Alejandra Portuguez Morales.11 julio

“Cuido a un chiquito y si él no está a la par mía en todo momento no estoy tranquila. Antes cuidaba a otro y apenas llegaba de la escuela lo encerraba en el cuarto, por miedo de que se me desapareciera para siempre, creo que soy sobreprotectora, pero después de lo de Yerelyn no soy la misma”.

Así se expresó una vecina del barrio San Martín de Santa Rosa de Santo Domingo, en Heredia, quien prefirió reservar su nombre, porque asegura que vive con mucho temor pues fue en esa comunidad donde desapareció la niña Yerelyn Alejandra Guzmán Calvo.

Este jueves 11 de julio se están cumpliendo 5 años sin saber nada de la menor, quien en ese momento estaba a un mes de cumplir seis añitos.

La menor estaba a punto de cumplir seis años cuando desapareció. Fotos Mariandrea García
La menor estaba a punto de cumplir seis años cuando desapareció. Fotos Mariandrea García

La paz de su familia y los vecinos también se perdió pues las cosas cambiaron, ahora desconfían de las personas que llegan a la comunidad que tiene pocas casas y que está rodeada de predios para tráileres y bodegas de empresas.

Elizabeth Araya fue la última vecina que vio a Yerelyn, quien ese día caminó 75 metros desde su casa hasta la pulpería El Rinconcito.

Precisamente Elizabeth atendía el negocio y recuerda como si fuera ayer cuando la pequeña llegó una moneda de ¢5 y le preguntó: “¿Qué me alcanza?”.

En la pulpería El Rinconcito fue donde vieron a la menor por última vez. Foto: José Cordero
En la pulpería El Rinconcito fue donde vieron a la menor por última vez. Foto: José Cordero

“Esto ha sido duro, nos quedó la zozobra de qué pasó, quién se la llevó”, expresó la lugareña.

Elizabeth reconoce que desde ese momento la comunidad ha tenido muchos cambios, entre esos el ser más desconfiados.

“Aquí se puso candado, antes no teníamos seguro en el portón.

"Incluso ahora las mamás son más precavidas, los niños no llegan solos a la pulpería, siempre van con los papás”, agregó.

Dijo que sus hijas ya son grandes, pero no deja de pensar en que les pase algo porque ese temor es inevitable.

“Uno vive con ese susto de qué puede pasar, incluso a mí me da miedo todavía y eso que mis hijas ya son adolescentes, porque así como pudo ser Yerelyn pudo haber sido otra chiquita”, manifestó.

Eduviges Brenes, otra de las vecinas del lugar, dice que desearía saber qué pasó con esta pequeña.

“Esto fue como si se la hubiese tragado la tierra, no sabemos nada de nada”, manifestó.

Por su parte, Marianela Brenes aseguró que quedaron con un trauma que es imposible de superar.

“Uno no volvió a vivir igual, antes mis sobrinos salían a jugar y uno estaba tranquilo, pero ahora yo me siento exclusivamente a cuidarlos porque me da mucho miedo.

“Tras de eso si oigo un helicóptero se me pone la piel de gallina, porque recuerdo cuando Yerelyn se perdió”, aseguró la vecina al recordar la búsqueda de ocho días que hicieron las autoridades alrededor sin éxito alguno.

Durante ocho días las autoridades buscaron a la niña, pero nunca tuvieron éxito. Foto: Albert Marín.
Durante ocho días las autoridades buscaron a la niña, pero nunca tuvieron éxito. Foto: Albert Marín.
Abuela aprendió a vivir con el dolor

Una foto, dos peluches y todos los recuerdos que dejó la pequeña siguen intactos en la casa de Rosario Benavides y don Jorge Guzmán, abuelos paternos.

Ellos siguen viviendo en la misma propiedad que compraron hace años, en la entrada estaba la casita en la que vivía Yerelyn, sus dos hermanos y sus papás, Jorge Guzmán y Hellen Calvo; sin embargo, ahora esa vivienda fue transformada en una bodega.

“El hecho de que uno no sepa si está viva o muertica nos hace perder la paz, hay días en los que uno piensa que si está viva la estarán drogando o haciendo tantas cosas que ahora se escuchan, esto es un duelo que no pasa”, exclamó.

Agregó que nunca tuvo una despedida y tampoco existe un lugar (cementerio) donde la puedan visitar.

