Diario Olé.2 julio
Jonatan salió con foto, chema de portugués e invitación a ver un juego al palco de Cristiano. Foto: Diario Olé
Jonatan salió con foto, chema de portugués e invitación a ver un juego al palco de Cristiano. Foto: Diario Olé

En el fútbol argentino hay un personaje que se ha robado el show en las últimas semanas, tanto así que se volvió en toda una personalidad en redes sociales.

Su verdadero nombre es Jonatan Gabriel Svecoff, pero todos lo conocen como Patita, mejor dicho, el Patita Lescano.

Le dicen Patita por ser renco (un problema de nacimiento lo obliga a caminar con dificultad) y Lescano por Pablito, el líder de Damas Gratis (grupo músical), que lo sacó de las calles y le dio su primer brete.

Al Diego le entró por la música, lo invitó a ver a Damas Gratis a San Miguel. Foto: Diario Olé
Al Diego le entró por la música, lo invitó a ver a Damas Gratis a San Miguel. Foto: Diario Olé

Patita es un personaje superconocido y muchos creen que es hijo de Pablito, pero no. Él es famoso por sí solo, sobre todo en Instagram, donde tiene casi 70 mil seguidores gracias a sus fotos con los megacracks del fútbol mundial como Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, pasando por Diego Armando Maradona, Riquelme, Carlitos Tevez, Antoine Griezmann, Zidane, Marcelo, James Rodríguez y Sergio “el Kun” Aguero.

Pero, ¿de dónde salió Patita? ¿Cómo logró fotografiarse con semejantes monstruos? ¿Es cierto que durmió en el sillón de la casa de Maradona? ¿Y que vio un partido en el palco de Cristiano en Madrid?

Imposible no aprovechar una visita a Madrid para sacarse foto con el crack, Zidane. Foto: Diario Olé
Imposible no aprovechar una visita a Madrid para sacarse foto con el crack, Zidane. Foto: Diario Olé

Patita tiene 37 años. Es un soltero sin apuros, no tiene novia y ni quiere tener, aunque pretendientes no le faltan.

Se crió en San Telmo, pero anduvo por todos lados. Su papá murió cuando él era un güila, casi no lo conoció. Y con su mamá no habló más después de que un incendio consumiera la casita en la que vivía.

A Patita la Justicia lo mandó a un hogar para niños con adicciones, aunque jura y perjura que jamás probó la droga. Allí pasó dos años. A los 12 supo qué era tener cédula: la primero la rompió y nunca más la tramitó.

A los 14 se escapó por tercera vez. Y no volvió. Durmió en la calle. A veces los empleados del tren subterráneo lo metían escondido a la estación Constitución para que pasara la noche bajo techo. Y otros amigos choferes de buses le consiguieron un certificado de discapacidad para que viajara gratis.

Vendió estampitas en colectivos y bares. Vendió flores, golosinas y diarios que le regalaban en Crónica. Y cuando podía asistía a los entrenamientos para sacarse fotos con sus ídolos.

Patita tiene fotos con todos los mejores del planeta. Foto: Diario Olé
Patita tiene fotos con todos los mejores del planeta. Foto: Diario Olé

Patita es fan de Boca y en los clubes empezaron a conocerlo y a darle una mano. El futbolista Ángel Correa y Agustín Jiménez (representante del jugador e hijo del vice de Racing) le presentaron a mil figuras, lo hicieron conocer mil vestuarios y mil países. Patita pasó a ser casi como uno más de ellos y hasta tener un patrocinador (Empanadas de 10).

“Hay gente que piensa que tengo plata porque me ven con ropa de marca, pero yo soy pobre, amigo. Siempre fui pobre. Cobro la pensión que no me alcanza para el alquiler y doy una mano en el edificio donde vivo: limpio, saco la basura, pago impuestos. Les hago chambas a los vecinos. Saco cien pesitos de acá, cien pesitos de allá, voy tirando”, le cuenta a Olé, mientras su celular no para de sonar.

De repente, Patita pide un segundo para seguir con la nota. Acaba de llegarle un audio del Gordo Ortigoza. Quiere saber en qué anda, qué es de su vida. Patita le responde con una invitación: el jueves tocan los Palmeras en el Casino de Rosario, porque Patita también es músico y llegó a tocar con su grupo en Pinar de Rocha a cambio de un saludito de Messi.

Patita no sabe leer ni escribir (no se acuerda hasta qué grado hizo).

Conoció a Lescano cuando Pablito era tecladista de Amar Azul y breteó al lado suyo durante 20 añitos.

“A Maradona lo llevé a ver a Damas Gratis a un boliche en San Miguel. Lo conocí a través de Rocío Oliva, que es amiga mía. Les armé un VIP y les llevé gorritas y camisetas de la banda. Y la pasaron muy bien, tanto que me invitaron a dormir a la casa. Ellos durmieron en la habitación y yo en el sillón del living, al lado de dos osos de seguridad. Al otro día comimos un asado y jugamos”, narra.

A Messi, el otro 10, lo conoció en el predio de Ezeiza, una tarde que fue a tomar mate con Correa. Se sacó una foto ahí y otra dos días después en un restaurante de Puerto Madero.

Antoine también posó para la cámara de este personaje argentino. Foto: Diario Olé
Antoine también posó para la cámara de este personaje argentino. Foto: Diario Olé

A Angelito, dice, le debe todo: “Un día lo acompañé al aeropuerto, él se iba para Madrid, estaba con Agustín Jiménez. Y de la nada me dicen: “¿Querés venir?”. Imagínate yo. Me sacaron un pasaje y me subí al avión con lo puesto. Estuve un mes. Ángel me llevó a la práctica del Atlético y conocí a Griezmann, al Niño Torres, al Cholo”.

Pero a Patita le quedaba un sueño por cumplir. A través del empresario conocería a uno de sus grandes ídolos, Cristiano Ronaldo: “Me regaló su camiseta autografiada, le hice escuchar un tema mío y me invitó a su palco. Y ahí fui solito al Bernabéu. Vi el partido con su mamá y su hijo. Ese día él metió tres goles, y yo toqué el cielo con las manos”.