Diario Diez.9 septiembre, 2019

Un joven, de 17 años, se roba toda la atención en el fútbol boliviano, ya que además de sus grandes condiciones futbolísticas juega con un solo ojo pues a los 13 años perdió la visión del ojo derecho.

Su visión nunca ha sido obstáculo para mostrar sus habilidades con el balón. Foto: Diario Diez
Su visión nunca ha sido obstáculo para mostrar sus habilidades con el balón. Foto: Diario Diez

Rojas habló largo y tendido con Diario Diez desde su país.

La confianza y seguridad con la que entabla conversación y su fe en el Creador lo hacen parecer una persona mayor de lo que es. Él está por sacar el bachillerato del colegio de Montero y su gran pasión es el fútbol.

Las llamadas de su madre para saber qué está haciendo, detienen la entrevista por algunos segundos. Son las 4 p. m. y está un poco apurado, necesitaba sacar un permiso, por ser menor de edad, para viajar con el Guabirá a visitar al Aurora en Cochabamba. El encuentro se disputó este domingo y terminó 1-1, pero el joven no jugó.

“Estoy feliz por el momento que vivo y espero arreglar la situación económica lo antes posible”, Wílmer.

El güila ofrece disculpas, pero luego se desata hablando. Quiere decir muchas cosas y contar cómo llegó a debutar en la División Profesional.

Tiene condiciones especiales para el fútbol, no por nada con apenas tres semanas en primera, Víctor Hugo Andrada, técnico del Guabirá, lo hizo debutar el 31 de agosto en la derrota de visitante ante Royal Pari (2-0). En ese partido hizo intervenciones importantes, generando tres jugadas de peligro. Además, se convirtió en un caso único en la historia de la primera división de Bolivia.

Wilmer pidió que la entrevista se haga en su colegio, allí están sus compañeros de toda la vida, quienes aseguran que siempre fue capitán y figura de los equipos que integró en los torneos de los Juegos Estudiantiles. Lo rodean para salir en la foto, y luego él pide que se alejen un poco para no distraerse.

Más que orgullosos de Wílmer están los compas del cole. Foto: Diario Diez
Más que orgullosos de Wílmer están los compas del cole. Foto: Diario Diez

“La verdad que ese impedimento no me frenó nunca. Quería ser futbolista y aquí estoy. Quiero llegar lo más lejos posible”, aseguró.

La tragedia se dio cuando corría en un cañaveral, ubicado cerca de su casa. En ese momento se cayó, con tan mala suerte, que su ojo derecho golpeó en una punta de caña cortada. Al instante sintió dolor, pero nada más, por ello no les dijo nada a sus padres. Luego fue perdiendo la visión, hasta que a los 13 años prácticamente se tuvo que adecuar a convivir con la visión de un ojo.

Así se acostumbró a jugar, en su barrio, en el colegio y en las pruebas que hizo, buscando el sueño de todo futbolista, ser un jugador profesional.

Cuando aún era leve su problema de visión, a los 10 años, le ofrecieron una beca para que jugara en la Tahuichi, donde le iban a dar vivienda. Pero no se decidió por la propuesta y siguió entrenando en una escuela de fútbol de su barrio, en la que aprendió mucho del entrenador Gonzalo Zelada.

“Póngalo a él, por favor”, insiste Wilmer, que trata de no olvidarse de nadie, en especial de los que le dieron una mano en sus inicios.

A los 15 años, ya con el impedimento de su visión, probó suerte en el Blooming y quedó entre los 15 elegidos.

“Entrené dos meses y luego no alcanzó el bolsillo de mis padres, pues debían darme entre 30 y 40 bolivianos para el traslado diario”, recordó.

Luego pasó las pruebas en la reserva del Guabirá, donde en la primera semana se ganó el puesto. Allí seguía sorprendiendo por su nivel, dejando de lado el inconveniente de ver solo con un ojo. Por su edad, llegó a jugar casi al mismo tiempo durante dos años en la sub-17, sub-19 y reserva. El entrenador Hugo Sosa, siempre que podía, destacaba su nivel, consciente de que era cuestión de tiempo para que pasara al primer equipo.

Rojas viaja más que contento junto al primer equipo. Foto: Club Deportivo Guabirá
Rojas viaja más que contento junto al primer equipo. Foto: Club Deportivo Guabirá

Así estuvo hasta hace cuatro semanas, cuando el entrenador de la reserva Hugo Sosa, exfutbolista que se desempeñaba de delantero, le comunicó que Andrada, técnico de la primera, lo quería inmediatamente en su equipo.

En la principal categoría siguió sorprendiendo, y “Copito” lo hizo debutar a las tres semanas. Rojas esperaba saltar a la cancha ese día, pues ya le habían comunicado que hasta titular podía ser.

Tras debutar en la División Profesional, el miércoles llegó a su colegio y le llovieron las felicitaciones.

En realidad, sus compañeros y profesores esperaban esto y mucho más de él, porque saben de sus condiciones y del nivel que mostraba en los torneos intercolegiales.

Piensa en grande

Entre los sueños por cumplir que tiene Rojas está jugar en la selección boliviana y hacerse operar para recuperar la visión del ojo derecho.

“En su momento no me hice la cirugía porque me dijeron que había dos opciones, recuperar la vista completa o quedar para siempre como estoy”, explicó.

Wilmer aseguró que la operación costaba 5.000 dólares. Ahora tiene fe en que con los avances de la medicina los riesgos disminuyen.

“Quiero ser el de antes, y tengo fe en que lo voy a conseguir”, recalcó y sostuvo que la motivación que tiene es por el apoyo de su familia, en especial de sus padres, José Rojas y Candelaria Acuña.

Wilmer confesó que algunos de sus compañeros de equipo en Guabirá hablan del tema de su incapacidad y de sus condiciones que tiene.

Este futbolista sueña con vestirse de verde, la camiseta de su selección. Foto: Club Deportivo Guabirá
Este futbolista sueña con vestirse de verde, la camiseta de su selección. Foto: Club Deportivo Guabirá

Lo consideran uno más del grupo, por ello lo aconsejan. “Amarilla (Nelson) es uno de los que me dice que juegue tranquilo, tal como lo hacía en la reserva”, indicó.

El ascenso de Wilmer Rojas al primer equipo de Guabirá ha sido rápido, a tal punto que hasta la fecha aún no firmó su contrato con el club azucarero.

“Me dijeron que dependía de mi debut, pero aún no me llamaron”, sostuvo.

El volante ofensivo o delantero por derecha se mantiene con los 1.000 bolivianos (¢84 mil) que el club le entregó como bono cuando comenzó a entrenarse con el primer plantel.

“Estoy feliz por el momento que vivo y espero arreglar la situación económica lo antes posible. Estoy donde siempre soñé”, manifiesta el jugador.

La salvada es que sí le dan los permisos para que pueda viajar, porque es menor de edad. Foto: Club Deportivo Guabirá
La salvada es que sí le dan los permisos para que pueda viajar, porque es menor de edad. Foto: Club Deportivo Guabirá

Pese a que el fútbol puede ser su trabajo de aquí para adelante, quiere seguir estudiando, por ello es que ha pedido ayuda a sus profesores para que pueda terminar el año y salir bachiller.

Hay algunos maestros que le están impartiendo clases particulares para que no se retrase y pueda rendir bien en los exámenes.