Rocío Sandí.25 junio, 2018
Rolando León teme no reunir la plata de la pensión y tener que volver a la cárcel. Foto: Rafael Pacheco.
Rolando León teme no reunir la plata de la pensión y tener que volver a la cárcel. Foto: Rafael Pacheco.

Cuando el odontólogo Rolando León cayó preso en La Reforma por atrasarse en el pago de la pensión de su hijo Santiago, chocó de frente contra una horrible realidad.

Cuando llegó a la cárcel los policías penitenciarios lo llevaron al puesto once, donde están presos los deudores.

“De entrada el lugar es hostil y atemorizante; es sucio y huele mal. Me tocó la cama 14 del pabellón H, cuando revisé la cama levanté unas espumas con huecos que servían de colchón y vi que entre las reglas de madera salieron corriendo un montón de cucarachas.

Eder Molina Torres está preso por pensión por tercera vez. Foto: John Durán.
Eder Molina Torres está preso por pensión por tercera vez. Foto: John Durán.

“Antes del almuerzo me dieron una ‘sarta’, que es una bandeja de plástico con tres espacios, cada privado de libertad tiene uno y cuando llega la comida ahí se la dan a uno. Me tocó estrenarme en el almuerzo con arroz, frijoles y ‘aguacolitos’, son caracolitos, pero como en agua nada más, por eso les dicen así”, relató el dentista.

346 hombres están presos en el ámbito de pensiones de La Reforma.

En esa ocasión León no hizo fila porque según las políticas del pabellón, los nuevos el primer día comen de primeros.

En el pabellón B hay actualmente 58 privados de libertad. Foto: John Durán.
En el pabellón B hay actualmente 58 privados de libertad. Foto: John Durán.

El odontólogo tuvo que comer haciéndole frente a la terrible plaga de moscas que hay en la prisión.

“Cuando terminé de comer fui a lavar la bandeja y como aún no me habían llevado jabón, me tocó pasarle la mano nada más y así la tuve que guardar para usarla en la cena", contó.

La primera noche fue terrible, Rolando sentía que el camón en el que estaba acostado tenía huecos, por lo que pasó incómodo.

“Yo me ponía pedazos de papel higiénico en los oídos para que no se me metieran cucarachas mientras dormía. El día después de que llegué, revisé la cama y vi que los huecos que sentía era porque las reglas de madera estaba desacomodadas, entonces las moví y ya pude dormir un poco mejor”, narró.

Yeison Sibaja es uno de los reclusos por pensión que vive en el pabellón B del ámbito de pensiones. Foto: John Durán.
Yeison Sibaja es uno de los reclusos por pensión que vive en el pabellón B del ámbito de pensiones. Foto: John Durán.

Ese segundo día el odontólogo prefirió no bañarse.

“Hay un salón en el que las duchas están a la izquierda y los sanitarios a la derecha, no hay ningún tipo de privacidad, ni jabón ni nada, uno entiende que en una cárcel debe haber vigilancia, pero eso es otro castigo aparte de la privación de libertad. Yo no merecía eso, no cometí ningún delito, mi pecado fue no generar suficiente dinero para pagar la pensión que me impusieron”, argumentó.

León estuvo preso una semana, ya que una hermana pagó lo que debía, pero muchos de los deudores que están presos no tienen más remedio que pasar en la cárcel los seis meses que establece de castigo la ley.

Triste realidad para deudores

Muchas historias

En el ámbito de pensiones de La Reforma se encuentran todo tipo de historias. Por ejemplo la de Juan Carlos Calderón, un Ingeniero en Sistemas que tiene dos meses de estar preso; él tiene una pensión alimentaria de ¢477 mil.

“A mí me detuvieron cuando iba saliendo de una cita médica en la clínica Ricardo Jiménez Núñez, en Guadalupe. Me arrestaron dos días antes de que firmara un contrato con una empresa muy importante.

“Yo le dije a la mujer que me puso la pensión que hubiera ganado más si no me metía preso porque con el contrato me iba a ir muy bien, pero lo perdí y aquí encerrado no puedo trabajar.

