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Construcción de cohete costarricense le permite a una joven herediana mantener vivo el sueño de conquistar el espacio

Karina Artavia, de la UCR, trabaja en un proyecto para lanzar el cohete tico más grande de la historia

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A sus 20 años, Karina Artavia Calvo tiene la mirada puesta en el cielo… pero no por distraída, sino porque su sueño es ver despegar un cohete hecho por manos costarricenses.

La joven, vecina de Santo Domingo de Heredia y estudiante de segundo año de Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Costa Rica (UCR), se metió de lleno en el mundo aeroespacial casi por casualidad.

Hace poco descubrió el equipo de ingeniería espacial de la UCR y, cuando se abrió la puerta, no lo pensó dos veces.

A sus 20 años, Karina Artavia Calvo ya tiene la mirada puesta en el cielo… pero no por distraída, sino porque su sueño es ver despegar un cohete hecho por manos ticas.
Karina mantiene vivo su sueño aeroespacial con la construcción del cohete. (UCR/Cortesía)

“En el colegio siempre tuve un amor muy grande por la Ingeniería Aeroespacial”, contó Karina a La Teja. Aunque sabía que estudiar esa carrera tan especializada en el país es imposible porque no se imparte, nunca soltó esa espinita.

Cuando entró a la universidad sintió un gran dolor porque debía dejar ese sueño en pausa, pero la vida le tenía otra jugada: ahora combina la ingeniería eléctrica con su pasión por los cohetes.

Karina forma parte del equipo que desarrolla un cohete de aproximadamente 2,5 metros de altura y 3 pulgadas de diámetro, impulsado con combustible sólido. El proyecto ya camina firme: llevan cerca de un año de trabajo y el avance ronda el 65%.

A sus 20 años, Karina Artavia Calvo ya tiene la mirada puesta en el cielo… pero no por distraída, sino porque su sueño es ver despegar un cohete hecho por manos ticas.
La herediana le pone bonito a la construcción del cohete. Aquí la vemos cortando un tubo. (UCR/Cortesía)

“Lo más difícil fue empezar de cero”, explicó la estudiante. De hecho, el grupo ya logró tres pruebas exitosas del primer motor 100% diseñado y creado por estudiantes costarricenses.

El objetivo no es cualquier cosa: quieren poner a Costa Rica en el mapa de la cohetería internacional y convertirse en pioneros en Centroamérica.

Este esfuerzo (que realizan prácticamente por amor al arte, además de sus clases), busca que el cohete en construcción pueda transportar carga útil y alcanzar primero un kilómetro de altura, luego tres, y seguir estirando los límites en futuras etapas.

El equipo se prepara para competir en noviembre en el Reto Espacial de Latinoamérica (LASC, por sus siglas en inglés), una especie de “Copa América de la cohetería” que se realizará en Brasil. Hablamos de una muy importante competencia experimental de ingeniería de cohetes y satélites en la región latinoamericana, celebrada en Brasil desde 2019 y que para este 2026 será en el mes de noviembre.

A sus 20 años, Karina Artavia Calvo ya tiene la mirada puesta en el cielo… pero no por distraída, sino porque su sueño es ver despegar un cohete hecho por manos ticas.
Ricardo Salas (izquierda), Karina (centro) y María Celeste Chinchilla, trabajan en el cohete en la UCR. (UCR/Cortesía)

Ahí no solo se trata de lanzar por lanzar. Los jueces miden parámetros como el apogeo (la altura máxima), la precisión del aterrizaje y la capacidad de carga útil, que en este caso ronda, aproximadamente, el tamaño de tres cubos Rubik (10x10x10 centímetros).

Karina lo tiene clarísimo: “Vamos con la intención de ganar”. Y razones no les faltan. Según ella, nunca en la historia de Centroamérica un equipo universitario ha llevado a competir un cohete de este tamaño.

De acuerdo con información de la UCR, el grupo universitario Crater impulsa una investigación en ingeniería aeroespacial que busca concretar un hito para el país: fabricar el cohete de propulsión sólida más grande y potente de su tipo lanzado en Costa Rica.

