Gilberth “Bebé” Artavia, exfutbolista costarricense de 39 años, estuvo con sus padres la mañana del domingo 6 de septiembre en Siquirres, pocas horas antes de salir hacia el partido durante el cual sufrió un malestar y posteriormente falleció. Su mamá, Marlene, reveló cómo fue aquel último encuentro familiar.
Un desayuno como tantos otros
La presencia de Artavia en casa de sus padres aquella mañana no resultaba extraña.
Aunque el exjugador tenía su apartamento en San Rafael de Siquirres, mantenía una relación muy cercana con sus progenitores, quienes viven en barrio San Martín.
“Todos los días él venía a visitarnos, desayunaba con nosotros, almorzaba aquí. Por la tarde él venía y por la noche, a las cinco, ya se despedía”, relató Marlene.
Ese domingo siguió la costumbre y llegó a desayunar.
Después de compartir con ellos, le contó a su mamá qué tenía planeado hacer.
“Mami, voy a dormir un rato porque a la una voy a jugar un partido con los veteranos de Siquirres”, le dijo.
“Más tarde vengo”
Tras descansar, llegó el momento de marcharse y ambos volvieron a conversar.
“Lo último que hablé con él fue en la mañana cuando vino a desayunar. Él me dice: ‘Ma, ya me voy’”, recordó su madre.
Gilberth agregó una frase que hacía pensar que volverían a verse unas horas después.
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“Más tarde vengo, voy a jugar un partido en La Francia”.
Marlene se despidió de la misma manera en que acostumbraba hacerlo cada vez que su hijo salía.
“Papi, que Dios me lo acompañe”.
Esa terminó siendo la última frase que le dijo.
“Como siempre, todos los días le decía que Dios me lo acompañe y se fue”, expresó.
Un hijo pendiente de sus padres
Al recordar a Gilberth, Marlene destacó especialmente el cariño que mostraba hacia ella y su esposo.
“Mi hijo muy amoroso, no tengo quejas de él, siempre preocupado por mi salud y la de mi esposo”, afirmó.
La cercanía explica por qué “Bebé” formaba parte de la vida cotidiana de sus padres aun cuando ya tenía su propia casa y sus responsabilidades.
La despedida de aquel domingo ocurrió dentro de esa normalidad. No hubo una conversación extraordinaria ni palabras preparadas para un adiós.
Artavia simplemente anunció que iba a jugar y dijo que regresaría.
Su mamá hizo lo que había hecho incontables veces: encomendarlo a Dios antes de verlo marcharse.
Horas después, la familia recibió la noticia de su fallecimiento.
Horas después, la familia recibió la noticia de su fallecimiento.


