Jennifer Brenes, la veterinaria de 30 años, atacada a martillazos en Cartago, contó por primera vez con detalle cómo vivió esos minutos de agresión y qué cree que pudo haberle salvado la vida.
La sobreviviente relató su experiencia en el programa Código Veterinario, el podcast del Colegio de Profesionales en Medicina Veterinaria, publicado este lunes 5 de octubre.
“Físicamente, volví a ser yo, porque me sentía irreconocible. Las heridas físicas ya lograron sanar. Me costó mucho al principio porque estaba con mucho vértigo, tenía que andar en silla de ruedas o caminar agarrándome de las paredes”, contó.
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Aunque las heridas físicas ya sanaron, Jennifer reconoce que todavía hay momentos en los que piensa en lo que pudo haber ocurrido.
“Hay días que estoy bien, otro día me pongo a pensar: ‘Ay, ¿qué hubiera pasado si?’ (refiriéndose a morir) y, obviamente, me pongo triste, pero claro creo que es cuestión de tiempo de superar esta situación”, expresó.
El sospechoso es un sujeto de apellido Sosa.
Ese miércoles se sentía muy feliz
Jennifer recordó que aquella mañana comenzó como cualquier otro día. Alistó a su hija y, junto con su esposo, la llevó a la escuela. Después se fue a hacer ejercicios.
Cuando llegó a la veterinaria, se puso a limpiar.
“Ese miércoles me puse a limpiar la veterinaria, a barrer y mientras estaba limpiando yo decía, ‘¿Por qué estoy tan feliz?’”, recordó.
Cerca de las 10 de la mañana, un colega le avisó que Sosa nuevamente la estaba mal informando en redes sociales, una situación que, según relató, ya había ocurrido meses atrás.
Jennifer incluso había redactado una denuncia y la tenía impresa.
Sin embargo, nunca imaginó que horas después tendría que luchar por su vida.
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Vio el martillo y entendió que debía escapar
Pasadas las 3 de la tarde, Sosa llegó hasta el lugar.
“Esperaba que me fuera como a gritar o a pelear”, relató.
Se quedó esperando qué le iba a decir, hasta que vio que el hombre sacó un martillo de un bolso.
“Yo lo que vi y lo que tengo en mi mente a cada rato me pasa, es ver donde saca del bolso un martillo y la única manera que yo podía salir de ahí era tirándomele hacia él porque no tenía a dónde ir”, recordó.
“El primer martillazo fue en el teléfono, por dicha creo que era el que iba con más fuerza, me quebró el teléfono y salió por allá volando”, contó.
Después vinieron varios golpes más.
Jennifer comenzó a salir del lugar mientras estaba aturdida. Asegura que en ese momento el miedo a morir ni siquiera pasó por su cabeza.
“Yo le tengo pánico a la muerte y para mí hablar temas de muerte es muy difícil. Creo que yo estaba en un nivel de adrenalina tan alto que a mí no me pasó por la mente que yo me podía morir”, explicó.
Ella considera que esa reacción pudo haber sido determinante.
“Pienso que parte de eso de mi cortisol tan elevado me hizo salir tan rápido y que incluso aún me ha costado caer en cuenta lo que me pasó”, manifestó.
Sus gritos alertaron a quienes estaban cerca
Jennifer sabía que al frente había un lavacar y varios negocios donde acostumbraba a haber hombres.
Por eso comenzó a gritar con todas sus fuerzas.
“Yo gritaba porque sabía que al frente había un lavacar y varios negocios que siempre hay hombres. Entonces gritaba y gritaba fuertísimo; generalmente mi voz es bajita, pero ahí dicen que lo escucharon hasta la esquina”, recordó.
Mientras intentaba alejarse, iba mareada y aturdida. Finalmente, vio a un hombre que se acercaba a ella y se desvaneció.
Pese a la gravedad de las heridas, Jennifer nunca perdió completamente la consciencia y logró coordinar que llamaran a una ambulancia y que avisaran a su mamá, quien se encontraba cerca.


