Tener un Chevrolet El Camino de 1978 es un lujo que pocos podrían darse por encontrar un auto tan singular, pero don Luis Chinchilla Umaña no lo hizo solo una vez, sino que hasta repitió y hoy sale en El Chuzo de la Semana.
Este empresario automotor de San Antonio de Desamparados tiene dos carros exactamente iguales, que básicamente, solo se diferencian por el número de placa, los cuales llegaron a él por una casualidad que no quiso desaprovechar.
Los chuzos los encontró con un año de diferencia, uno en 1999 y otro en el 2000. La pregunta lógica es: ¿Por qué tiene dos exactamente iguales? La historia es realmente muy particular.
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“Cuando encontré el segundo, lo pensé en comprar para repuestos para el primero. Me pareció muy conveniente; el problema es que al revisar el segundo carro, lo encontré tan entero, que me pareció todo un pecado, un desperdicio desarmarlo solo para repuestos, entonces me terminé dejando los dos”, contó.
Desde entonces don Luis se la juega entre los dos, aunque eso sí, cada uno tiene su lugar: el primero, el original, hasta lo bautizó como Juan, mientras que al segundo lo apodó como El clon, y este lo usa un poco menos.
Juan es el titular, el que anda casi siempre, mientras que con El clon les da chance a otros miembros de su familia de que lo puedan andar y así no tengan que pedirle el suyo.
“Yo duré 22 años detrás de este carro; era del cuerpo de Bomberos, y siempre lo busqué, hasta que lo conseguí. Yo vivo muy cerca de los bomberos y cuando el carro llegó, simplemente nos embelesamos. Nos vimos, digo, y nos gustamos desde el principio.
“Yo lo veía como una persona y dije que algún día sería mío hasta que lo conseguí. Le seguí la pista por mucho tiempo. Luego lo vendieron en un remate del Instituto Nacional de Seguros (INS) porque ya no lo usaban, pero lo compró un amigo mío que se dio cuenta del remate y luego me dio la sorpresa de que lo tenía él”, explicó.
A los días, don Luis llegó a la casa de su amigo Gilberto y vio el carro y se sorprendió mucho. El asunto es que ya se lo había vendido a alguien más.
“Mi amigo me contó a quién se lo había vendido, entonces busqué a esta persona y le dije que hiciéramos negocio, que a mí me gustaba mucho, y así lo hicimos”, recordó.
Tras conseguir la nave, había que meterle bastante cariño para restaurarla, tanto en lo externo como en lo interno, y se pusieron manos a la obra. Chinchilla se crió entre motores y mecánica, por lo que asumió el trabajo por su cuenta.
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“Lo curioso es que cuando conseguí el primero, el otro apareció rápido, pensando que era para repuestos, y también lo reconstruí. La carrocería estaba impecable, por lo que en la familia lo hablamos y fuimos construyendo los dos paso a paso”, dijo.
En el ámbito de los autos antiguos y las exhibiciones a las que es constantemente invitado, las naves ya son conocidas como los clones, de esas que generan mucha admiración.
Hay momentos en los que los autos salen juntos, se parquean uno junto al otro y allí es donde se roban la mayoría de las miradas.
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“No hay muchas fotos de ellos juntos; es curioso, con solo andar uno, la gente se admira mucho y al ver el otro es realmente curioso. Llama mucho la atención ver un pick-up de este estilo”.
A sus 64 años, don Luis está feliz de la vida con sus autos, aquel con el que soñó por mucho tiempo y la vida luego hasta le dio el chance de tener dos.