Para Yesenia Guzmán, tía de la menor, es inevitable llorar cuando recuerda a su sobrina.

Doña Rosario Benavides y Yesenia Guzmán, abuela y tía de la niña desaparecida, conservan una foto y los dos peluches preferidos de la menor. Foto: José Cordero
Doña Rosario Benavides y Yesenia Guzmán, abuela y tía de la niña desaparecida, conservan una foto y los dos peluches preferidos de la menor. Foto: José Cordero

“Pasó el tiempo y uno desearía saber dónde está, a veces prefería que estuviera con Dios porque si está en las manos de alguien malo seguro le estaría haciendo daño. Cada día la extrañamos y sé que Dios no deja nada en tinieblas y todo lo saca a la luz, vamos a llegar a saber de ella”, indicó la tía.

Yesenia es madre de una niña que es un año menor que Yerelyn y juntas rezan por conocer en algún momento la verdad.

“Todas las noches rezo con mi hija Saray y ella le pide a Dios saber la verdad”, exclamó.

La pequeña siempre jugaba al frente y por el pasillo de la propiedad de sus abuelos paternos. Foto: José Cordero
La pequeña siempre jugaba al frente y por el pasillo de la propiedad de sus abuelos paternos. Foto: José Cordero
La familia no volvió a ser la misma

Después de perder el rastro de la menor, la familia no volvió a ser la misma. El Patronato Nacional de la Infancia le quitó a los papás la custodia de los otros dos niños, hermanos de Yerelyn, ahora ellos están bajo el cuido de los abuelos maternos.

Los papás los visitan, pero los abuelitos paternos, la tía Yesenia y la prima Saray solo los ven por fotos.

“Una vez los vi de largo en la plaza de Santa Rosa de Heredia, mi hija quería saludarlos, pero a ellos no los dejan hablar con nosotros y yo para evitar problemas le dije que solo los viéramos de largo, porque también comprendo que pasaron por una situación dura”, dijo Yesenia.

Esta era la casa en la vivía la niña junto a su familia, pero ahora es una bodega. Foto: José Cordero
Esta era la casa en la vivía la niña junto a su familia, pero ahora es una bodega. Foto: José Cordero
Piden que diga la verdad

Por esta desaparición, los jueces del Tribunal de Heredia condenaron al primo segundo de Yerelin, Alejandro Guzmán, alias “Capucho”, quien la acompañó a la pulpería el día que desapareció.

Este hombre descuenta desde el 2 de julio del 2015 una sentencia de 25 años de cárcel, 5 años por un abuso sexual y 20 por la sustracción de la niña.

Yesenia le pide que sea valiente y tenga temor de Dios para decir qué hizo con la inocente.

Alejandro Guzmán, primo segundo de la menor, fue la última persona que estuvo con la chiquita. Jorge Arce /Archivo
Alejandro Guzmán, primo segundo de la menor, fue la última persona que estuvo con la chiquita. Jorge Arce /Archivo

“Que diga la verdad, sabemos que hay una persona que hace que él no diga, pero todo va a salir a luz. Dios tiene que tocar su corazón y decir qué hizo con ella”, concluyó.

El próximo 15 de agosto la pequeña cumpliría 11 años, cursaría el quinto grado en la escuela Rubén Darío, en donde solo cursó medio año de kinder.

La comunidad asegura que el recuerdo de la pequeña seguirá en sus memorias y corazones, esperan algún día poder cerrar este amargo momento de sus vidas que los ha mantenido angustiados.

El fiscal Carlo Díaz llevó la investigación de la desaparición y afirma que fue un caso diferente a los demás, en el que humanamente y profesionalmente hizo, junto con el equipo del trabajo, todo lo posible.

“Hace unos días estaba recordando que el cuerpo nunca apareció, no hubo ningún indicio que nos llevara a encontrarlo, pero en mi interior estoy tranquilo porque se luchó hasta las últimas”, expresó el funcionario.

Díaz incluso mencionó que a la mamá de la menor le abrieron un proceso por no cumplir con las funciones como encargada de su hija.

La oficina de prensa de la Corte Suprema de Justicia confirmó que el próximo miércoles 28 y jueves 29 de agosto, en los Tribunales de Heredia, la mamá de Yerelin deberá enfrentar la justicia porque la fiscalía la acusó de incumplimiento deberes también conocido como abuso de patria potestad, el debate será público y contará con cuatro testigos.