A las 5:40 de la mañana, cuando muchos apenas están dejando atrás a las cobijas, Kattia Arceyut Barahona ya está levantada y lista para trabajar. A sus 59 años, lleva cerca de tres décadas vinculada a Soda Tikal, donde se ha ganado el cariño de los clientes y hasta conoce sus gustos.
Para doña Kattia, la soda es mucho más que un trabajo. Lleva alrededor de 28 años vinculada al lugar, aunque tuvo dos pausas de cinco años cada una. Aun así, siente que prácticamente ha dedicado media vida a ese negocio.
“La gente que siempre viene es casi que la misma”, contó.
Esa familiaridad ha hecho que quienes trabajan en Soda Tikal conozcan tan bien a sus clientes que, en ocasiones, sabe qué van a pedir antes de que siquiera entren.
“Ya sabemos lo que los clientes quieren, entonces muchas veces no se han bajado del carro, y ya les tenemos el desayuno prácticamente en la mesa”, explicó.
Una jornada que comienza temprano
Kattia vive a unos 300 metros de la soda, por lo que tiene el trabajo muy cerca de su casa. Su jornada comienza temprano y se extiende hasta aproximadamente las 4 de la tarde.
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Aunque trabaja como salonera, también ayuda en la caja, recibe pedidos para llevar, contesta el teléfono y atiende el salón. A sus 59 años, continúa con las mismas ganas trabajar. Pero su día no termina cuando sale de la soda.
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También sirve a su comunidad
Además de trabajar, Kattia es síndica de San Juan de Tibás, responsabilidad que combina con su jornada laboral y que la mantiene bastante ocupada.
“Además de trabajar aquí, también soy la síndica del cantón de San Juan . Entonces siempre estoy muy ocupada”, contó.
Kattia es mamá de dos hijas y un hijo, quienes, según aseguró, se sienten muy orgullosos de ella.
“Ellos se sienten muy orgullosos, siempre me lo dicen”, afirmó.
Para sus hijos, su mamá es un ejemplo de esfuerzo, trabajo y dedicación, pero también de compromiso con las personas que la rodean.
Un negocio con historia
Soda Tikal ubicada a un costado del parque de Tibás, también tiene su propia historia. Kattia explicó que anteriormente había un supermercado llamado Tikal en el sitio donde actualmente se encuentra Palí y cuando se estableció la soda, los propietarios decidieron conservar ese nombre.
Con el paso de los años, el negocio se convirtió en un lugar conocido por los vecinos y clientes habituales, y Kattia pasó a ser una de las caras más familiares para quienes llegan con frecuencia.
Hoy, después de tantos años, sigue madrugando, atendiendo a los clientes y sacando tiempo para cumplir con su labor como síndica.
Una rutina que resume buena parte de su vida: trabajar, servir a los demás y demostrarles a sus tres hijos que el esfuerzo siempre deja huella.




