El locutor de radio Centro Michael Salazar acaba de cumplir un año sin consumir una gota de alcohol y detrás de ese logro hay una historia mucho más profunda que muy pocos conocen.
El también DJ, de 46 años, reconoció a La Teja que durante más de dos décadas el alcohol fue parte de su vida y que llegó a un punto en el que sintió que estaba perdiendo el control.
Su decisión de dejar de tomar llegó el 26 de agosto de 2025, después de atravesar una etapa personal muy complicada.
“Yo quería cambiar mi vida. Quería volver a ser yo otra vez, quería volver a ser esa persona que era antes sin haber tocado una gota de licor y lo estoy consiguiendo”, contó.
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Michael relató que comenzó a tomar a los 18 años, pero con el paso del tiempo el consumo fue aumentando, pues al principio eran solo dos cervezas y después varios baldes y tragos en una sentada.
Su otro trabajo está precisamente ligado a ambientes donde el alcohol está presente siempre, ya que es locutor, animador de eventos y DJ, por lo que pasa buena parte del tiempo en discotecas, fiestas y actividades donde le ofrecen tragos.
“Yo dije: ‘voy a cuidar un poco mi imagen, voy a cuidar un poco mi salud porque había días que no podía trabajar sin tomar”, explicó.
Pasó por una depresión
Pero detrás de esa situación también hubo un problema emocional, pues, según reconoció, comenzó a consumir mucho más alcohol después de atravesar una depresión provocada por una situación personal.
“Yo no creía en la depresión, pero sí me dio. Y el refugio para no sentir tanto dolor era estar ebrio”, relató.
La situación llegó hasta tal punto que después de cumplir años el 23 de agosto del año pasado, decidió que no podía continuar viviendo de esa manera. Tres días después tomó una decisión que cambiaría su vida.
“Tuve que hincarme y pedirle a Dios que por favor cambiara mi vida. Que yo estaba totalmente desorientado”, recordó.
Una de sus principales motivaciones fue su hijo, quie actualmente tiene cinco años. Michael explicó que aunque procuraba no beber frente al pequeño, tenía claro que debía cambiar antes de que esa conducta lo afectara estando con él.
“Yo quiero darle un ejemplo a mi hijo. Yo no quiero que mi hijo vea en su papá a una persona alcohólica”, mencionó.
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También pensó en su mamá y en el dolor que le provocaba verlo atravesar aquella situación. Por eso, asegura que una de las claves de su recuperación ha sido aferrarse a su fe.
“Yo le hice una promesa a Dios de que si él me quitaba el alcoholismo, yo me iba a portar bien. Iba a hacer las cosas correctamente y que me diera otro estilo de vida”, explicó.
Tuvo que cambiar hasta sus amistades
Uno de los cambios que más ha notado durante este año tiene que ver con su círculo social, pues reconoce que muchas de las personas con las que compartía estaban vinculadas al ambiente de fiesta y alcohol.
“Cuando usted deja el licor, de diez amigos te quedaron dos”, dijo.
Incluso ha tenido que explicarles a algunos conocidos que ya no quiere consumir, aunque estén acostumbrados a verlo con una bebida en la mano.
“Me dicen: ‘Mae, tómese una’. Y yo les digo: ‘Mae, no, ya yo no tomo’. Hay gente que se enoja conmigo”, contó.
Para él, aprender a poner límites ha sido fundamental y eso lo aplica, incluso, en su trabajo. Cuando alguien le ofrece un trago, lo recibe para no despreciar a la persona, pero inmediatamente lo deja por ahí o se lo regala a alguien más.
“Pongo música, animo y cuando hay una mesa de tragos muy grande, me alejo de la mesa y sigo en lo mío”, explicó.
Su familia celebra el cambio
El conocido locutor sabe que la tentación puede aparecer en cualquier momento y que mantenerse firme es una lucha diaria, pero está convencido de que tomó la decisión correcta.
“Es un reto. Ahorita yo le puedo contar esto, pero mañana está la tentación. Luchar y lidiar contra la tentación del licor es bastante fuerte”, reconoció.
Sin embargo, tiene claro que no necesita alcohol para disfrutar de la vida. Ahora busca disfrutar de otros espacios cuando está libre, como ir a la playa o a una catarata y continuar construyendo la vida que quiere para él y para su hijo.
“Yo dije: ‘Hasta acá. Ya no voy a volver a tomar licor, no voy a volver a probar una gota de licor por mí, para mí, por mi hijo y por mi madre’”, expresó.
Otro de los pilares que Michael encontró para cambiar su estilo de vida fue el ejercicio. Hace unos dos años comenzó a entrenar a un gimnasio y cuando decidió dejar el alcohol buscó todavía más apoyo para mantenerse enfocado.
“A los jóvenes les digo que piensen las cosas dos veces, que se agarren mucho de la mano de Dios y que piensen en el futuro, las drogas y el alcohol no dejan absolutamente nada. Bueno, dejan pérdidas, dejan familias separadas y dejan amigos que no son sus amigos, porque para una cerveza si hay plata, pero para una caja de leche o una bolsita de arroz nunca hay”, concluyó.




