Un vivo ejemplo de una mujer que logró superarse para andar en su motocicleta a pesar de sentir la discriminación de la gente en la carretera y, encima, haber vivido incidentes que pusieron en peligro su integridad.
Fátima Alvarado tiene una Honda Twister de cilindraje 125, la cual compró en 2018 y desde entonces se ha vuelto su fiel compañera. Pese a tener también su carro, la moto representa mucho para ella, incluso con una historia trágica detrás de cómo fue que le dio por entrar en ese mundo.
“Un día trabajando en San José, venía de vuelta, eran como las 5 o 6 de la tarde, y alguien se había tirado del puente del Ricardo Saprissa. En ese momento me dije que no podía estar esperando tanto en presas, pero no tenía plata para un carro y nadie sabía manejar moto en mi casa, ni tampoco conocía una mujer que se animara a manejar moto. Fue difícil, pero empecé a ahorrar y la compré con la ayuda de mi papá”, contó la mujer de 31 años.
El inicio fue complejo para Fátima, ya que se sintió en peligro en las calles y vivió momentos en los que sufrió discriminación.
“Andar en la calle fue complicado, ya que me gritaban, me tiraban el carro los hombres, pues en ese momento era un tabú, ya que las mujeres andaban en scooter y los hombres en motos. Entonces para mí es algo especial por ser de las pocas mujeres que en mi zona manejaron moto”, reveló la vecina de San Isidro de Heredia.
Fátima confesó las situaciones que le tocó vivir por su género en sus primeros días en las calles.
“Me tiraron carros por ser mujer. Un día me pasó que iba manejando normal y un señor me tiró el carro, y cuando me caí, y estaba juntando la moto, no me la aguantaba, ya que estaba empezando. Entonces, el señor me gritó que tenía que ser mujer y que yo no debía andar en moto. En el momento que aprendí, había mucho machista”, señaló ella, quien desde 2018 tiene su moto.
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Pese a llevarse sustos, nunca se rindió
Además de sufrir por ese tipo de situaciones incómodas en la carretera, Fátima tuvo accidentes que, gracias a Dios, no pasaron de un golpe o una lesión.
“Cuando estaba aprendiendo, en mis primeros meses, venía detrás de un bus y este frenó de golpe; solté la moto, y quedó debajo del bus. El chofer arrancó y se me raspó toda la moto.
“Otro día, con lluvia, en San Rafael doy una vuelta y me derrapó la moto; me golpeé la cabeza en la calle, por dicha no me pasó nada, solo golpes y raspones.
“Pero un día yendo al gimnasio se me cruzó un ciclista. Era un lugar oscuro, yo iba por mi carril, pero se me atravesó y cuando me lo quité pegué mi pierna en la bici, me caí y me hice un esguince con el que acabé en el hospital. Gracias a Dios, no he tenido alguno más grave”, añadió.
La situación en la carretera ha cambiado para Fátima
Pese a las situaciones que vivió, Fátima admite que estas han cambiado y que más bien le han piropeado por lo bien que maneja su moto.
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“Actualmente, cuando paro cerca de un hombre o cualquiera, me ven y algunos me dicen que manejo muy bien, y cuando llego la gente se queda asombrada y me dicen que manejo muy bien; incluso en el gimnasio me dicen que se nota que manejo mejor que muchos hombres y yo siempre agradezco eso”, agregó luego de todo lo que le tocó pasar en sus inicios como motociclista.




