Ocho agentes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), dos de ellos en condición delicada, quedaron heridos durante el operativo Némesis, en el que las autoridades capturaron a Alejandro Arias Monge, alias Diablo, tras un enfrentamiento armado que se extendió por cerca de 50 minutos.
Seis de los policías heridos pertenecen al Servicio Especial de Respuesta Táctica (SERT), mientras que los otros dos forman parte de otras unidades del OIJ.
El director interino del OIJ, Michael Soto, describió las lesiones como propias de un escenario de guerra y destacó la valentía de los oficiales que participaron en la operación.
Uno de los agentes, con 20 años de servicio, recibió un impacto de bala en el brazo y el hombro izquierdo, lo que le provocó un problema circulatorio y obligó a que fuera intervenido quirúrgicamente.
Otro funcionario sufrió severas lesiones en una mano.
“Me dicen que prácticamente el dedo meñique le desapareció. Está estable, pero permanece internado,” relató Soto.
Un tercer oficial recibió el impacto de un proyectil en el casco de protección. La bala se fragmentó y algunos restos le alcanzaron los ojos. Aunque el golpe fue fuerte, las autoridades indicaron que, por fortuna, su visión no resultó comprometida.
Otro de los agentes del SERT sufrió una de las lesiones más graves. Un disparo le fracturó la tibia y el peroné de la pierna derecha.
“Su pierna quedó guindando. Estamos esperando que pueda salvarla. Es un compañero que tiene cuatro años de servicio”, manifestó Soto.
Mientras intentaba rescatar a ese oficial herido, otro agente, con 15 años de experiencia, quedó expuesto al fuego de los sospechosos. Un disparo impactó su espalda, pero el chaleco antibalas evitó que la lesión fuera fatal. Aun así, sufrió un importante desgarro en la piel.
Los demás policías presentaron heridas en brazos y muslos.
“Aquí hay dos compañeros que están delicados, más no graves”, añadió el jerarca.
Un poder de fuego superior
Soto aseguró que las lesiones evidencian la capacidad de fuego que tenía la organización criminal.
Durante el allanamiento, las autoridades decomisaron tres fusiles AK-47, dos AR-15, un fusil tipo FAL, utilizado con fines militares, además de tres pistolas, numerosos cargadores, cientos de municiones, dos drones empleados para vigilancia y joyas valoradas, preliminarmente, en unos $30.000.
El director interino del OIJ explicó que desde días atrás sabían que la intervención representaba un alto riesgo.
“Sabíamos que iba a ser complejo; incluso valoramos la posibilidad de que hubiera bajas, tanto de nuestros oficiales como de estos sujetos”, afirmó.
El llamado por más recursos
Tras detallar las heridas sufridas por los agentes, Soto aprovechó para insistir en la necesidad de fortalecer el presupuesto del OIJ.
Aseguró que mientras enfrentaban una estructura armada con fusiles de guerra, algunos funcionarios ni siquiera contaban con cascos de protección.
El jerarca lamentó que, durante el desarrollo del operativo, fuera informado de que tampoco recibirían los fondos correspondientes a la denominada norma 10 de la Ley de Presupuesto 2026.
Según explicó, esos recursos, que ascienden a ¢5.700 millones, estaban destinados a fortalecer la labor del OIJ y del Ministerio de Seguridad Pública.
“Al ministro Rodrigo Chaves Robles, por favor ayúdenos con el dinero de la norma 10. Lo necesitamos. Algunos de nuestros oficiales, los que estaban combatiendo, todos tenían cascos, pero los que estábamos atrás no teníamos cascos. No tenemos suficientes armas de fuego. Los delincuentes sí las tienen”, expresó Soto.
El director agregó que esos recursos permitirían adquirir chalecos antibalas, armas e insumos científicos; cubrir viáticos para investigaciones; y atender necesidades de infraestructura, ya que actualmente el OIJ debe alquilar edificios, pues sus instalaciones ya no tienen capacidad.
“Hemos puesto literalmente la piel, la sangre y el sudor para mejorar las condiciones de seguridad del país. Para seguir haciéndolo necesitamos contar, al menos, con lo básico”, concluyó.
