El presentador Julio Solís, rostro del programa Informe 11: Las Historias, reveló que atravesó uno de los episodios más duros de su vida tras sufrir dengue sin saberlo durante varios días, situación que incluso lo hizo sentir que podía morir.
Solís explicó que se enteró de su enfermedad diez días después de sentirse muy mal y que tuvo que suspender toda actividad física, pues él es de ir mucho al gimnasio, lo cual fue toda “una tortura”.
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Al principio pensó que se trataba de un simple resfriado que haciendo ejercicio se le quitaría, por eso tampoco faltó al programa de Repretel hasta que su cuerpo colapsó.
“Yo decía: ‘esto es un resfrío y el resfrío lo sudo en el gimnasio’, pero no. A los tres días mi cuerpo me dijo: ‘no, no papito’”, relató.
Síntomas en aumento
El presentador contó que conforme pasaron los días, los síntomas se intensificaron, pues ya experimentó mareos al levantar cualquier objeto, dolores en todo el cuerpo y una fatiga extrema que lo obligó a reducir su energía al mínimo para cumplir con el trabajo.
“No me incapacité porque me di cuenta tarde de lo que tenía y seguí; además, no puedo mantenerme encerrado en la casa y me sirvió para estar distraído en todo este proceso”, mencionó.
Fue hasta el décimo día, al no ver ninguna mejoría, que una enfermera le recomendó hacerse exámenes médicos. El resultado confirmó que tenía dengue.
“Ver cómo pasaban los días y las semanas y mi cuerpo nada que mejoraba fue desesperante. Les juro que una madrugada hasta lloré. Yo solo quería amanecer un día y sentirme bien”, confesó.
Julio detalló que no es una persona acostumbrada a que una enfermedad lo limite de esa forma, por lo que el impacto físico y emocional fue aún mayor al ver que pasaban 15, 20 y hasta casi 30 días sin sentir mejoría.
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Afortunadamente, hace tres días comenzó a recuperar poco a poco su energía, tras haber descansado durante el fin de semana. Sin embargo, aclaró que aún no se encuentra totalmente recuperado, ya que este lunes empezó a sentir uno de sus oídos tapados y un zumbido constante, secuelas asociadas a la enfermedad.
“Gracias a Dios, ya mi cuerpo empezó a sentirse con su energía y su vibra”, concluyó.