La iniciativa no solo tiene un componente académico, sino también estratégico, pues el equipo busca alianzas y apoyo para hacer posible el proyecto y fortalecer el desarrollo aeroespacial nacional.

El trabajo involucra diseño, manufactura, pruebas y gestión de permisos, un proceso complejo que normalmente requiere años de experiencia y recursos especializados.

A sus 20 años, Karina Artavia Calvo ya tiene la mirada puesta en el cielo… pero no por distraída, sino porque su sueño es ver despegar un cohete hecho por manos ticas.
José Andrés Morales y María Celeste Chichilla también son parte del equipo que hará el primer cohete de Centroamérica. (UCR/Cortesía)

Para la universidad, este tipo de proyectos permite que los estudiantes se metan de lleno en investigación aplicada de alto nivel y que el país dé pasos firmes en áreas tecnológicas de frontera.

“Crater está buscando socios estratégicos que les apoyen para el lanzamiento del proyecto Miravalles, el cual consiste en un cohete de propulsión sólida con un tamaño entre los 2 y 3 metros, que busca alcanzar una altura de 1000 metros con una carga útil de 1 kilogramo.

“La carga del cohete está conformada por un grupo de cianobacterias, mediante el cual se pretende demostrar el impacto que sufrirá estas ante las condiciones de vuelo y evaluar la tasa de supervivencia de estos organismos”, explica la UCR.

“Ya estamos bastante avanzados en la fase de diseño del cohete, pero le pedimos a todas las personas que quieran sumarse que nos apoyen para hacer este sueño posible.

A sus 20 años, Karina Artavia Calvo ya tiene la mirada puesta en el cielo… pero no por distraída, sino porque su sueño es ver despegar un cohete hecho por manos ticas.
Karina es egresada del Colegio Vilaseca de Heredia. (UCR/Cortesía)

“Nuestra misión siempre ha sido y será la de impulsar la innovación aeroespacial en Costa Rica, la investigación aplicada y consolidar un entorno colaborativo que contribuya al establecimiento de una base sólida en estos temas del espacio”, dice la estudiante.

Mientras tanto, Karina sigue con los pies en la tierra… pero el corazón en el espacio.

Nunca imaginó terminar en un equipo de cohetería, pero hoy está convencida de que tomó el camino correcto. Y aunque por ahora estudia Ingeniería Eléctrica, no descarta que en el futuro su ruta profesional se acerque todavía más a la ingeniería aeroespacial.

A sus 20 años, Karina Artavia Calvo ya tiene la mirada puesta en el cielo… pero no por distraída, sino porque su sueño es ver despegar un cohete hecho por manos ticas.
El equipo de estudiantes de la UCR se preparan para la "Copa América" que será en Brasil. (UCR/Cortesía)

Si todo sale como lo planean, el rugido de ese cohete no solo marcará un lanzamiento más. Podría ser el sonido de Costa Rica entrando, de nuevo, por la puerta grande, a la carrera espacial.

A sus 20 años, Karina Artavia Calvo ya tiene la mirada puesta en el cielo… pero no por distraída, sino porque su sueño es ver despegar un cohete hecho por manos ticas.
Ricardo Salas escucha a Karina durante la afinación de detalles del cohete. (UCR/Cortesía)
A sus 20 años, Karina Artavia Calvo ya tiene la mirada puesta en el cielo… pero no por distraída, sino porque su sueño es ver despegar un cohete hecho por manos ticas.
Karina está muy feliz porque el cohete la mantiene con el sueño aeroespacial. (UCR/Cortesía)
Eduardo Vega

Eduardo Vega

Periodista desde 1994. Bachiller en Análisis de Sistemas de la Universidad Federada y egresado del posgrado en Comunicación de la UCR. Periodista del Año de La Teja en el 2017. Cubrió la Copa del Mundo Sub-20 de la FIFA en el 2001 en Argentina; la Copa del Mundo Mayor de la FIFA del 2010 en Sudáfrica; Copa de Oro en el 2007.

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