Uno de los grandes anhelos que tenía Oldemar Obando Rosales era conocer a su nieto menor, esa la ilusión de finalmente tenerlo entre sus brazos quedó truncada por el ataque que acabó con su vida.
Obando era vecino de Nosara, Nicoya y esperaba con mucha ilusión la llegada de su hija Hillary, quien vive en San José y tenía previsto viajar a Guanacaste el miércoles 9 de setiembre, un día después del asesinato de Oldemar y su hermano, Carlos Obando Rosales.
Hillary tiene un hijo de siete años y un bebé de apenas cuatro meses. Aunque Oldemar se mantenía en contacto con ellos mediante videollamadas y fotografías, todavía no había podido conocer personalmente al menor de sus nietos.
“Yo vivo en San José con mi familia y mi papá vivía en Nicoya, tratábamos de visitarlo entre una a dos veces este año, yo tengo un hijo de siete años y un bebé de cuatro meses, él quería conocer a su nieto menor”, contó Hillary.
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Desde que nació el bebé, Oldemar le pedía a su hija que por favor se lo llevara.
“Desde que mi hijo mayor nació lo hemos tenido full contacto con mi papá y cuando el bebé nació siempre me pedía que por favor le llevara al bebé, que él quería conocerlo, nos hacíamos videollamadas, le mandaba fotos y cuando nosotros le dijimos que íbamos para allá, estaba que no se cambiaba por nadie”, relató.
La ilusión era tan grande que Oldemar comenzó a contarles a sus vecinos que su hija y sus nietos estaban por llegar.
“De hecho muchos vecinos nos comentaron que él nos estaba esperando, que a mucha gente les decía: ‘viene mi hija con los nietos, vienen mis nietos’”, recordó Hillary.
El anhelado encuentro nunca ocurrió
El martes 8 de setiembre, Oldemar y su hermano Carlos fueron asesinados a balazos en el parqueo de un centro comercial en barrio Arenales de Nosara, Guanacaste.
Según la versión preliminar del OIJ, los hermanos se encontraban frente a un bar compartiendo con un grupo de personas cuando, aparentemente, llegaron cuatro sujetos en dos motocicletas. Los hombres se bajaron de las motos y dispararon en múltiples ocasiones contra quienes estaban en el sitio.
Los dos hermanos murieron en el lugar producto de los múltiples impactos de bala.
Oldemar era conocido por sus tours de pesca
Más allá de la tragedia que enluta a su familia, Hillary recuerda a su papá como un hombre alegre, carismático y muy querido en Nicoya.
Oldemar se dedicaba a la pesca deportiva y realizaba tours, principalmente para extranjeros, junto con un hombre llamado Carlos, propietario de un barco.
“Mi papá era una persona demasiado carismática, alegre, amable, superamigable, la noche de la vela pudieron haber llegado unas 300, 400 personas al lugar porque él era una persona sumamente conocida de la zona”, describió su hija.
La familia asegura que muchas de las personas que conocieron a Oldemar lo han recordado con cariño en redes sociales y han destacado su forma de tratar a los demás.
Hillary afirma que ni a su papá ni a su tío Carlos los conocieron relacionados con problemas o actividades ilícitas.
“En nuestra conciencia sabemos que mi papá, ni mi tío andaban en malos pasos, nunca en cuestiones de drogas”, manifestó.
Ahora la familia espera que la investigación judicial permita esclarecer qué ocurrió y dar con los responsables del doble homicidio.
Oldemar fue sepultado en Barco Quebrado de Sámara, Nicoya, mientras que Carlos fue cremado.


