El recorte planteado por el Gobierno en el presupuesto de la educación de niños y jóvenes para el 2027 enciende las alarmas.
Según se detalla en el proyecto de ley presentado en el Congreso por el Ministerio de Hacienda, el próximo año el MEP contará con ¢2.752.287,0 millones, lo que significa un doloroso recorte de ¢19.229,7 millones (un 0,7% menos) si lo comparamos con la plata de este 2026.
El Centro de Investigación y Docencia en Educación (CIDE) de la Universidad Nacional (UNA) pegó el grito al cielo por el delicado tema. Los expertos están muy preocupados por el tremendo tijerazo.
Un golpe directo a los que más la pulsean
Lo que más preocupa es ver de dónde van a quitar esa platita. Según el CIDE, se le recortarían ¢2.382 millones a los famosos programas de equidad.
Esta es la plata que financia la alimentación en los comedores, el transporte y los apoyos para los estudiantes en condición de pobreza o vulnerabilidad.
Todo este recorte pasa justo cuando nuestras comunidades sufren por más desigualdad, violencia y una creciente presencia del narcotráfico y el crimen organizado en los barrios.
¡Más viejitos y menos chiquitos!
Los expertos de la UNA invitan a ver más allá del próximo año. Resulta que Costa Rica está cambiando: cada año hay menos nacimientos y la gente ahora vive más años.
Para que se hagan una idea, se calcula que para el año 2050, una de cada cuatro personas en Costa Rica será un adulto mayor de 65 años.
Si se va a tener proporcionalmente menos gente en edad de trabajar en el futuro, se necesita que esos jóvenes de hoy sean mejor educados, altamente calificados y muy productivos.
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La oportunidad de oro que no estamos viendo
En lugar de usar la excusa de que nacen menos niños para recortar el presupuesto, las autoridades deberían ver esto como una oportunidad histórica para mejorar la calidad de la enseñanza.
Tener menos alumnos debería servir para ofrecer grupos menos numerosos, dar una atención más individualizada y ayudar a los estudiantes que arrastran problemas en matemáticas, lectura y ciencias.
Organismos internacionales como la OCDE y el Banco Mundial aseguran que, cuando la población envejece, es cuando más hay que invertir en la juventud, no al revés.
El grave error de enfrentar a las generaciones
El CIDE advierte que es muy preocupante ese discurso de que se debe priorizar a los adultos mayores en detrimento de la niñez y la juventud.
La mejor garantía para tener una vejez digna y cuidada en el 2050 es contar con una generación futura saludable y productiva, que tenga buenos empleos para sostener solidariamente la seguridad social.
Desde la UNA le hacen un llamado urgente al Poder Ejecutivo y a los diputados para que revisen las asignaciones del 2027, protejan la inversión en educación y propongan un verdadero diálogo nacional para no afectar a los más jóvenes.


