Lleva sentándose 18 años todos los días, desde las 5 a. m., en el mismo lugar a vender tarjetas telefónicas.
Su nombre es Concepción Tenorio y si hay alguien con autoridad para hablar de teléfonos públicos es ella.
Esta señora de acento nicaragüense asegura que aunque las ventas de tarjeticas han bajado montones, aún vive de ello.
Tenorio se sienta en una banquita al frente de los 12 teléfonos públicos que están al costado oeste del Parque Central y aunque son pocos los que siguen usando esos aparatos, esta mujer sobrevive porque cuenta con una clientela fija.
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“Ha bajado muchísimo la venta de tarjetas, antes de la tarjeta chip traía 400 y vendía 200 en la mañana y 200 en la tarde, y ahora si acaso vendo 50 y eso que yo llego a las 5 a. m.”, comentó Tenorio.
“Me recuerdo que antes la gente hasta se peleaba, se daban por la jupa por el teléfono, hasta la Policía se los llevaba. Eran pleitos bravos, imagínese aquí las grandes filas que se hacían y eso que antes eran 24 teléfonos, ahora solo está la mitad y ni se llenan”, añadió.
Aunque sabe que los celulares cada vez comen más terreno, doña Concepción está segura que los públicos nunca morirán, ya que la mayoría de sus clientes son personas a las que les robaron el teléfono, lo perdieron, extranjeros y hasta privados de libertad.
Tenorio vende tarjetas para teléfonos públicos que son exclusivas para las cárceles de este país, ya que solo esas pueden usar los convictos.
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La señora de las tarjetas tiene precios desde los ¢500 hasta los ¢2.500.