En una casa de Desamparados hay un rey gordito, dormilón, peludo y bastante exigente con las visitas: un conejo.
Tiene cuarto propio, baño privado y una familia que prácticamente gira alrededor suyo.
Su nombre es “Doctor Galleta con Queso García”, mejor conocido como Cookie y aunque parece un conejito común y corriente, terminó convirtiéndose en el apoyo emocional que ayudó a Darcia García a salir adelante en uno de los momentos más difíciles de su vida.
La joven, de 20 años, todavía recuerda todo lo que tuvo que pasar para adoptarlo. Lo curioso es que el principal obstáculo no fue el dinero ni el espacio, sino convencer al dueño anterior de que ella sí podía hacerse cargo de un conejo.
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“Yo estaba buscando por internet adopciones de conejitos y me encontré a un señor que estaba dando uno. Le escribí y él me empezó a decir que eso ocupaba mucha responsabilidad y todo eso.
“Como que no confiaba mucho en mí. Me hizo ir varias veces a San José y después me cancelaba. Luego me confesó que era porque yo me escuchaba como una chiquita de 12 años”, recordó entre risas.
Darcia explica que tuvo que convencerlo de que sí tenía la madurez suficiente para cuidar al animal.
“Yo le dije: ‘No, es que tengo 20 años, tengo trabajo, tengo patio grande y tengo casa’. Pero igual el señor seguía dudando. Al final mi papá tuvo que intervenir y decirle: ‘Es para adoptar un conejo, pero espero que no me quede mal como le quedó a mi hija’. Mi papá tiene una voz muy grave y el señor como que se asustó. Ahí sí dijo que estaba bien y me entregó al gordito”, contó.
Calvito y amor a primera vista
La escena de la entrega todavía le causa gracia. Cookie llegó dentro de una cajita y con una pequeña herida en la frente porque uno de sus hermanos lo había mordido.
“Parecía un conejito calvo porque tenía una parte peladita en la cabeza. Era demasiado chistoso. Desde que lo vi fue amor a primera vista”, recordó.
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Cookie tenía unos tres meses aproximadamente y desde entonces se convirtió en el rey absoluto de la casa.
Aunque mucha gente piensa que los conejos son animales simples o poco expresivos, Darcia asegura que son muchísimo más inteligentes de lo que se cree.
“El gordo tiene baño privado. Él sabe perfectamente dónde tiene que ir a orinar y hacer sus necesidades. Cuando está encima de mi cama y siente ganas de ir al baño, él mismo se baja y va directamente a su bañito. Nadie le enseñó, él aprendió solo”, explicó.
Pero además de inteligente, también es muy cariñoso.
“Yo me acuesto en el piso con él y siempre llega a chuparme la cara. Los conejos dan besitos así. Entonces me llena de besitos en las piernas, las manos, la cara. También es muy cariñoso con mis abuelos”, dijo.
Carácter complicadito
Cookie vive con Darcia y sus abuelos. Ahí es prácticamente el dueño de todo.
“Él es el rey de la casa”, dice ella entre risas.
Sin embargo, reconoce que tener un conejo no es tan sencillo.
“Nosotros creíamos que era un animal fácil de cuidar y nada que ver. Son delicados y muy complejos.
“Tener un conejo es como tener una persona con dos personalidades porque hay días en que se deja querer muchísimo y otros días no quiere ver a nadie”, asegura.
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El conejo, incluso, tiene comportamientos muy particulares con las visitas.
“Si no conoce a alguien, no se le acerca. Pero si ya ha visto varias veces a la persona, entonces sí se sube a la cama con ellos y les da besitos. A los niños pequeños les huye porque siente que son muy inquietos y que podrían hacerle daño sin querer”.
Cookie, además, tiene un carácter bastante tranquilo.
“Es superperezoso y dormilón. Él tiene cuarto propio y casi siempre pasa ahí descansando. A veces sale al patio, pero no mucho”.
Apoyo emocional que cambió una vida
Detrás de esta historia tierna también hay una lucha emocional muy fuerte. Darcia reconoce que buscó adoptar una mascota porque estaba pasando momentos complicados relacionados con depresión y ansiedad.
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“Nosotros estábamos pensando entre un gato o un conejo porque necesitaba apoyo emocional. Pero como la casa tiene un patio muy abierto, un gato se podía ir. Entonces escogimos un conejo”, recordó.
Con el tiempo, Cookie terminó convirtiéndose en mucho más que una mascota.
“Sí me ayudó muchísimo. Yo pensaba que no podía seguir adelante y al final él se volvió una responsabilidad bonita. Yo decía: ‘¿Qué va a pasar con él? ¿Quién lo va a cuidar?’. Entonces eso me ayudó demasiado a salir adelante”, confesó.
Eso sí, cuando ella sale de paseo, Cookie cambia completamente.
“Si yo no estoy, él casi no sale del cuarto. Mis abuelos lo cuidan y todo, pero él siente que su mamá no está en la casa”.
Al final, en medio de tantas historias duras que aparecen todos los días, Cookie se convirtió en una de esas pequeñas razones que recuerdan que a veces un animalito puede cambiarle completamente la vida a una persona.