Sergio Ramírez (izq), Alejandro Barboza (der) y Juan Carlos Calderón (fondo), se la ingenian para pasar el rato lo mejor que pueden. Foto: John Durán.
Sergio Ramírez (izq), Alejandro Barboza (der) y Juan Carlos Calderón (fondo), se la ingenian para pasar el rato lo mejor que pueden. Foto: John Durán.

“Lo más increíble de todo es que las personas que me han estado apoyando son mis hijos mayores y mi exesposa, a la que le di vuelta con la mujer que me tiene aquí preso”, explicó el recluso.

Juan Carlos dice que la mamá tiene un problema cardíaco que la tiene muy grave en el Hospital Calderón de Guardia y eso le quita la paz, ya que quisiera estar con ella.

Alejandro Barboza es otro de los privados de libertad que no pudo hacer frente a los pagos.

Los reos se las ingenian para ejercitarse

“Yo tengo dos pensiones, una por ¢100 mil y otra por ¢80 mil, he estado aquí dos meses y la preocupación mía es que cuando salga, si no consigo trabajo en un mes y me pongo al día con los ¢900 mil que debo, voy a volver a caer preso.

“Cuando yo llamo a mis hijos tengo que hacer fila en el teléfono público a veces hasta una hora para poder conversar con ellos cinco minutos. Los chiquitos le preguntan a uno que dónde estoy y es duro decirles que uno está en la cárcel como si fuera un ladrón o algo así. Además, me preguntan que cómo es aquí y yo tengo que mentirles y decirles que es bonito para que no estén tristes”, contó Alejandro.

Estos son los baños para todos los privados de pensiones. Foto: John Durán.
Estos son los baños para todos los privados de pensiones. Foto: John Durán.
De nada sirvieron los pagos

Sergio Ramírez trabajaba en construcción, pero ahora tendrá que salir a buscar trabajo porque al caer preso perdió el bretecito que tenía.

“Yo tengo una pensión de ¢90 mil y mi problema que es que yo le daba la plata de la pensión a mi expareja en la mano cada semana, no hacía depósitos, y un día ella fue al Juzgado y dijo que yo no le había pagado y por eso caí preso, por una mentira y supuestamente debo ¢500 mil.

“Llevo un mes encerrado y cuando he tratado de llamar a mi hijo me contestan y cortan la llamada, entonces no me he podido comunicar”, expresó Ramírez.

Suciedad pone en riesgo a reos

Antonio Azofeifa es un mecánico de motos que también está preso por pensión. Él debe hacer frente a un pago mensual de ¢85 mil para un hijo de 14 años y ahorita adeuda ¢385 por los meses que se ha atrasado.

“Es muy duro estar alejado de la familia en una cárcel sin ser un delincuente, yo nunca había estado preso en mi vida. La afectación psicológica de estar aquí es terrible y la pérdida de tiempo también”, argumentó.

Los privados de libertad tratan de poner la mejor cara a la terrible situación que están viviendo y se las ingenian para entretenerse; algunos lo hacen con juegos de mesa, otros con ejercicios en un improvisado gimnasio que armaron y otros haciendo manualidades, pero todos cuentan las horas para poder salir a generar plata y hacerle frente a las pensiones para no tener que regresar a la triste realidad de la prisión.

Antonio Azofeifa tiene cuatro meses de estar preso y dice que se siente muy mal emocionalmente. Foto: John Durán.
Antonio Azofeifa tiene cuatro meses de estar preso y dice que se siente muy mal emocionalmente. Foto: John Durán.
Se quejan de la comida

La mayoría de reclusos se queja de que las comidas de la prisión son terribles porque no saben a nada. Los alimentos que ellos reciben son:

  • A las 6 a. m. el desayuno: café con dos bonetes de pan.
  • A las 11:30 a. m. el almuerzo: arroz, frijoles, verduras y algún tipo de carne o pasta.
  • A las 2:30 p. m. les dan café pelado.
  • A las 4 p. m. la cena: arroz, frijoles y alguna carne como pollo o pescado.
  • A las 5 p. m. una merienda: fresco con una galleta soda.
Los reclusos tiene un espacio para hacer deportes, ejercicios y manualidades. Foto: John Durán.
Los reclusos tiene un espacio para hacer deportes, ejercicios y manualidades. Foto: John Durán.