La inmensa mayoría de los rumanos ignoró el referendo que pretendía prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo, que no reunió la participación mínima del 30 % para alegría de las ONG a favor de los derechos de los homosexuales.
La consulta no superó el 30% necesario para que fuera valida. Según datos de la Oficina Electoral Central solo el 20,41% de los electores participó en el referendo. Tres millones de firmas hicieron posible esta votación, cuya sola celebración suponía un giro de llave en la cerradura del armario donde sigue Rumanía y la mayoría de sus vecinos con pasado comunista, propensos a consultas que inciten la división social.
Según datos oficiales, sólo un 20,41% de los 19 millones de ciudadanos acudió a las urnas tras dos días de votación en una consulta que buscaba enmendar la Constitución para que el matrimonio no se defina como la unión entre dos personas -tal como ahora-, sino entre un hombre y una mujer.
Para la oposición conservadora, la única posición posible frente al referéndum era la abstención. Tanto el Partido Nacional Liberal (PNL) como la Unión Salvad Rumanía (USR) consideraban que el presidente rumano, Liviu Dragnea, utilizaba la consulta como cortina de humo ante la tensión producida por aprobar leyes menos estrictas para delitos de corrupción.
La asociación LGBT Accept mostró su satisfacción al afirmar que "se ha demostrado que los ciudadanos desean una Rumanía con valores democráticos y que no nos pueden engañar con una agenda política que conduce hacia el odio y la división".
El Estado rumano tiene la obligación de legalizar de manera urgente las uniones civiles a todos los ciudadanos, incluidos las personas LGBT", demandó Robert Ratiu, presidente de la ONG MozaiQ.
La Coalición para la Familia (CpF), la organización cercana a la Iglesia ortodoxa que impulsó el plebiscito expresó su malestar por la escasa participación y lo achacó a “una campaña de desinformación sin precedentes desde la caída de la dictadura comunista en 1989”.
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"Todos los llamamientos a votar de las iglesias y cultos religiosos cristianos en Rumanía fueron boicoteados por los partidos políticos, a pesar de las declaraciones oficiales de los líderes", criticó CpF en un comunicado.
La CpF ha llevado a cabo una extensa campaña defendiendo la “familia tradicional”, recurriendo incluso a mensajes falsos como: “Si no vas a votar, dos hombres podrán adoptar a tus hijos”.
Para el analista Cristian Tudor Popescu, la enorme abstención no es solo un toque de atención al Gobierno, sino que muestra “una tendencia hacia el rechazo y la desconfianza en la clase política”, declaró a la cadena Digi24. La oposición, por su parte, criticó el referendo como una cortina de humo de los socialdemócratas para tratar de distraer a la opinión pública de sus problemas de corrupción.
“Se trataba de una consulta inútil que no resuelve las necesidades ni los dramas de la Rumanía actual”, declaró el presidente de la opositora de centroderecha Unión Salvad Rumanía (USR), Dan Barsan, quien pidió la dimisión del Gobierno por “tirar 40 millones de euros” en la organización del plebiscito.
Además de la comunidad LGTB, numerosas organizaciones de la sociedad civil llamaron a boicotear este referéndum.
Pero una prohibición explícita habría hecho más difícil, por no decir imposible, cualquier cambio futuro a favor de las parejas homosexuales.
