la calle, dentro de un cafetal. La autopsia determinó que Marilyn había muerto por asfixia provocada por la presión de un objeto romo en el cuello.
En el sitio, encontraron su bolso y sus pertenencias esparcidas. El teléfono celular no apareció, pese a los esfuerzos por localizarlo.
Desde el inicio, varias personas señalaron al esposo como sospechoso. Araya incluso estaba en el lugar y tuvo que ser apartado por la Fuerza Pública para evitar que lo agredieran.
“Esta fue la primera y más fuerte hipótesis policial: que Araya fuera el autor de los hechos”, explicó González.
Pero las sospechas no bastaban. Los investigadores necesitaban reunir pruebas que permitieran reconstruir lo ocurrido y establecer la responsabilidad del sospechoso.
Una colilla de cigarro aportó evidencia científica
Entre los indicios recolectados en el cafetal había cuatro colillas de cigarro. Una de ellas terminó convirtiéndose en una pieza importante para la investigación.
“Había cuatro colillas de cigarro, de las cuales solo una nos fue útil”, explicó González.
El análisis científico permitió obtener material genético que, según el investigador, vinculó a Araya como donador de la muestra.
La evidencia cobró relevancia al sumarse a los testimonios, los antecedentes de violencia y los demás elementos recopilados por los agentes. La investigación no dependía de un único hallazgo, sino de conectar distintas piezas para sostener la acusación.
Una fotografía publicada en La Teja también fue clave
La colilla no fue el único elemento que ayudó a los investigadores a relacionar a Araya con el lugar del crimen. Una fotografía publicada en el periódico La Teja en julio de 2009 también resultó importante.
Según relató González, Araya acudió a una entrevista en la que contó que cuando salía de su casa, sentía que todas las miradas del barrio estaban puestas sobre él.
La publicación llegó a manos de una vecina de la zona donde había aparecido el cuerpo de Marilyn. Al ver la fotografía, la mujer alertó a la Policía porque reconoció en el hombre de la imagen a alguien a quien había visto en el sitio del hallazgo.
El señalamiento aportó otro elemento a la investigación: un testimonio que situaba al sospechoso cerca del lugar donde encontraron a Marilyn.
Así, la fotografía publicada en el periódico y la colilla de cigarro contribuyeron desde frentes distintos a reconstruir el caso.
Una permitió que una testigo identificara al hombre que recordaba haber visto en la escena; la otra aportó evidencia científica que lo vinculó con la muestra analizada.
Junto con los demás indicios y testimonios, la investigación fue armada para llevar el caso a juicio.
35 años de prisión por el crimen
El 26 de agosto de 2009, Araya González fue detenido. Casi un año después del homicidio, el 17 de agosto de 2010, el Tribunal de Juicio de Cartago lo condenó a 35 años de prisión por el asesinato de su esposa.
Araya también fue señalado por incendiar el cuarto donde Marilyn guardaba sus pertenencias.
Durante el juicio, los jueces valoraron las pruebas indiciarias que permitieron establecer que el acusado había estado el 10 de abril de 2009 en el sitio donde mataron a la joven.
Al leer el fallo, el juez Sergio Quesada Carranza cuestionó que el acusado hubiera intentado evitar que lo relacionaran con el crimen.
“Usted se aseguró de no dejar prueba directa, pero testigos lo vieron cerca del lugar donde apareció el cuerpo”, manifestó, según la información publicada sobre la sentencia.
El tribunal también tomó en cuenta el comportamiento del acusado después de la desaparición.
Según lo expuesto durante el debate, llamó a la jefa de Marilyn para comunicarle que ella había desaparecido, pero los jueces cuestionaron que no mostrara interés en salir a buscarla.
La sentencia cerró la etapa judicial de un caso que había comenzado con la búsqueda desesperada de una joven que no regresó a casa.
Una mujer que intentaba empezar de nuevo
Marilyn había llegado a Costa Rica en el año 2000 para buscar mejores oportunidades. En 2006 se casó con Araya y juntos tuvieron una hija.
Cuando murió, trabajaba, estudiaba y trataba de construir un futuro para su familia. En las semanas previas al crimen había denunciado la violencia, buscado refugio y procurado alejarse de una relación que, según la investigación, estaba marcada por el acoso y las amenazas.
Para González, el caso representó un reto profesional y personal.
“Una obsesión que yo nunca había conocido en ningún caso, ni siendo jefe de homicidios, ni como investigador de homicidios”, contó al recordar el acoso que sufrió Marilyn.
El investigador también expresó la satisfacción que significó lograr que el caso llegara a una condena.
“Nos da satisfacción personal y profesional, por el reto que era y también por la persona que era Marilyn y por su familia”, manifestó.
La historia de Marilyn quedó marcada por los intentos de escapar de la violencia.






