Si usted es de las personas que usa la misma esponja para lavar los platos durante semanas o incluso meses, tal vez sea momento de cambiar ese hábito.
Aunque muchas personas creen que el jabón la mantiene limpia, la realidad es muy distinta y podría poner en riesgo la higiene de su cocina.
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La esponja para lavar los platos es uno de los utensilios que más contacto tiene con restos de comida, grasa y humedad, una combinación perfecta para que proliferen bacterias y otros microorganismos.
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Diversos estudios han demostrado que estos utensilios pueden convertirse en un verdadero “hogar” para millones de bacterias si no se reemplazan con la frecuencia adecuada o si no se les da un mantenimiento correcto.
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De acuerdo con información publicada por El Tiempo de Colombia, investigadores de la Universidad Justus Liebig de Giessen, en Alemania, encontraron que las esponjas de cocina pueden albergar una enorme cantidad de bacterias, incluso más que un inodoro. Además, identificaron varios grupos de microorganismos potencialmente peligrosos para la salud. Por esa razón, especialistas recomiendan no prolongar demasiado su uso.
¿Cada cuánto debería cambiar la esponja de lavar platos?
No existe una única respuesta, ya que depende del uso que reciba y del estado en que se encuentre.
Algunos especialistas aconsejan cambiar la esponja cada dos semanas, especialmente si se utiliza varias veces al día. Otros consideran que puede durar hasta 30 días, siempre que permanezca en buenas condiciones y se mantenga limpia.
Más allá del tiempo, hay señales que indican que ya llegó el momento de desecharla:
- La fibra comienza a despegarse de la esponja.
- Perdió su color original.
- Está deformada o demasiado suave.
- Tiene mal olor.
- Se siente pegajosa al tacto.
- Presenta manchas negras o blancas.
Si nota cualquiera de estas señales, lo mejor es reemplazarla cuanto antes.
Cómo evitar que se llene de bacterias
Aunque tarde o temprano deberá cambiarla, hay algunos cuidados que ayudan a prolongar su vida útil de forma más segura.
Antes de empezar a lavar los platos, retire los restos de comida con una servilleta o papel para que no queden atrapados en la esponja.
Cuando termine de usarla, exprímala muy bien para eliminar la mayor cantidad posible de agua y déjela secar al aire. Evite dejarla remojando en el fregadero o en agua jabonosa, ya que la humedad favorece el crecimiento de bacterias.
Otra recomendación es hervir la esponja una vez por semana. Este sencillo procedimiento puede ayudar a reducir considerablemente la cantidad de microorganismos presentes.
Al final, cambiar una esponja cuesta mucho menos que enfrentar un problema de salud. Si la suya ya tiene varias semanas de uso o presenta señales de desgaste, quizá sea un buen momento de decirle adiós.


