Sergio Alvarado.10 octubre
Un gol es un gol y siempre se celebra con todo, sino que lo diga Róger Rojas con el pepino que marcó este miércoles en Alajuelita. Foto: Rafael Pacheco.
Un gol es un gol y siempre se celebra con todo, sino que lo diga Róger Rojas con el pepino que marcó este miércoles en Alajuelita. Foto: Rafael Pacheco.

Los delanteros de Alajuelense Róger Rojas y Jonathan Moya se olvidaron este miércoles, durante casi una hora, que son compañeros y cada uno se puso un chaleco diferente para liderar a sus equipos en una mejenga muy especial que armó la Fuerza Pública en la urbanización Vista Real, en Concepción Abajo de Alajuelita.

La mejenga la armaron en plena calle, como sucede con los partidos del barrio, así que todo metían pata bajo el solazo que pegó al mediodía. El Ro-Ro y Moya gozaron de lo lindo y se rieron como niños recordando los años en que pasaban mejegueando largas horas en la calle, como lo hacen ahora los pequeñines con los que hicieron equipo.

Rojas recordó las mejengas que se pegó en las calles polvorientas en la colonia Betania, un lugar pobre, considerado un barrio marginal en Tegucigalpa, la capital hondureña, por lo que participar en una actividad de este tipo le llegó al corazón y le sacudió los recuerdos.

La marca al goleador manudo le anduvo siempre muy de cerca, nadie regaló nada en esta mejenga. Foto: Rafael Pacheco.
La marca al goleador manudo le anduvo siempre muy de cerca, nadie regaló nada en esta mejenga. Foto: Rafael Pacheco.

“Ahora comentaba con los vecinos del barrio que todo esto me recuerda mucho esos momentos de mi niñez, me imagino la emoción que tiene los niños al recibir a dos jugadores de la primera división. Esto me lleva a aquellos momentos. Donde yo nací había calles de pura tierra, no había pavimento”, indicó el catracho.

El Ro-Ro confiesa que él era igual que muchos niños con los que compartió este miércoles. Los chicos comentaron que son superfiebres para el fútbol y que pasan jugando todo el día.

“Imagínese que enfrente de mi casa había un campo de fútbol, donde pasaba casi todo el día, cómo no me iba a gustar”, explicó el jugador.

Moya también recordó sus épocas de mejengas en su natal Monteverde, en Puntarenas. Él artillero manudo encontró un compañero de juego casi igual o mejor que Ro-Ro para hacer yunta en el ataque, se trata del pequeño Denzell Calderón Sibaja, quien se fajó de lo lindo para quedar como los grandes antes los delanteros manudos.

Denzell y Jonathan lograron romper la defensa que armaron los policías y anotar un golazo muy especial. Foto: Rafael Pacheco.
Denzell y Jonathan lograron romper la defensa que armaron los policías y anotar un golazo muy especial. Foto: Rafael Pacheco.

En el segundo tiempo, Moya le puso una asistencia a Denzell para que anotara, un momento que para el chiquillo fue inolvidable al ser manudo de corazón. Clavar un pepino, gracias a un pase de uno de los ídolos del León es algo que no se hace todos los días.

“Estuvo muy bonito que ellos vinieran al barrio, me cayeron muy bien. Moya me puso un pase y yo hice el gol de cabeza, fue muy emocionante”, comentó el niño, de 11 años, que asiste a la escuela de Concepción Abajo.

A un lado de la cancha, la cual delimitaron con unos conos y unos pequeños marcos de metal, estaba su padrino Wálter Mondragón, otro manudazo que quedó muy agradecido con el programa La Mejenga de la Fuerza Pública, la cual lleva a jugadores de primera división a comunidades en riesgo social para que compartan un partido de fútbol con los niños del lugar.

Nadie quería perder y en una mejenga un gol se pelea al máximo. Foto: Rafael Pacheco.
Nadie quería perder y en una mejenga un gol se pelea al máximo. Foto: Rafael Pacheco.

Con Moya fue muy curioso porque todos lo buscaban para hacerse fotos y pedirle autógrafos, a pesar de que muchos era fiebres del Herediano o del Saprissa.

“Eso es lo bonito de los niños, que a ellos no les importa el color o con cuál equipo vayan, ya que ellos se acercan y juegan con uno, de eso se trata el fútbol. Este tipo de apoyo es muy importante, porque lo dejan a uno muy satisfecho de compartir con tantas personas”, indicó por su parte Moya.

Por ejemplo, Kimberly Díaz andaba bien identificada con la chema del Monstruo, pero eso fue lo de menos para que su hija Brithany se llevara un recuerdazo con los jugadores.

Moya salió muy saludado hasta por esta saprissista que recuerda muy bien su paso por el Monstruo. Foto: Rafael Pacheco.
Moya salió muy saludado hasta por esta saprissista que recuerda muy bien su paso por el Monstruo. Foto: Rafael Pacheco.

“Lo bonito es que él comparta con ellos y le agradecemos mucho a la Liga que vinieran ellos al barrio. Yo todavía me acuerdo cuando Moya jugaba con Saprissa por eso que lo busqué también”, comentó Díaz.

Este proyecto de la Fuerza Pública promete llegar a otras comunidades del país junto a otros jugadores de la primera división para que la pecosa no se detenga y que los niños hagan detrás de un balón y eviten andar en malos pasos. Sin duda, el fútbol es un recurso fundamental para conseguirlo.