El Clarín.8 noviembre

El puño se apretó con fuerza cuando en Argentina se anunció, en marzo, que el fútbol femenino sería profesional.

Florencia Quiñones sostiene a un bebé tras ganar el Superclásico de este año. Son decenas las futbolistas madres en Argentina. (Foto: Lucía Merle)
Florencia Quiñones sostiene a un bebé tras ganar el Superclásico de este año. Son decenas las futbolistas madres en Argentina. (Foto: Lucía Merle)

San Lorenzo se apuntó e hizo los primeros contratos, con la incorporación de Macarena Sánchez, la pionera en la lucha por un fútbol femenino profesional.

Del dicho al hecho, claro, había un camino que recorrer. Y fue tan largo que duró meses: recién en septiembre comenzó el torneo de Primera División y los contratos tenían muchos agujeros legales.

“No se sabe qué va a pasar con el tema de la maternidad o si viene una chica trans con identidad femenina”, le había dicho Sánchez a Clarín en una entrevista publicada antes del arranque del campeonato.

En el fútbol femenino argentino, el embarazo era sinónimo de lesión, ya que imposibilitaba a la jugadora a seguir en la actividad y por ende el club perdía a una integrante para afrontar el campeonato.

Pero en un fútbol femenino que avanza en sus conquistas eso ya no será así. La AFA anunció que en el nuevo régimen de la relación de trabajo, acordado con Futbolistas Argentinos Agremiados, una jugadora embarazada mantendrá el empleo y su salario. Es decir que seguirá cobrando aunque no pueda jugar.

“Durante dicho lapso, la futbolista conservará su empleo y el club continuará abonándole la misma suma equivalente a la remuneración pactada, hasta la fecha del certificado médico que habilite el reinicio de la actividad, aun en el caso que el contrato se hubiere extinguido”, informó la AFA, que adicionalmente precisó que si su contrato se hubiese terminado y el libro de pases se encontrara cerrado, “deberá la AFA abrirlo otorgándole un plano adicional de 20 días hábiles a fin de posibilitar su incorporación al club de su preferencia”. Lo mismo deberá pasar si la futbolista es aficionada.

Ruth Ruano, jugadora del Sporting Son Ferrer de España, dio el pecho a su hija recién nacida en medio de un entrenamiento del equipo. Foto: D10
Ruth Ruano, jugadora del Sporting Son Ferrer de España, dio el pecho a su hija recién nacida en medio de un entrenamiento del equipo. Foto: D10

En el escrito se marcan tres puntos clave. El primero es que tanto las profesionales como las del fútbol aficionado deberán firmar una declaración de no embarazo para poder jugar.

El siguiente indica que una vez que notifique al club de su embarazo, si no lo hace, se lo considerará “falta grave”, la futbolista tendrá prohibida la participación en “entrenamientos normales y/o partidos de fútbol, oficiales o amistosos”. Además, deberá entregar un “certificado médico con la fecha presunta del parto o requerimiento de su comprobación, hasta la fecha del certificado médico que habilite el reinicio de la actividad”.

“Las futbolistas profesionales o aficionadas podrán realizar las actividades físicas y/o deportivas que sean indicadas por su facultativo personal (...), siendo de su exclusiva responsabilidad las eventuales consecuencias dañosas que se deriven de la practica física y/o deportiva por él autorizada”.

Por último, el tercero se refiere a qué deberá hacerse si una futbolista es despedida sin causa justificada. En ese sentido, el club deberá abonarle la indemnización especial y las indemnizaciones por antigüedad por omisión de preaviso y, en su caso, por vacaciones no gozadas.