A Nicole Quesada Chinchilla los perros nunca le hicieron gracia. Vivía con alergias, reservas y una lista larga de “yo jamás haría eso con un perro”.
Hoy duerme con uno pegado al pecho, planea viajes internacionales con él y admite, sin pena, que Donatello, un pug nacido el 12 de julio del 2023, llegó para cambiarle la vida para siempre.
“Después de la pandemia y de tanto estrés, sentí que tenía que darme la oportunidad de tener un perrito. Yo decía que nunca, que soltaban mucho pelo, que no, que no… y vea, todo lo que dije que jamás haría ahora lo hago”, contó Nicole, vecina de San Sebastián y quien tiene 31 años de edad.
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Él eligió la familia
Nicole fue a ver pugs con la idea clara de llevarse una perrita, pero el destino tenía otros planes. Donatello, entonces un cachorro inquieto, comenzó a brincar, a morderles los ruedos del pantalón y a robar miradas.
“Yo puedo decir que fue él quien nos eligió. Se nos tiraba encima, no paraba quieto y ahí supe que ese era. Mi familia y amigos quedaron impactados porque sabían que yo nada que ver con perros”, recordó.
Le puso de nombre Donatello, llegó a su vida el 20 de agosto del 2023 y desde entonces pasó a mandar en la casa. “Duerme conmigo, se sube a los sillones, él hace lo que quiere”, acepta entre risas.
Chineado profesional
Donatello es un pug curioso, explorador y protector. No se le escapa nada de lo que pasa en la casa y menos si se trata de cuidar a quienes ama.
“Mi novio (Erick Gutiérrez) está enfermo y Donatello es superprotector. No se le despega, lo cuida, cada vez que se levanta él va detrás. Es demasiado leal”, explicó la mamá humana.
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Todas las mañanas, el peludito hace ronda para saludar a quienes salen del cuarto. Es inteligente, obediente… aunque a veces decide no hacer caso. Siempre anda buscando con qué jugar y basta escuchar la palabra “pollito” para que se vuelva loco de felicidad, porque el pollo es su debilidad.
Playero que nada con chaleco
Si algo define a Donatello es su amor por la playa. Cada vez que llega al mar corre como loco, da vueltas sin parar y luego se mete al agua, con chaleco salvavidas incluido.
“Le encanta meterse al mar. Al inicio comía arena, pero ya aprendió. Nada, no demasiado, pero sí nada, y lo disfruta muchísimo”, contó Nicole.
También se lleva de maravilla con los chiquitos, anda detrás de ellos viendo qué hacen y se convierte en el centro de atención cada vez que hay visitas. “Quien llega a la casa sabe que tiene que jugar con él y chinearlo, si no, no se va”, aseguró.
Fiona, la hermana
Donatello no está solo. Tiene una hermanita zaguatita llamada Fiona, de siete años, quien al inicio se puso celosa, pero terminó adoptándolo y hasta educándolo.
“Fiona le enseñó muchas cosas, lo corregía cuando hacía travesuras y gracias a Donatello volvió a ser cachorra. Pasan juntos las 24 horas”, relató Nicole.
Donatello no le teme a bombetas ni a ruidos fuertes y, por esa calma, Fiona logró superar gran parte de su miedo. Eso sí, hay algo que el perrito no soporta: las maletas. “Cuando ve una se pone triste y hasta las orina, porque sabe que me voy de viaje”, contó.
Amor sanador
Nicole asegura que Donatello ha sido un apoyo emocional enorme. “Soy abogada y el estrés es fuerte. Él me ha enseñado a vivir el día a día, a estar más en el presente, a bajar revoluciones. Es amor incondicional y lealtad pura”, afirmó.
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Tan fuerte ha sido el impacto, que ya piensan en agrandar la familia. “Queremos otro pug, uno negrito, soñamos con tener tres en total. Todo gracias al amor de Donatello”.
Y así, sin buscarlo, aquel perrito que brincó y mordió pantalones terminó convirtiéndose en el maestro de vida de una mujer que juraba no amar perros.
Aprender a cuidarlo
Nicole ha aprendido que los pugs requieren atención especial, pero también mucho amor. Va cada cuatro meses a control veterinario, se mantiene sano, con solo una alergia y una uña rota en su historial.
Ella procura cuidar su alimentación, evitar el sobrepeso, protegerlo del calor y mantenerlo activo sin forzarlo, especialmente cuando juega o va a la playa.
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Los pugs necesitan compañía, rutinas claras, paseos moderados y vigilancia con su respiración, especialmente en climas calientes como el de Costa Rica.
Para doña Nicole, más que reglas, se trata de observarlos, conocerlos y responder a lo que su propio perrito va mostrando día a día.





