Si usted es de los que siempre tiene una silla llena de ropa, una mesa con papeles por todo lado o un cuarto que nunca parece quedar completamente ordenado, tenemos una noticia que podría quitarle un peso de encima: el desorden no siempre es sinónimo de pereza.
Así lo asegura la terapeuta estadounidense KC Davis, quien se ha vuelto famosa en redes sociales por compartir una idea que para muchos ha sido liberadora: una casa desordenada no significa que una persona sea irresponsable o un fracaso.
Davis cuenta que cada vez que muestra su hogar en internet recibe críticas de quienes la califican de vaga o descuidada. Sin embargo, en privado recibe cientos de mensajes de personas que le agradecen porque, por primera vez, sienten que no están haciendo las cosas mal.
Durante años, ella también creyó que el éxito tenía que verse como esas casas impecables de revista, donde todo está perfectamente acomodado y no hay una sola mancha fuera de lugar. Pero un día entendió algo que le cambió la vida: simplemente es una persona desordenada, y eso no la hace menos capaz ni menos valiosa.
Según la especialista, la sociedad ha sido muy dura con quienes no encajan en el modelo de la casa perfecta. Muchas veces se asocia el desorden con la falta de disciplina o con la pereza, cuando en realidad puede estar relacionado con la forma en que funciona el cerebro.
De hecho, algunas investigaciones han encontrado que las personas con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) suelen tener más dificultades para mantener el orden, pero también pueden desarrollar mayores niveles de creatividad y pensamiento fuera de lo convencional.
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Incluso hay estudios que sugieren que trabajar en ambientes menos organizados puede estimular ideas más originales. Una investigación de la Universidad de Minnesota encontró que quienes realizaban tareas creativas en espacios desordenados producían ideas consideradas más innovadoras que quienes trabajaban en oficinas impecables.
Para Davis, el verdadero problema no es que haya ropa sin doblar o algunos objetos fuera de lugar, sino cuando el desorden afecta la seguridad, la higiene o la calidad de vida de las personas.
Por eso, en lugar de luchar contra su naturaleza, decidió crear sistemas que se adaptaran a ella. Colocó canastas para ropa sucia en varias habitaciones, papeleras en distintos espacios y recipientes para guardar rápidamente las cosas que pertenecen a otros cuartos.
La terapeuta asegura que cuando dejó de intentar convertirse en una persona obsesivamente ordenada, encontró soluciones que realmente le funcionaban y que le permitían mantener una casa agradable sin vivir frustrada.
Su conclusión es sencilla: no todas las personas están hechas para vivir en una casa de catálogo, y eso está bien. A veces, detrás de una montaña de ropa o de una mesa llena de proyectos, puede haber una mente creativa trabajando a toda máquina.


