El actor y locutor Gustavo Rojas cambió los escenarios, las largas temporadas de ensayos y buena parte de su carrera artística por una misión que, asegura, le llena el corazón: cuidar a su mamá de 89 años, quien padece Alzheimer.
Lejos de sentir que hizo un sacrificio, el reconocido artista dice que vive uno de los momentos más plenos de su vida, porque hoy puede devolverle, aunque sea un poco, todo el amor que ella le dio cuando era niño.
Desde la cabaña donde vive en Puriscal, rodeado de montaña y naturaleza, Gustavo habló con serenidad de una rutina que para muchos sería agotadora, pero que para él representa un privilegio.
“Mamá ahora está viviendo con una sobrina por aquí cerca. Yo voy todas las mañanas, la baño, la cambiamos, desayuno con ella, me quedo un rato... Esa es mi misión. Esa es mi felicidad”, contó.
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Nunca pensó en dejarme
Cada vez que alguien le pregunta por qué no lleva a su mamá a un hogar para adultos mayores, Gustavo tiene una respuesta que nace desde el corazón.
“Yo no me imagino a mi mamá, cuando yo era niño y hacía travesuras, pensando en meterme en un orfanato. Ella nunca pensó en dejarme a mí, entonces, ¿cómo voy a pensar yo en dejarla a ella?”, mencionó.
Eso sí, aclaró que no juzga a quienes toman esa decisión, porque cada familia vive realidades distintas y muchas personas deben trabajar o no cuentan con el tiempo necesario, pero para él ha sido lo mejor, pues disfruta mucho de su compañía aunque doña María Isabel Antillón ya ni recuerde que es su hijo.
“Aunque ella no sepa quién soy yo, yo sí sé quién es ella”, dice con una paz que conmueve.
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Aunque su enfermedad ha avanzado poco a poco y al principio sí le fue muy difícil aceptar que se le fueran borrando los recuerdos más recientes, el actor aseguró que ya lo terminó haciendo, pues ya había pasado una etapa muy similar con su papá, quien murió hace 14 años.
“Cuando mi papá, él también tuvo su tema mental, su demencia. Mi papá murió a 90 años, yo lo acompañé sus últimos cinco años y cuando faltó, aun cuando me dolió muchísimo, sentí una gran tranquilidad espiritual. A veces, la conciencia maltrata mucho a los hijos que no han sido buenos hijos”, dijo.
Trabaja desde la casa
Aunque doña María no recuerda mucho, su memoria antigua sí pareciera tenerla algo intacta, pues, según contó Rojas, suele conversar sobre sus papás.
Tavo además aclaró que otra gran ventaja es que su mamá tiene una personalidad muy tranquila y le gusta conversar mucho.
“Es muy divertida. Habla mucho, conversa, se ríe. Por dicha, no tiene un Alzheimer que le genere ansiedad o agresividad. Tiene una mente muy en paz”, contó.
Hace tres años el recordado actor de La pensión se jubiló y eso le permitió reorganizar su vida para pasar gran parte del tiempo con ella. Eso no significa que haya dejado de trabajar del todo.
Aún sigue grabando la locución de algunas marcas que lo contratan y más de dos décadas leyendo los comentarios de fondo de la Cámara Nacional de Radio que se escuchan cada mañana en la radio.
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Todo esto lo hace ahora en un cuarto de su casa que acondicionó para convertirlo en un pequeño estudio de grabación.
Sin embargo, reconoce que ha dicho “no” a varias oportunidades teatrales porque le impedirían darle el tiempo que quiere a su madre.
Y es que Tavo no habla de obligación, sino de una decisión tomada con total convicción.
“La palabra debo puede ser que esté por ahí, pero es más un quiero darle. Y como le digo, la verdad es que he sido una persona muy ordenada desde el punto de vista económico y con lo poquito que yo recibo de pensión y los trabajitos que hago, me permiten tener una cierta tranquilidad”, explicó.
Y aunque extraña profundamente el teatro, una de sus grandes pasiones, siente que en esta etapa sería irresponsable comprometerse con montajes que exigen meses de ensayos y funciones.
“El teatro siempre ha sido mi locura, pero mientras tenga esta misión prefiero esperar”, recalcó.
Un mensaje a las familias
El locutor comercial contó además que las publicaciones que comparte junto con su mamá en redes sociales han provocado algo que nunca imaginó, pues muchos le escriben que después de verlos juntos empezaron a visitar más a sus padres.
“Me dicen: ‘Nunca había pensado en eso. Ahora llamo más a mi mamá, paso más tiempo con mi papá”.
“Siempre les digo: llamen a sus papás, denles un beso, abrácenlos. No cuesta nada. Así, cuando ya no estén, uno no carga remordimientos”, aconsejó.
Padre en acción
Aunque hoy gran parte de sus días giran alrededor de su mamá, Gustavo no deja de sentirse orgulloso de sus hijos y trata de compartir con ellos cuando sus otros hermanos cuidan de ella.
Casi a diario se habla con Sofía, quien vive en México, y sigue muy de cerca su carrera como actriz y cómo continúa abriéndose camino en producciones de Televisa y otros proyectos.
“Lo que más admiro de ella no es el éxito, sino que trabaja todos los días por cumplir sus sueños”, recalcó.
También disfruta cada videollamada con su nieta Mila, de su hija Inka Daniela, quien vive en Alemania, y espera viajar pronto para conocer a su hermanito que está por nacer.
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Asimismo, nos contó que tiene otra hija, María Andrea, que vive con su esposo en Playa Negra, Guanacaste, y a los que visita cada vez que puede. Pero con el que más tiempo pasa es con su nieto Gabriel, quien ya está en la universidad y es hijo de su hija Cristina.
Y por las noches sigue tutoriales para aprender a tocar piano, un hobby que lo relaja mucho, aunque vacila con que de momento solo se ha aprendido el “Feliz cumpleaños”.
Pero, por ahora, no hay escenario más importante para Gustavo Rojas que la habitación donde cada mañana una mujer de 89 años lo recibe, aunque ya no recuerde su nombre.
Porque, como él mismo resume con una frase que dice todo: “Aunque ella no sepa quién soy yo, yo sí sé perfectamente quién es ella”.





