Mientras millones de personas alrededor del planeta observan los partidos del Mundial 2026 desde sus casas, una costarricense vive el evento planetario a pocos metros de las estrellas más grandes del fútbol mundial.
Cuando Erling Haaland celebró uno de sus goles frente a las cámaras, cuando los aspersores se encendieron inesperadamente durante una transmisión en vivo o cuando miles de aficionados llenaron las graderías del estadio de Boston, ahí estaba Stephanie Chaverri Corrales, periodista costarricense que está escribiendo una página inédita para el periodismo deportivo nacional.
La vecina de Naranjo se convirtió en la primera costarricense en desempeñarse como reportera de cancha en un Mundial Mayor Masculino de la FIFA para una cadena de televisión de Estados Unidos.
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Es un logro que la coloca junto a nombres como Eduardo Solano y Pablo Aguabella, quienes anteriormente habían alcanzado ese privilegio, pero que la convierte en la primera tica en lograrlo. Todo comenzó el pasado el 13 de junio cuando Haití perdió 1-0 ante Escocia.
Un sueño que comenzó en Naranjo
Detrás de las cámaras, de las luces y del espectáculo mundialista, existe una historia de esfuerzo que comenzó muy lejos de los grandes estadios.
Stephanie estudió Periodismo y obtuvo una licenciatura en Comunicación y Mercadeo en la Universidad Latina. Sus primeros pasos los dio en programas deportivos nacionales y, posteriormente, comenzó a colaborar con la cadena ESPN. Con el tiempo, su trabajo le abrió nuevas puertas hasta que este año recibió una llamada que cambiaría su carrera.
En febrero fue contratada por Telemundo para formar parte de la cobertura del Mundial 2026, una de las producciones deportivas más grandes del planeta.
“Ha sido una experiencia muy bonita. Telemundo es una empresa sumamente profesional. Somos más de 80 talentos y más de 1.400 personas en producción. Todo se ha preparado con muchísima anticipación. Hemos tenido reuniones, capacitaciones y una organización impresionante. Es una cobertura enorme y me siento muy agradecida de formar parte de ella”, explicó.
Stephanie es una de las 22 reporteras asignadas a ciudades sede. Su base de operaciones es Boston, donde cubre todos los encuentros programados en esa ciudad.
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Las lágrimas que nadie vio
Hay imágenes que no salen al aire. Una de ellas ocurrió antes del inicio del torneo. Los medios fueron invitados a realizar un recorrido por el estadio donde se disputarían varios encuentros mundialistas. Stephanie ya conocía el estadio, pero esta vez fue diferente.
“Ese día lloré. Me conmoví muchísimo. Pensé en la cantidad de personas que aman el fútbol en el mundo y en el privilegio que significa estar ahí, caminando sobre el mismo césped donde se jugaría un Mundial. Sentí que estaba cumpliendo un sueño enorme. Me brillaban los ojos y no pude contener las lágrimas”, recordó.
La emoción tiene raíces profundas. Fue criada por su mamá, Carmen Corrales Umaña, quien la sacó adelante sola junto a su hermano Isaac.
“Mi mamá ha sido un gran apoyo desde siempre. Me impulsó a nunca rendirme, a seguir adelante de la mano de Dios. Creyó en mí, me apoyó para estudiar Periodismo y me hizo creer en mis sueños. Me dice que Dios tiene grandes cosas para mi vida y, a pesar de la distancia, siempre está pendiente de todo lo que hago”, dijo.
Mundial, familia y perseverancia
En cada transmisión también viajan los sacrificios de años.
Stephanie reconoce que una de las personas que mejor conoce el camino recorrido es su esposo, Ricardo Montero, quien ha sido testigo de cada esfuerzo realizado para llegar hasta este momento.
“Mi esposo conoce mis luchas. Es el principal testigo de lo que ha significado este proceso para llegar al Mundial. Es mi apoyo incondicional. Me inspira su disciplina y me impulsa a confiar en el proceso y en que tengo la capacidad para lograr lo que me proponga”, mencionó.
Mientras cubre partidos que incluyen figuras como Harry Kane, Jude Bellingham, Achraf Hakimi y Kylian Mbappé, la periodista tica sigue disfrutando cada minuto de una experiencia que define como irrepetible.
“Siempre digo que, incluso a las personas que no les gusta el fútbol, les recomendaría vivir un Mundial, al menos, una vez. Es una experiencia enriquecedora. Uno conoce culturas de todo el mundo, comparte con gente de todas partes y entiende por qué este torneo mueve tantas emociones. A mí se me acelera el corazón cuando estoy en la cancha. Es un sueño cumplido”.
Y así, desde Boston, con un micrófono en la mano, una sonrisa en el rostro y el orgullo de representar a Costa Rica, Stephanie Chaverri demuestra que los sueños sí pueden cruzar fronteras.







