En el centro de Heredia, hay un hombre que ha dedicado más de dos décadas a trabajar en las calles y en las zanjas, enfrentando el sol y la lluvia para garantizar la tranquilidad de los demás. Su nombre es José Arturo Sánchez Martínez, y aunque su labor rara vez sea noticia, es un verdadero héroe en su comunidad.
“Trabajo en todo lo que la municipalidad necesite. Me levanto a las 4 de la mañana, desayuno rápidamente y me dirijo al plantel municipal. En mi jornada, no siempre se puede evitar estar en una zanja con aguas negras, pero trato de hacerlo lo mejor posible. Es lo que me toca, y me siento orgulloso de ello”, comparte mientras se sacude el polvo de su uniforme, que refleja el esfuerzo de tantas jornadas laborales.
A sus 63 años, José ha enfrentado no solo los desafíos diarios de su trabajo, sino también un accidente que lo mantuvo fuera de circulación por un tiempo. A pesar de haber tenido que pasar por un par de operaciones en su hombro, nunca dejó que eso lo detuviera.
“Algunas zanjas tienen hasta 11 metros de profundidad. Te metes y no ves más que tierra, pero eso es lo que hago. Si no lo hago yo, ¿quién lo hace? Mi familia siempre me pide que tenga cuidado”, dice con la determinación de quien ha aprendido a lidiar con los riesgos y sigue adelante sin pensarlo dos veces.
Una tradición heroica
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Pero José no solo se dedica a mantener las calles. Todos los 15 de setiembre, junto con sus compañeros de trabajo, arma la casita para la antorcha de la independencia en el centro de Heredia. Para algunos, este gesto podría parecer pequeño, pero para él, se ha convertido en una tradición llena de significado, una expresión de su amor por su comunidad.
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“Es un honor ver cómo la gente se detiene a admirar la casita. La construimos con cariño, y aunque no siempre nos quede perfecta, la gente lo aprecia”, dice con una sonrisa, mientras recuerda con orgullo los años que lleva participando en esta tradición que representa más que un simple trabajo: es un símbolo de orgullo nacional.
A lo largo de los años, la casita ha tenido distintas formas, desde las más rústicas hasta las más elaboradas, pero siempre con el mismo propósito: rendir homenaje a la independencia de Costa Rica. Para José, este pequeño gesto refleja su dedicación y el amor que siente por su país.
José forma parte de un equipo que no se detiene ante nada: ni las lluvias más fuertes ni el calor implacable. Ha sido testigo de todo tipo de situaciones, desde accidentes hasta momentos de gran peligro. Sin embargo, él sigue cumpliendo su misión, con casco, pico y pala en mano, cuidando la ciudad que lo vio crecer.
“Mi trabajo tiene un valor enorme. No soy un héroe de película, pero si algún día alguien me considera uno, con gusto lo acepto”, concluye, con humildad y conciencia de que, aunque su trabajo pasa desapercibido para muchos, es esencial para el bienestar de la provincia.








