En Paraíso de Cartago hay una casa donde el sonido del día no lo marca un despertador, sino el suave cacareo de tres gallinas que viven mascotas.
No están encerradas en un corral ni alejadas de la familia: entran a la casa, se suben a las sillas, acompañan a sus dueños y conviven en paz con un perro, un gato y dos conejos.
Es el hogar de María Alejandra Ulloa Madriz, una maestra de preescolar de 35 años, y su esposo Yordan Gómez, quienes han convertido su casa en un pequeño santuario animal.
“Es muy bonito tener gallinas de mascota. La gente cree que no, pero son muy sociables, entienden cuando uno les habla y hasta tienen sonidos para comunicarse entre ellas y con uno”, contó María Alejandra, quien tiene siete mascotas y desde hace dos años comparte su vida con Wanda, Machita y Miel.
El amor nació con Josefina
Este cariño con plumas no es nuevo. Todo comenzó con Josefina, una gallina que le regaló su abuelito y que marcó su vida.
“La crie desde pollita y ella no sabía que era gallina. Se comportaba como un perrito, se metía a la casa, me veía cocinar, andaba con los perros y los gatos y hasta se me subía en la cabeza”, recordó.
Josefina vivió cinco años, pero enfermó de forma repentina.
“Un día llegué del trabajo y la encontré que no podía respirar. La llevé al veterinario y me explicaron que había que dormirla. “Fue muy duro”, recordó.
Antes de su fallecimiento, María Alejandra había adoptado a Machita para que Josefina no estuviera sola y tras la pérdida, su papá y su abuelito le regalaron otras dos gallinas para acompañarla en el duelo.
Tres gallinas, tres personalidades
Cada gallina es distinta y tiene su propio carácter.
“Wanda es la más grande y la que manda. Cuando algo las asusta, las otras se van donde ella porque las cuida. Es como la líder del grupo”, explicó.
Machita, una gallinita jardinera adoptada en Callejeritos, es más tímida.
“Como estuvo unos meses sola, es reservada. Duerme dentro de la casa y es muy tranquila”, comentó.
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Miel, en cambio, es la exploradora.
“Es chiquitita, café con dorado, por eso se llama así. Le encanta buscar lugares nuevos y cuando encuentra algún bichito llama a las otras”.
Una casa donde todos conviven
Además de las gallinas, la familia convive con Brandy, un chihuahua de 10 años; Lita, una gata siamés de cuatro años; y dos conejitas llamadas Rowena y Brisa.
“Mi gata se crió desde bebé con Josefina y aprendió a respetar a las gallinas. Brandy es muy tranquilo, ya está mayor y está acostumbrado a compartir su espacio”, dice la mamá humana.
Para quienes visitan la casa, la escena es sorprendente.
“A la gente le parece raro ver gallinas con gatos, perros y conejos, pero aquí todos se llevan bien, se respetan y comparten”, aseguró.
Rutinas, cuidados y hasta huevitos
Tener tantas mascotas implica orden.
“Las gallinas se levantan a las 5 de la mañana, así que desde la noche anterior dejamos listas las comidas, el agua y todo.
“El patio tiene espacios para las conejas y para las gallinas y dentro de la casa quedan el perrito y la gatita”, nos afirma la brumosa.
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Las gallinas también ponen huevos, que ahora aprovechan.
“Al principio no nos los comíamos, pero como ellas comen tan bien, ahora sí aprovechamos esos huevitos tan buenos”, dijo entre risas.
Para María Alejandra, sus gallinas no son una rareza ni una moda.
“Me encanta compartir fotos de ellas y ver las cosas divertidas que hacen. Son parte de nuestra familia y llenan la casa de alegría”.
Cuidarlos muy bien
Tener gallinas y conejos como mascotas puede ser hermoso, pero requiere atención especial para que vivan sanos y felices.
Primero, hay que asegurarse de que cada especie tenga espacios adecuados y seguros: las gallinas necesitan un gallinero bien ventilado, seco y protegido de depredadores, mientras que los conejos ocupan un espacio grandecito donde puedan estirarse y hacer ejercicio sin riesgo de lesiones.
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Las gallinas crecen gorditas y bonitas con un alimento balanceado y agua limpia siempre disponible, y también disfrutan buscar insectos y pasto en el patio.
Los conejos, por su parte, necesitan una dieta alta en heno de buena calidad, verduras frescas y agua fresca cada día para mantener su sistema digestivo en buen estado.
Mantener áreas de alimentación separadas ayuda a evitar que coman algo que no es adecuado para su especie, ya que los conejos no deben comer alimento para aves.
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Además, una rutina de limpieza frecuente de sus espacios y la observación diaria de su comportamiento y apetito permite detectar problemas de salud a tiempo.
Finalmente, recuerde que tanto gallinas como conejos disfrutan de actividad y enriquecimiento: dejarles zonas para explorar, juguetes seguros y contacto respetuoso ayuda a que su vida sea más rica y plena.







