Al mismo tiempo que disfrutaba de un crucero al otro lado del mundo, doña Kattya Granados abrió su libro de la vida para contar uno de sus capítulos más tristes.
La mamá de Keyla Sánchez lleva días disfrutando de un viaje por Europa junto a su esposo Fernando, y maravillada por todo lo que ha vivido en las vacaciones, habló de una de las etapas más duras de su vida.
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Su deseo de niña era dormir tranquila
A sus 54 años agradece a Dios por todo lo que tiene y las experiencias que le ha permitido vivir, algunas nunca le pasaron por la mente por una dura niñez que pasó y que solo la hicieron anhelar por años “dormir tranquila”.
En su último día de crucero, la vecina de San Ramón reveló que su papá fue alcohólico y que debido a eso su infancia estuvo marcada por momentos muy difíciles, insinuó incluso episodios de violencia.
“Estoy muy conmovida. Nunca, ni en mis mejores sueños de mi vida, ni siquiera lo anhelé cuando estaba pequeñita, por las cosas que me tocó vivir. Aunque amo a mi familia, porque eso me formó, me hizo más fuerte y me dio carácter”, dijo doña Kattya al celebrar la oportunidad que se está dando por el Viejo Continente.
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“Soñaba con dormir una noche completa”
Luego dijo que nunca soñó con nada de lo que está viviendo por esa dura infancia que, incluso, la hizo despedirse de su papá cuando apenas era una joven de 20 años.
“En mi niñez mi papá fue alcohólico, lamentablemente, y falleció muy joven producto de su enfermedad del alcoholismo. A sus 42 años falleció mi papá, cuando yo tenía 20, y mi mamá quedó de 37 años viuda.
“Entonces en mi niñez lo único que anhelaba y pedía a Dios, sinceramente, era dormir tranquila. Soñaba con dormir una noche completa, porque al ser mi papá alcohólico y era un alcohólico con algunas situaciones de carácter y temperamento, siempre estábamos en estado de alerta, y eso no nos dejaba a mi familia, a mi hermano, a mi mamá y a mí, estar tranquilos; lo único que yo quería era dormir tranquila”, relató.
Una niñez humilde
Dijo que tuvo una niñez muy humilde y que por eso no anhelaba muchas cosas, solo dormir en paz y unos patines que nunca le pudieron comprar, pero que su mamá se los regaló hace alrededor de ocho años, cuando ya era una adulta.
“Por eso estos viajes, estas vivencias, estos lugares… no tengo palabras para agradecer y les puedo decir a todos ustedes que, por más desanimados que estemos y crítica que esté la situación, hay que esforzarse y ser valientes, porque Dios tiene un galardón pata cada uno de nosotros”, afirmó.
Doña Kattya sí fue clara que las bendiciones de Dios también requieren compromiso personal como trabajo y mucho esfuerzo.


