La experta en moda Amanda Moncada estuvo desaparecida de sus redes sociales y el viernes anterior contó a través de un video que atravesó una situación de salud muy delicada que la tuvo al borde de la muerte.
“Vengo saliendo de un capítulo de salud marca diablo, de esos que te ponen entre la vida y la muerte”, resaltó en ese momento y a la vez contó que aún se está recuperando.
La empresaria, de 79 años, conversó con La Teja y nos reveló la razón por la que estuvo hospitalizada y no tuvo nada que ver con el cáncer de cerebro y pulmones que le diagnosticaron en el 2022.
Según explicó, todo inició con un problema en su cadera que terminó en cirugía y la hizo enfrentarse con la muerte.
“Tengo que decirte que vimos el otro lado, yo vi el otro lado”, dijo.
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Doña Amanda explicó que el 17 de agosto acudió al hospital San Juan de Dios porque la prótesis de cadera que le habían colocado en marzo se le salió de su lugar. Es decir, sufrió una luxación de cadera.
La operación sería algo sencilla; sin embargo, en medio procedimiento médico le dio un paro respiratorio que casi la mata. Su condición era tan grave que mandaron a llamar a sus hijos para que se despidieran.
“Me cuentan que del hospital mandaron a llamar a mi familia, que, a como iba, no llegaba al día siguiente. Fue muy sorpresivo para todos ellos”, recordó.
A raíz de ello la pasaron a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), donde estuvo entubada, y terminó casi un mes internada en el hospital.
“No luz, una oscuridad”
Entre los recuerdos que le quedaron de aquella experiencia hay una imagen que todavía no termina de entender y es la sensación que la hace pensar que estuvo batallando con la muerte.
“Sería mentirosa si te dijera que tengo un recuerdo claro. Tengo una imagen nada más, y es una imagen oscura, como con los cristales al fondo”, nos contó.
Al preguntarle si había visto una luz, como relatan algunas personas que han atravesado experiencias cercanas a la muerte, fue muy clara: “No luz, no luz. Una oscuridad”.
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Ella cree que esa imagen pudo estar relacionada con los tubos que tenía colocados para ayudarla a respirar, pues en ese momento fue cuando se los quitó y volvió a respirar por sí sola, aunque no estaba tan consciente de lo que ocurría.
“Yo creo que luché por la vida. Estoy segura de que luché por la vida”, expresó.
Según recuerda, eso fue dos días después de la operación y poco a poco fue recuperando la conciencia.
Después de aproximadamente dos días comenzó a abrir los ojos y a recuperar poco a poco la conciencia.
“El doctor Mario Sibaja me dijo: ‘Amanda, has pasado algo terrible. Pero voy a decirte que saliste adelante porque sos fuerte’”, recordó.
Cirugía si funcionó
Pese al gran susto que vivieron los doctores el cambio de cadera de polietileno sí pudieron hacerlo y, según relató la experta en moda, gracias a la buena atención médica, los tratamientos y antibióticos poco a poco su organismo se fue recuperando.
Amanda cree que después de su primera cirugía quizá retomó sus actividades físicas demasiado pronto, aunque a su vez reconoce que no puede asegurar que esa fuera la única causa de la luxación.
“Pensé que ya estaba bien y fui al gimnasio y, a lo mejor, el gimnasio no me cayó bien o probablemente el problema es de lo bien que uno se siente, que uno hace más de la cuenta. Más esfuerzo”, reflexionó.
Todavía requiere cuidados
A pesar de que ya tiene cerca de un mes de estar de vuelta en su casa aún no se siente al ciento por ciento y por ahora camina con bastón y utiliza andadera cuando lo necesita.
Además, continúa recibiendo terapia y en controles médicos hasta que ya la den de alta de nuevo.
“Estoy cuidándome mucho, porque he salido asustadísima. No quiero que me vuelva a pasar lo de la cadera, que es una cosa tan simple. Pero hay que cuidarse mucho”, señaló.
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La recuperación también la ha llevado a pensar en las actividades que tal vez tendrá que dejar de lado, pues aunque disfruta bailar y asistir al gimnasio, pero ahora sabe que tendrá que adaptarse y encontrar nuevas maneras de mantenerse activa sin poner en riesgo su salud.
“Hay muchas cosas que voy a tener que reeducarme para vivir sin ellas. Pero bueno, de eso se trata la vida”, manifestó.
Más allá de las secuelas físicas y del susto que vivió su familia, esta experiencia le cambió la manera de pensar sobre la muerte, pues asegura que aunque antes no le temía, ahora menos y más bien siente una tranquilidad al saber que en cualquier segundo puede pasar.
“Creo que antes lo decía, pero es que ahora lo viví. Y eso hace la diferencia. Estoy mucho más tranquila de que, si me toca tomar otro camino o partir, creo que hoy estoy más tranquila”, dijo.
Doña Amanda siente que haber sobrevivido a esta nueva prueba de salud es una señal de que todavía tiene propósitos por cumplir y de que Dios nunca la dejó sola, ni siquiera en los momentos en que estuvo más cerca de la muerte.
De hecho, espera que su historia también se convierta en un mensaje de esperanza para quienes hoy luchan por su vida en un hospital y les recuerde que, aun en los momentos más difíciles, es posible salir adelante.



