Katherinne González habló sin filtros sobre el duelo que atraviesa y reconoció que hay días en los que se siente vulnerable, perdida y con muchas preguntas después de despedir a dos hombres fundamentales en su vida.
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La humorista e imitadora de Pelando el Ojo perdió a su papá, Luis Enrique González Villalobos, el 30 de abril de 2025. Poco más de un año después, volvió a enfrentar una pérdida familiar con la muerte de su abuelito paterno, Luis Jacobo González Benavides, conocido cariñosamente como “Popo”, quien falleció el martes 25 de agosto a los 95 años.
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En medio de ese proceso, Katherinne decidió compartir una reflexión sobre lo que significa continuar con la vida mientras se aprende a convivir con una ausencia.
La humorista reconoció que nada prepara a una persona para despedirse de quienes ama y que tampoco existe un manual para saber cómo llevar un duelo.
Contó que desde el inicio ha querido mostrar su proceso de una manera real, especialmente porque sabe que muchas personas pasan por momentos similares. Según explicó, durante los primeros días suele haber mensajes y compañía, pero con el tiempo el dolor puede vivirse de una manera mucho más silenciosa.
Para Katherinne, permitirse sentir ese dolor no es algo de lo que quiera arrepentirse.
“Extrañarlos es el privilegio de haberlos vivido”, expresó.
La imitadora también habló de lo difícil que resulta imaginar su vida sin los consejos, las risas y la sabiduría de su papá y su abuelito, a quienes relacionó con sentimientos de protección, seguridad y amor.
Aunque reconoce que su ausencia le duele, aseguró que quiere darle un nuevo significado a esa partida y encontrar parte de ellos en las cosas buenas que le sucedan, en aquello que disfruta y hasta en lo que ella misma es.
También agradeció a Dios por haber tenido la oportunidad de ser hija y nieta de dos hombres a quienes describe como increíbles y a quienes asegura que seguirá amando.
Katherinne cerró su reflexión con una enseñanza que, según ella, le ha dejado este proceso: el duelo no desaparece, sino que cambia la manera en que se vive.
“El duelo nos cambia, no se supera sino que se transforma a nuestras vidas”, afirmó.
A partir de ahí, hizo un llamado a no dejar para después las palabras y gestos que muchas veces se dan por sentados: decir lo que se siente, pedir perdón, perdonar, abrazar a quienes se ama y dejar de lado los rencores y el orgullo.
“Porque la vida no avisa cuándo será la última vez”, concluyó.


