Aldo Blando Serrano, vecino de Barrio Córdoba, San José, tenía una vida que muchos conocen bien: trabajaba en un call center, había dejado la universidad y sentía que su futuro estaba prácticamente definido contestando cientos de llamadas al día.
“Yo me frustraba mucho; ya con 28 años pensaba que mi vida iba a ser esa, contestar llamadas para siempre. Sentía que estaba estancado, que no estaba avanzando y eso me golpeaba mucho”, recordó.
Su historia empezó a cambiar en el 2015, cuando viajó a España para ver a su mamá, quien atravesaba una enfermedad. Ese viaje no solo fue emocionalmente fuerte, también le abrió los ojos.
“Volví a Costa Rica y dije: ya no quiero esto, pero no sabía qué hacer. No tenía ahorros, no había terminado la U, estaba completamente perdido y con mucha incertidumbre”, contó.
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El primer paso que lo cambió todo
Un amigo le habló del buceo y le abrió una puerta inesperada. Viajó a Baja California, en México, donde recibió su primer curso Open Water. Fue suficiente para que algo hiciera clic en su vida.
“El buceo me cambió el punto de vista de toda mi vida. Yo decía: ‘¿Cómo puede ser que algo tan bonito lo paguen?’. Ahí entendí que esto no era solo un pasatiempo, que podía convertirse en mi futuro si me lo tomaba en serio”, aseguró.
Pero la realidad lo golpeó rápido. Se quedó sin dinero y tuvo que devolverse a Costa Rica. “Sin experiencia, me tocó trabajar en un bar; después volví a call center. Era duro porque ya había probado algo diferente y volver atrás no era fácil, pero sabía que era parte del proceso”, explicó.
Vendió todo y se fue sin red de seguridad
En 2017 tomó la decisión más arriesgada de su vida: apostarlo todo a una sola carta. “Vendí todo, la moto, mis cosas, todo lo que tenía. Me fui con una mentalidad de que no podía fallar. Iba con miedo, claro, desde el avión uno siente ese temor de no saber si le va a ir bien o mal, si está tomando la decisión correcta”, recordó.
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Incluso pensó en el peor escenario. “Yo decía: si me gasto la plata del vuelo de regreso y me va mal, ¿cómo me devuelvo? ¿Qué hago si todo sale mal? Pero aun así me fui. No había vuelta atrás, era todo o nada”.
Llegó a España, a una zona entre Alicante y Valencia, sin mucha experiencia, pero con una determinación total.
“Fue durísimo, el trabajo era pesado, pero el ambiente era muy bueno y aprendí demasiado. Pasábamos todo el día en el agua, buceando. Yo iba con todo, sin darme espacio para fallar, porque sabía lo que me había costado llegar ahí”.
De trabajar gratis a vivir el sueño
El esfuerzo empezó a rendir frutos. Tras meses de trabajo intenso y sin paga, lo seleccionaron para continuar ya como profesional.
“Arranqué el 2018 ya con salario. Ese fue un momento clave, porque por primera vez sentí estabilidad haciendo algo que realmente me gustaba. Jamás imaginé cuando estaba en el call center que iba a terminar viviendo de esto”.
A partir de ahí, su carrera despegó: trabajó en México, luego en Indonesia y dio un salto enorme al llegar a uno de los barcos de buceo más lujosos del mundo.
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“Cuando me contrataron en el Arenui, eso ya era otro nivel, eso es como que a un futbolista lo fiche el Real Madrid. Ahí entendí que todo el esfuerzo había valido la pena porque ahora le enseño buceo a grandes millonarios del planeta”, afirmó.
Vive mejor y recorre el mundo
Actualmente, Aldo vive en Fiji, donde es gerente en uno de los centros de buceo más importantes de la zona y trabaja con clientes de alto nivel económico.
“¿Si gano lo mismo que en call center? Jamás. Se gana mucho mejor, hay estabilidad y uno ya gana como profesional. Esto me cambió la vida completamente, en todos los sentidos”, aseguró.
Además, ha viajado por distintos países, algo que antes veía como un sueño lejano. “Mi sueño era montarme en un avión y salir del país. Ahora paso montado en aviones constantemente, conociendo lugares que nunca imaginé que iba a ver”.
No todo ha sido fácil
El camino también ha tenido momentos difíciles, incluso de salud.
“Tuve una enfermedad descompresiva cuando empezaba y estuve tres días en una cámara hiperbárica. Ahí uno entiende que el buceo es muy bonito, pero también es algo serio que hay que hacer bien y con responsabilidad”, explicó.
También ha buscado devolver algo de lo que ha recibido. “Trabajé con una ONG en Osa, allá en Costa Rica, en conservación de corales. Fue una forma de agradecer todo lo que el mar me ha dado y de aportar un granito de arena”.
Hay un mensaje para los que quieren cambiar de vida; asegura que el primer paso es el más difícil, pero también el más importante.
“Lo primero es animarse. Yo sé que da miedo salir de la zona de confort, pero hay que hacerlo. Si uno no lo intenta, nunca va a saber qué puede pasar”, dijo.
Y deja claro que no basta con soñar. “El segundo paso es esforzarse muchísimo, llegar a trabajar con todo para que vean que usted vale. Hay que demostrar con trabajo, con actitud, con ganas”.
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Su historia la resume sin rodeos: “Yo me fui sin derecho a fallar, a darlo todo… y gracias a eso hoy estoy donde estoy”.







