Hay corazones que se arreglan con medicamentos, otros con una operación y el de Walter Morales Zamora, conocido cariñosamente como “Cupido”, parece que, además, necesitaba una buena dosis de swing criollo.
Hace apenas dos meses, este reconocido y premiado bailarín costarricense pasó por una operación del corazón después de que una prueba de esfuerzo reveló que una de sus arterias coronarias estaba obstruida en un 99%.
Hoy, mientras sigue cumpliendo con sus ejercicios y controles de recuperación, Cupido tiene una noticia que alegra a todos los que lo conocen en los salones: “volví a bailar y me siento como un carajillo de 15 años. Estoy excelente”, contó entre risas cuando le preguntamos cómo se sentía después de la operación.
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Y no es una exageración. Antes de que los médicos le echaran mano al corazón, Cupido ya había comenzado a notar que algo no estaba bien. Le faltaba el aire y cada vez le costaba más terminar una pieza de baile.
Ahora la historia es otra
Apenas recibió autorización médica, Cupido regresó a una de las cosas que más ama en la vida: bailar. Incluso hace un par de semanas, recibió un homenaje en Salsa 54, donde grabaron un baile y terminó moviéndose durante aproximadamente dos horas.
¿Miedillo después de semejante operación? “Algo de temor, pero el baile, el swing criollo pudo más. Es que cuando yo bailo me olvido hasta de los miedos. El baile es parte de mi vida, es lo que soy, lo que he sido hace más de 50 años”.
Y es que hablar de Walter Morales sin hablar de swing criollo sería como poner una canción sin música. Para que el swing criollo agarre ritmo y conexión, hay que hablar con Cupido.
50 años después, la pasión sigue intacta
El propio Erick Madrigal Venegas, presidente de la Asociación Cultural del Swing y el Bolero Costarricenses, le dedicó una carta que resume perfectamente esa historia.
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“Cincuenta años de bailar swing y bolero criollo sin descanso, con pasión y orgullo. Desde 1975 cuando siendo un carajillo (de 15 años) entró al Happy Land (antiguo nombre de La Pista) en Tibás y vio a los bailarines de swing y bolero criollo de la primera generación, la generación de los 60; un flechazo traspasó su corazón y quedó cautivo para toda la vida”, escribió Madrigal.
La frase tiene todavía más fuerza ahora que Cupido acaba de pasar por una cirugía del corazón.
Pero el especialista en swing criollo quiso dejar claro que detrás del personaje conocido en la farándula hay un bailarín con cinco décadas de trayectoria, con una historia propia dentro de los salones.
“Es tu mismo estilo el que podemos ver en los pocos videos que se conservan de Los Piratas del Ritmo, cuando concursaste con Melba. Es el mismo que suena alto con tus gritos y loqueras cuando estamos bailando en el salón y la música nos inyecta”, escribió don Eric.
Él y Ligia Torijano, otra referente del swing criollo, fueron los modelos que aparecieron en la moneda de 100 colones que rindió homenaje a este baile tan costarricense.
Cupido tiene historias
Ha participado en concursos, ha ganado y también ha perdido, como ocurre en cualquier competencia. Pero para Erick, lo verdaderamente importante está en lo que ocurre cuando se apagan las rivalidades y comienza la música.
“En los salones, vos y cada uno de quienes bailamos swing y bolero criollo somos ganadores. Hemos ganado la experiencia de vivir y ser parte de una de las expresiones culturales populares más hermosas y satisfactorias de la identidad costarricense”, destacó.
Ahora Cupido disfruta esa experiencia con un corazón recién reparado y con una nueva visión.
“Durante la recuperación debo seguir una rutina de ejercicios y controles médicos, pero hasta en eso he encontrado una manera de disfrutar muy a mi estilo porque aunque usted no lo crea, los profesionales que me están ayudando en la recuperación me piden que les enseñe a bailar swing criollo”, dice con alegría y orgullo.
En la casa también hay una enorme red de apoyo: Cupido es papá de 11 hijos, siete de ellos son mujeres.
Ellos estuvieron pendientes después de la operación, especialmente porque su papá no es precisamente de los que se quedan quietos mucho tiempo.
Ahora, con el permiso de los médicos, volvió a los salones, aunque con el cuidado necesario después de una operación tan importante.
Así que, señoras y señores, parece que hay Cupido para rato.
Y como escribió Erick Madrigal al final de su carta: “Nos vemos por ahí, en los salones”.
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Y Cupido agrega: “Porque estoy seguro de que me moriré bailando en un salón de baile. La pista de baile es parte de mi vida. Si mi corazón deja de latir mientras bailo, téngalo por seguro que me voy muy feliz”.





