Hace cuatro años, la vida de don Jorge Rojas Lobo, vecino de San Rafael de Heredia, cambió con un simple maullido en la puerta.
“Un gato llegó golpeado, sin los dienticos de adelante, pidiendo ayuda. No sé qué le hicieron, pero venía buscando refugio. Al parecer le pegaron una patada. Nosotros nunca habíamos tenido gato, llevábamos años sin mascota, pero apenas lo vimos no pudimos dejarlo ir”, contó don Jorge, de 66 años.
El felino grande, sin raza definida y de mirada intensa se quedó. Y con él, llegó una nueva alegría a la casa.
De callejero a chineado, pero…
Le pusieron Baldomero de Jesús. Baldomero, por su tamaño imponente, o sea, es un mero michi. De Jesús, por una curiosa razón.
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“Mi esposa Lilliana tenía un canarito y el gato quería comérselo. Entonces ella dijo ‘pongámosle de Jesús a ver si se calma’, y vieras que funcionó, porque el pajarito murió de viejito, no se lo comió”, recordó entre risas el papá humano.
Aunque tiene casa, comida y familia, Baldomero nunca dejó su amor a la calle.
“Él es callejero. A las 10 de la noche come sus galletas de salmón y se va. Es como un reloj, faltando cinco para las diez ya está pidiendo comida.
“Después sale y regresa en la madrugada, le toca la ventana a mi hija Fabiola para que le abra. Nunca falla, siempre vuelve”, asegura.
El rey de la casa
Hoy Baldomero es el centro del hogar. Duerme en la cama de Fabiola, recibe cariño de todos y hasta tiene gustos finos.
“Ese gato es la felicidad de la casa. Le encanta que lo peinen, se le sube a la gente en las piernas, es demasiado noble. Solo le falta hablar, de verdad. A veces hasta da miedo lo inteligente que es”, aseguró don Jorge.
La química entre la familia y Baldomero de Jesús es tan fuerte que, incluso, entienden sus rutinas.
“Yo le digo ‘vamos’ y él sale directo a la banca donde come. Él entiende todo. Es un gato muy chineado, tiene hasta su propia agua filtrada. Y eso sí, si uno le cambia el alimento, no come, es bien exigente”, dijo.
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Guerrero de mil batallas
Pero la vida en la calle no es fácil. Baldomero lo ha demostrado.
“En una de sus salidas se peleó con unos mapaches. Llegó muy golpeado, tuvimos que llevarlo al veterinario, lo internaron tres días, le pusieron suero. Ahí uno sufre, porque ya es parte de la familia”, aclara con seriedad.
A pesar de todo, el minino sigue siendo pura vida, incluso, con otros animales.
“Él no es problemático, se lleva bien con perros, pero como es tan grande y fuerte, mejor lo cuidamos cuando vienen los perritos de mi otra hija.
“Es que pesa casi 10 kilos, es un gato imponente y cuidado si él no le gana a esos perrillos tan pequeños”, dice con una sonrisa.
Llegó en el momento justo
Para don Jorge, quien tiene cinco años de pensionado, Baldomero llegó cuando más lo necesitaba.
“Ha sido una compañía increíble. Le cambió el ambiente a la casa, nos llenó de alegría.
“Es un gatico callejero, sí, pero lleno de amor. Nosotros lo adoptamos, pero yo siento que él también nos adoptó a nosotros”, asegura con emoción.
Y lo resume de una forma sencilla, pero poderosa: “Este gato llegó sin nada… y hoy es el rey de la casa”.
Grandes enseñanzas
Historias como la de Baldomero también dejan enseñanzas importantes. Los expertos recomiendan que, aunque un michi sea callejero, es clave llevarlo al veterinario, al menos, cada seis meses, tal como hace esta familia, para prevenir enfermedades y detectar cualquier problema a tiempo.
La alimentación también juega un papel fundamental. Es fundamental ofrecerle comida de buena calidad, con proteínas como pescado o pollo y evitar cambios bruscos que puedan afectar su salud o hacer que deje de comer.
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El agua limpia y fresca es también esencial. Tener una fuente o cambiarla constantemente ayuda a que se mantengan bien hidratados y por dicha Baldomero tiene su propia fuente.
Además, aunque los gatos sean independientes, necesitan cariño, estimulación y espacios seguros para descansar.
El vínculo emocional, como el que tiene Baldomero con Fabiola, es clave para su bienestar.
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Y si el bandido sale a la calle, como Baldomero de Jesús, es importante estar atentos a posibles heridas o peleas, ya que pueden requerir atención médica inmediata.






