A sus 20 años, Karina Artavia Calvo tiene la mirada puesta en el cielo… pero no por distraída, sino porque su sueño es ver despegar un cohete hecho por manos costarricenses.
La joven, vecina de Santo Domingo de Heredia y estudiante de segundo año de Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Costa Rica (UCR), se metió de lleno en el mundo aeroespacial casi por casualidad.
Hace poco descubrió el equipo de ingeniería espacial de la UCR y, cuando se abrió la puerta, no lo pensó dos veces.
“En el colegio siempre tuve un amor muy grande por la Ingeniería Aeroespacial”, contó Karina a La Teja. Aunque sabía que estudiar esa carrera tan especializada en el país es imposible porque no se imparte, nunca soltó esa espinita.
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Cuando entró a la universidad sintió un gran dolor porque debía dejar ese sueño en pausa, pero la vida le tenía otra jugada: ahora combina la ingeniería eléctrica con su pasión por los cohetes.
Sueño que despega
Karina forma parte del equipo que desarrolla un cohete de aproximadamente 2,5 metros de altura y 3 pulgadas de diámetro, impulsado con combustible sólido. El proyecto ya camina firme: llevan cerca de un año de trabajo y el avance ronda el 65%.
“Lo más difícil fue empezar de cero”, explicó la estudiante. De hecho, el grupo ya logró tres pruebas exitosas del primer motor 100% diseñado y creado por estudiantes costarricenses.
El objetivo no es cualquier cosa: quieren poner a Costa Rica en el mapa de la cohetería internacional y convertirse en pioneros en Centroamérica.
Este esfuerzo (que realizan prácticamente por amor al arte, además de sus clases), busca que el cohete en construcción pueda transportar carga útil y alcanzar primero un kilómetro de altura, luego tres, y seguir estirando los límites en futuras etapas.
“Copa América” brasileña
El equipo se prepara para competir en noviembre en el Reto Espacial de Latinoamérica (LASC, por sus siglas en inglés), una especie de “Copa América de la cohetería” que se realizará en Brasil. Hablamos de una muy importante competencia experimental de ingeniería de cohetes y satélites en la región latinoamericana, celebrada en Brasil desde 2019 y que para este 2026 será en el mes de noviembre.
Ahí no solo se trata de lanzar por lanzar. Los jueces miden parámetros como el apogeo (la altura máxima), la precisión del aterrizaje y la capacidad de carga útil, que en este caso ronda, aproximadamente, el tamaño de tres cubos Rubik (10x10x10 centímetros).
Karina lo tiene clarísimo: “Vamos con la intención de ganar”. Y razones no les faltan. Según ella, nunca en la historia de Centroamérica un equipo universitario ha llevado a competir un cohete de este tamaño.
Proyecto país
De acuerdo con información de la UCR, el grupo universitario Crater impulsa una investigación en ingeniería aeroespacial que busca concretar un hito para el país: fabricar el cohete de propulsión sólida más grande y potente de su tipo lanzado en Costa Rica.
La iniciativa no solo tiene un componente académico, sino también estratégico, pues el equipo busca alianzas y apoyo para hacer posible el proyecto y fortalecer el desarrollo aeroespacial nacional.
El trabajo involucra diseño, manufactura, pruebas y gestión de permisos, un proceso complejo que normalmente requiere años de experiencia y recursos especializados.
Para la universidad, este tipo de proyectos permite que los estudiantes se metan de lleno en investigación aplicada de alto nivel y que el país dé pasos firmes en áreas tecnológicas de frontera.
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“Crater está buscando socios estratégicos que les apoyen para el lanzamiento del proyecto Miravalles, el cual consiste en un cohete de propulsión sólida con un tamaño entre los 2 y 3 metros, que busca alcanzar una altura de 1000 metros con una carga útil de 1 kilogramo.
“La carga del cohete está conformada por un grupo de cianobacterias, mediante el cual se pretende demostrar el impacto que sufrirá estas ante las condiciones de vuelo y evaluar la tasa de supervivencia de estos organismos”, explica la UCR.
“Ya estamos bastante avanzados en la fase de diseño del cohete, pero le pedimos a todas las personas que quieran sumarse que nos apoyen para hacer este sueño posible.
“Nuestra misión siempre ha sido y será la de impulsar la innovación aeroespacial en Costa Rica, la investigación aplicada y consolidar un entorno colaborativo que contribuya al establecimiento de una base sólida en estos temas del espacio”, dice la estudiante.
El cielo ya no es el límite
Mientras tanto, Karina sigue con los pies en la tierra… pero el corazón en el espacio.
Nunca imaginó terminar en un equipo de cohetería, pero hoy está convencida de que tomó el camino correcto. Y aunque por ahora estudia Ingeniería Eléctrica, no descarta que en el futuro su ruta profesional se acerque todavía más a la ingeniería aeroespacial.
Si todo sale como lo planean, el rugido de ese cohete no solo marcará un lanzamiento más. Podría ser el sonido de Costa Rica entrando, de nuevo, por la puerta grande, a la carrera espacial.








