Erick Quirós.24 septiembre, 2018
Peláez bailó un pedacito de samba con esposa. Fotografía: John Durán
Peláez bailó un pedacito de samba con esposa. Fotografía: John Durán

La tercera gala de Dancing with the stars sirvió para que el público pudiera conocer el lado más humano de los participantes, así como a las personas que los impulsan cada semana a salir a la pista y a hacer todas sus labores diarias.

Una de esas motivadoras es Yumay Rincón, esposa de Gustavo Peláez, quien, aunque es desconocida para muchos, tiene gran responsabilidad en la historia de su marido.

Desde que se conocieron, Rincón le salvó el pellejo al ahora bailarín. Este domingo no fue la excepción ya que la colombiana se tiró a pista y el comediante pudo dejar el incómodo último lugar en el que había quedado en las dos primeras galas.

Peláez asegura que gracias a su esposa es lo que es y no duda en contar su bonita historia de amor.

“Nos conocimos en el 98 en la Universidad Latina de Bogotá. Teníamos que hacer una empresa y yo comencé con otros compas, pero nos peleamos y me dejaron botado y ya había que dar los avances del proyecto, yo sabía que iba a quedarme en el curso entonces me acerqué a ella que lo estaba haciendo sola. Costó, pero me dijo que sí, nos volvimos socios y poco a poco nos fuimos acercando más”, comentó el locutor del programa El Mañanero de Los 40 Principales.

Al principio el asunto no fue nada fácil porque ambos habían quedado en que solo serían amigos.

“Yo empecé a echarle el cuento y un día como que se molestó. Después, en una salida al Museo de las Telecomunicaciones (en Colombia), empezó a caer un baldazo, vi que era mi oportunidad y me la apreté en un teléfono público, quedamos en ser amigos con derecho. Luego cada uno se fue para su casa cuando terminó el semestre y no hablamos hasta el siguiente año, cuando volvimos yo llegué a saludarla como si nada y me mandó a freír churros”, dijo.

Al tiempo regresaron y de nuevo Peláez le salió con un domingo siete, pero otra vez Yumay le demostró el mujerón que es.

“Le dije que me iba a venir a Costa Rica a estudiar y por compromiso le pregunté que si quería venirse conmigo, me pidió 15 días para pensarlo y en dos toques tenía todo listo para venirse, con 18 años. Ahí me demostró lo valiente que es. A los días de estar aquí le dije que ya me quería devolver porque no conseguía trabajo y me contestó que si quería lo hiciera yo solo porque ella vino a estudiar, para mí fue una gran lección de vida y eso me impulsó a pulsearla más y a salir adelante”, recordó.

Para Gustavo, el hecho de que su doña saliera al escenario y bailara con él en tele, fue otra gran muestra del amor que le tiene.

“Ella es de perfil bajo, siempre alejada de las cámaras y de los medios, me dijo que si lo hacía era por mí y solo por eso, fue una noche mágica para los dos”, agregó.

Todo esto ayudó a que el público viera un lado más humano y sentimental del comediante, que muy pocos conocían.