Los aficionados al fútbol conocen a Everardo Herrera Soto como una de las voces más experimentadas del periodismo deportivo, pero detrás de cada cobertura mundialista existe una historia que pocas veces sale a la luz: la de una familia que aprende a convivir con su ausencia y la distancia, mientras él cumple el sueño de informar desde la máxima cita del fútbol.
Este martes, Sabrina Herrera, hija del reconocido comunicador, compartió un emotivo video y una sentida reflexión que conmovió a sus seguidores justo cuando su padre emprende el viaje rumbo a México, Estados Unidos y Canadá para cubrir su Mundial número 11.
En la imagen aparece Everardo despidiéndose de su nieto Mariano, de apenas 4 años, tras contarle que ya se va, y el pequeño de inmediato lo persigna. Momento que el experimentado comentarista aprovecha para abrazarlo y decirle varias veces: “Sos mi amor, sos mi amor”.
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Su Mundial más duro
Sabrina aprovechó esa tierna despedida para recordar que una de las ausencias de su papá que más marcó su infancia fue cuando le tocó la cobertura del Mundial de Francia 1998.
Según recordó, en aquel entonces tenía apenas seis años y sentía que los casi 40 días de partidos eran una eternidad.
“Recuerdo escribirle cartas durante casi 40 días. Con una pianola le grabé una canción para el Día del Padre y se la enviamos hasta donde estaba”, escribió.
La poca tecnología de la época hacía todavía más difícil la comunicación, pues no existían las videollamadas ni las aplicaciones de mensajería instantánea que hoy permiten mantener el contacto prácticamente en tiempo real.
“Después llegó Skype, para el Mundial de Corea y Japón, y el sonido de llamada aún me hace un vacío en el estómago. Cuando lo escucho, siempre conecto con un mismo pensamiento: ‘Es papi llamando’”, confesó.
Sabrina también recordó que, en ocasiones, la radio se convertía en el único puente entre su papá y la familia.
“Nos llamaban de Monumental para decirnos que papi estaba en línea y quería hablar con nosotras. Esos minutos curaban un poquito su ausencia”, escribió.
Sin embargo, el recuerdo que más atesora no tiene que ver con una llamada ni una carta, sino con el regreso de su padre tras aquel Mundial.
“Papi nunca nos dijo exactamente qué día volvía. Para mí, que tenía apenas seis años, él seguía estando al otro lado del mundo. Mi mente simplemente no lograba entender cómo alguien que había estado tan lejos podía estar ahí, de repente, parado frente a mí”, relató.
La escena sigue viva en su memoria casi tres décadas después.
“Lo abracé, pero antes le estiré la cara, incrédula, para asegurarme de que verdaderamente era él. Recuerdo que me decía una y otra vez: ‘Mi amor, soy papá’. Y cuando por fin entendí que sí era él, que había vuelto a casa, no lo solté”, mencionó.
Ahora, con Everardo rumbo a su undécima Copa del Mundo, Sabrina asegura que los sentimientos siguen siendo los mismos.
“Ya no soy aquella niña de seis años, pero la emoción, el orgullo y el amor siguen siendo exactamente los mismos”, escribió antes de desearle protección y éxito en esta nueva aventura profesional.




