Blanca Castro dice que en la cárcel se convirtió en una persona más segura y en una mejor mamá

Por: Rocío Sandí 4 junio

Blanca Castro llegó a la cárcel de mujeres Vilma Curling cuando tenía 31 años sin saber leer ni escribir.

Han pasado siete años desde entonces y dice que cuando cayó presa pensó que se le acabaría la vida, pero fue más bien en prisión donde aprendió a sentirse libre y se convirtió en una mejor persona.

Los errores del pasado la llevaron a recibir una condena de 25 años por el delito de trata de personas, pero no ha perdido el tiempo; lo ha aprovechado como nunca lo hizo mientras estuvo en libertad.

Blanca Castro aprovecha su tiempo en prisión en cursos y capacitaciones. Foto: Justicia.

“Cuando entré pensé: “¡hasta aquí llegó mi vida!”. Una de mis hijas tenía dos años y medio, el otro un año. Pensé que todo había terminado porque siempre he sido padre y madre para ellos”, cuenta.

“Yo no podía creerlo, estaba como si no fuera cierto. Pensé que aquí era como en las películas, que seguro me querían violar y todo eso, pero cuando llegué unas compañeras me dijeron muy amablemente ‘muchacha, le vamos a dar ropa para que se bañe’. Les dije que no, que muchas gracias porque ahorita vendrían por mí. Pensé que seguro firmaría unos papeles y me iría".

La realidad fue, y es, otra en todo sentido.

“Estaba tan equivocada. Una oficial me indicó cuál era mi cama, mi cajón, el reglamento, que no se permitía droga, ni celulares, todo eso. Su voz la escuchaba como ena la lejanía... Yo estaba como fuera de mí, como si a lo lejos viera una película pasar en cámara lenta.

"Hay cosas que se me escapan, pero las fechas, el tiempo, todo eso sí lo recuerdo perfectamente. Entré el 16 de marzo del 2013 a preventiva. A los ocho meses y medio me sentenciaron”, recordó.

Con los trabajos que hace recoge plata para mandarle a sus hijos. Foto: Justicia.

La vida de Blanca no ha sido sencilla. Tenía apenas 13 años cuando la mamá decidió venirse de Nicaragua porque decía que allá todo era mucho más duro.

“La familia fue saliendo de nuestra tierra natal a poquitos, como granos de maíz; primero se vino mi hermana, después mi mamá y después yo. Nos quedamos en Los Chiles, donde sembrábamos maíz y frijoles, pero al tiempo nos fuimos para Puerto Viejo de Sarapiquí. A los pocos años de llegar a Costa Rica tuve a mi primera hija”, cuenta.

Decidió superarse

Blanca dice que en la cárcel se dio cuenta de que tenía un gran valor como persona y que si se lo proponía podía llegar a ser una gran mamá y entonces puso manos a la obra.

“Yo nunca había ido a la escuela. Nunca en mi vida llegué a pensar que podría agarrar un periódico y leerlo. Pero aquí pude sacar la escuela y ahora estoy en el colegio, ya voy por noveno año”, explica.

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El encuentro con el estudio la ha cambiado.

“Me gusta mucho porque me permitió salir de la ignorancia en la que estaba. Me daba vergüenza no saber leer, no preguntaba nada para que la gente no supiera que no podía leer. ¡No puedo explicar lo que sentí cuando pude leer las primeras oraciones! ¡Cuando pude escribir mis primeras palabras!”, recordó llena de alegría.

Blanca ha llevado ya cursos de psicología, capacitaciones y talleres. Una de estas actividades fue sobre violencia de género, victimización y empatía en la cual aprendió que aun encarcelada podía reconstruirse como persona.

"Desde hace unos meses estoy en el taller de Karina Díaz, donde hago productos textiles y de bisutería. Es parte de un programa muy bonito que tiene el ministerio (de Justicia).

“Es una oportunidad muy buena porque representa una entrada económica para mí y para mis hijos. Es también algo muy bonito porque estamos aprendiendo a armar bolsos, pulseras y estoy emocionada porque aprenderemos a hacer decoraciones de sandalias”.

Blanca no se detiene en ese proceso de ser una persona mejor que se propuso.

La mujer está ahora en un curso en el que le enseñan a hacer y decorar bolsos. Foto: Justicia.

“Yo podría estar afuera y tener toda la libertad, pero puedo asegurar que afuera estuve más presa que aquí. He aprendido a descubrirme, a quererme, a valorarme. Si yo aprendo a quererme también aprenderé a querer a los demás”, asegura.

Dice que poco a poco se convirtió en la mujer que quiere ser y cada día se prepara para que cuando llegue el momento de recuperar la libertad pueda volver a su casa y ser una excelente madre.

"A veces pensamos que no podemos hacer algo, pero aquí vamos descubriendo las habilidades que tenemos. Las capacitadoras me dicen que soy muy rápida para aprender.

“Lo que he aprendido aquí me ha servido para cuidar a mis hijos afuera, educarlos para que se puedan defender”.

25 años de cárcel está descontando Blanca